Los inmigrantes en EEUU sufren secuelas del 11-S

   
07 de septiembre de 2006

Washington - A cinco años de los atentados del 11-S, el Gobierno de Washington ha reestructurado e incrementado todos los controles migratorios hasta convertir en una pesadilla el ingreso en EEUU, pero muchos dudan de su eficacia contra el terrorismo.


La lucha global contra el terrorismo que arrancó en EEUU tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, en los que murieron unas 3.000 personas, desató también en este país una "guerra cultural" sin precedentes en la que, para los conservadores más acérrimos, los inmigrantes son sinónimo de terroristas.

Así, en aras de la seguridad nacional, el Gobierno estadounidense ha incrementado la vigilancia y las restricciones para los visados de quienes entran en el país como estudiantes, académicos, turistas o empresarios.

Poco después de los atentados, la Casa Blanca obligó a unos 80.000 inmigrantes, la mayoría de países árabes y musulmanes, a registrarse ante las autoridades migratorias. De esos, 14.000 fueron deportados.

Esa medida fue suspendida, pero otras, incluso más extremas, tomaron su lugar.

El Departamento de Justicia ha emitido una "hoja de datos" en la que destaca sus logros antiterroristas, mediante nuevos medios policiales, entre ellos la llamada "Ley Patriota".

La "Ley Patriota", renovada por el Congreso tras un agitado debate, convirtió a EEUU en una verdadera fortaleza al imponer mayores restricciones para la emisión de visados, un sistema de rastreo computerizado de los estudiantes extranjeros conocido como "SEVIS" y una mayor vigilancia en los puertos de entrada.

Esa ley ha tenido un impacto cultural y económico, por ejemplo, en los recintos universitarios de EEUU.

Según la Alianza para el Intercambio Cultural y Educacional (AIECE), el número de visados para estudiantes se redujo un 27 por ciento de 2001 a 2003 (293.357 y 214.331, respectivamente).

La frontera sur se ha convertido en la "zona cero" de la lucha antiterrorista, y, escuchando a quienes exigen un mayor combate a la inmigración ilegal, EEUU también envió a esa zona a 6.000 soldados de la Guardia Nacional que en los próximos dos años complementarán las tareas de la Patrulla Fronteriza.

Temiendo la entrada de posibles terroristas, el Gobierno de Washington, además, puso en marcha un programa que ficha las entradas y salidas de todos los visitantes extranjeros, quienes deben registrar sus huellas digitales y otros datos biométricos.

Mientras, a falta de una reforma migratoria integral, los gobiernos estatales han aprobado en 2006 leyes dirigidas sobre todo contra los inmigrantes indocumentados, entre ellas la prohibición de licencias de conducir.

Ahora sólo diez estados otorgan licencias de conducir sin que el solicitante tenga que demostrar un estatus de legalidad en el país.

Según la Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales, más de 30 estados de la nación han aprobado al menos 57 leyes que prohíben la contratación de inmigrantes indocumentados o su acceso a una amplia gama de servicios sociales.

Aunque el director de la Oficina de Servicios de Inmigración y Ciudadanía, Emilio González, afirma que EEUU no ha retirado su letrero de bienvenida a los visitantes, persiste la idea de que los inmigrantes son el blanco predilecto de las autoridades, según expertos consultados por Efe.

"Desde el 11-S, EEUU afronta el reto de encontrar un equilibrio entre la necesidad de proteger el territorio y la meta de conservar su imagen como una nación que acoge a los inmigrantes", dijo Marshall Fitz, analista de la Asociación Estadounidense de Abogados de Inmigración (AILA).

"Ahora, todo lo ven desde el prisma de la seguridad nacional, y en la búsqueda de ese equilibrio corremos el riesgo de ser vistos como un país intolerante", agregó.

Por su parte, Rinku Sen, directora ejecutiva del "Applied Research Center", que estudia asuntos relacionados con el racismo en EEUU, afirmó que "todavía hay un clima de persecución y de miedo entre los inmigrantes, a quienes se les ve con sospecha".

"Los grupos de derecha han aprovechado este debate (sobre seguridad nacional) para meterle miedo a la gente, y, con franqueza, es un esfuerzo para que EEUU siga siendo un país de mayoría blanca", enfatizó.

Ana Solo Gutiérrez, delegada demócrata de la asamblea estatal de Maryland, lo resumió así: "este nuevo enfoque en la seguridad nacional ha desatado una ola de hispanofobia en EEUU y ha creado un ambiente muy negativo en la vida diaria de los inmigrantes". EFE