El terrorismo marcará
el legado de George Bush

   

09 de septiembre de 2006

Washington - Los atentados del 11-S marcaron como ningún otro acontecimiento el mandato de George W. Bush, inmerso desde entonces en una campaña mesiánica de transformación de Oriente Medio que para bien o para mal se convertirá en su legado histórico.

"El 11-S dotó el mandato de Bush con un sentido de misión", dijo a Efe Bruce Newman, profesor de la Universidad DePaul (Chicago) y autor de varios libros sobre mercadotecnia política y la presidencia de EEUU, quien cree que desde entonces Bush se ve a sí mismo como "el líder del mundo libre".

El proyecto de democratización forzosa de las naciones árabes que EEUU arrancó tras el 11-S gozó en un primer momento del apoyo popular en un país conmocionado por los atentados terroristas de septiembre de 2001 que costaron la vida a unas 3.000 personas.

Pero la mala marcha de la guerra en Irak y los interrogantes sobre los verdaderos motivos del lanzamiento de la ofensiva han erosionado la popularidad de Bush entre sus compatriotas, que cuestionan cada vez más la honestidad del hombre que dirige EEUU.

En ese sentido, las encuestas del Centro de Investigación Pew muestran que antes de las elecciones de 2004 la palabra más utilizada para definir a Bush era "honesto". Dos años, una guerra y un huracán más tarde, el término más empleado es "incompetente".

"El supuesto vínculo entre Irak y los atentados de septiembre de 2001 está cada vez más en entredicho", destaca Newman, quien cree que interrogantes como ese han deslegitimado la invasión de Irak por tropas estadounidenses y mermado la credibilidad de Bush.

En medio de esa tormenta política, Bush y sus asesores han optado por cambiar de estrategia, al preferir un discurso que busca dotar de perspectiva histórica la guerra en Irak y la campaña más amplia para la transformación de Oriente Medio.
Donald Runsfeld.

El discurso pronunciado por Bush en Salt Lake City (Utah) a finales de agosto es una buena muestra de las que Newman describe como "técnicas persuasivas".

En ese discurso, Bush comparó a los radicales islámicos con los fascistas, los nazis, los comunistas y "otros totalitarios", y señaló que la guerra contra esos grupos es la "batalla ideológica decisiva del siglo XXI".

Avisó también a los que ya están cansados de batallas, que esta será una "guerra larga", en la que se enfrentan los que creen en los valores de la "libertad y la moderación" contra los que se rigen por los valores de "la tiranía y el extremismo" y por el derecho "a imponer su visión fanática sobre los demás".

Esas palabras no vencen el escepticismo del profesor de Chicago, quien insiste en que lo único que quiere la Casa Blanca es controlar los recursos petroleros de Oriente Medio.

Otros expertos, por el contrario, creen en las buenas intenciones de Bush, aunque dudan de que el método elegido sea el adecuado.

"Impulsar la democracia mediante invasiones y ocupaciones no es una buena estrategia", dijo a Efe David Shanzer, director del Centro sobre Terrorismo de la Universidad de Duke, quien piensa que Bush es "sincero" en su intento de tratar de encontrar una solución al fundamentalismo islámico.

A la espera de que la historia juzgue las decisiones de Bush y sus asesores, distintos analistas hacen hincapié en que de momento la estrategia no ha hecho mas que empeorar las cosas.


Condoleezza Rice

"La guerra en Irak ha agravado el problema terrorista y el reclutamiento de terroristas", declaró a Efe Michael Traugott, profesor de la Universidad de Michigan.

Traugott dice que Bush no será capaz de recuperarse de las consecuencias negativas de la guerra en Irak en los dos años que le quedan de mandato, y adelanta que el actual inquilino de la Casa Blanca será juzgado por su decisión de emprender esa campaña.

"El deterioro de las relaciones con sus aliados, sobre todo los europeos, por los desacuerdos sobre Irak y el trato dado a los prisioneros de guerra serán el principal legado de la presidencia de Bush", vaticina Traugott. EFE