SALUD

Una “pirámide nutricional”
a la medida de los niños

   
  • Un balance apropiado de alimentos debe servir para evitar excesos, como la ingesta poco controlada de carbohidratos.
23 de septiembre de 2006

Es muy común oír o leer de la llamada “pirámide nutricional”, pero no lo es tanto saber que hay múltiples variantes de ella, y que los especialistas recomiendan hoy saber adaptarla a las condiciones particulares de cada persona, algo especialmente importante cuando se habla de la nutrición infantil.


Aunque una “pirámide” es una guía nutricional de clasificación de alimentos, cada vez con mayor frecuencia se la utiliza para aprender a servir porciones adecuadas.

“Hay nuevas interpretaciones a la pirámide nutricional, y hay que saber cómo adaptarlas de la mejor manera para influir favorablemente en la dieta de los niños, sobre todo aquellos que no comen bien”, comentó Hellen Quesada, nutricionista de Abbott Laboratorios.

Las tendencias actuales en nutrición recomiendan inculcarle a los pequeños la preferencia por alimentos naturales y balanceados. Las comidas rápidas, condimentadas o golosinas pueden ingerirse, pero ocasionalmente, y es fundamental que los pequeños no las perciban como algo especial o como un premio.

Los padres deben saber reconocer las diferencias que existen entre su dieta y la de los niños, y que los parámetros que utilizan para ellos no son los mismos que los de sus hijos.

“Es común en un hogar que se recarguen más los carbohidratos en la dieta del adulto, y que el plato del niño siga el mismo camino; en nuestra región el consumo de frutas y vegetales es muy bajo y no siempre hay ensaladas presentes en los platos”, indicó la especialista.

El tamaño de las porciones es también importante. Hay que darle al niño pequeño una cantidad pequeña en un plato adecuado a su tamaño, y no una cantidad grande o para un adulto, porque eso puede inducirlo a que lo rechace.

La educación nutricional enfatiza en la necesidad de dar a las personas elementos que le permitan hacer una mejor selección y preparación de los alimentos que tienen disponibles.

La clasificación de alimentos por grupos de acuerdo con sus características nutricionales, disponibilidad local y hábitos alimentarlos es una estrategia que los nutricionistas usan desde hace muchos años.

Aunque la tendencia de agrupar los alimentos en tres o cuatro grupos básicos está fuertemente arraigada, y se ve estimulada por la necesidad de ubicarlos en algún lugar de los alimentos comunes de la dieta, hay múltiples clasificaciones usadas en diversos países.

Por ejemplo, existe "la pirámide nutricional" de los Estados Unidos, la "olla de alimentos" de Guatemala, "el círculo de alimentos de Inglaterra", el “plato alimentario” en Costa Rica, los grupos básicos de Canadá, entre otros.

Tradicionalmente se han agrupado los alimentos tomando en cuenta el aporte nutricional (macro y micronutrientes). Sin embargo, esta clasificación hace que el consumidor tenga una idea muy general acerca de las cualidades de los productos alimenticios.

Las agrupaciones de alimentos han sido diseñadas tomando en cuenta necesidades particulares de las poblaciones. Principalmente en las decisiones de agrupación de alimentos, se considera el perfil epidemiológico, el patrón alimentarlo y la disponibilidad de alimentos.

La versión más novedosa en esta tendencia fue introducida recientemente por el Departamentos de Agricultura de Estados Unidos, que para estar a tono con las nuevas necesidades nutricionales. Su “pirámide” distribuye los alimentos no en franjas horizontales sino verticales, para darle igual importancia a cada grupo.

“Hay cambios muy interesantes, como dividir los cereales y carbohidratos según sean refinados o integrales, y establece que no todas las grasas son inconvenientes para la dieta, sino que hay un tipo saludable cuyo consumo debe fomentarse”, comentó la nutricionista Quesada.

La “pirámide”, además, incorpora el ejercicio como uno de los elementos a tomar en cuenta, y es posible personalizarla por sexo y, especialmente, por edad, por lo que puede convertirse en un instrumento útil para adaptar la dieta a las necesidades de los niños, sobre todo aquellos que no comen bien y para los cuales existen diversos recursos.

La ayuda de un profesional, pediatra o nutricionista, es esencial para determinar las opciones más adecuadas que les ayuden a mejorar su nutrición.