30 de abril de 2007
Redacción Proceso Digital
  • Su gabinete, su partido y su bancada parecen no responder a su liderazgo
  • Recursos de la Condonación para financiar ERP se convertirían en un "Mitch II"
  • La soledad presidencial comienza a pasarle factura

Tegucigalpa - El presidente Manuel Zelaya rápidamente va perdiendo contacto con la realidad, como le ocurre a la mayoría de los gobernantes en sus últimas etapas, y no ha llegado siquiera al año y medio de gestión, ya que apenas tiene 15 meses de estar instalado en el Altar Q de Palacio.

Desde el inicio de su gestión se ha visto a Zelaya operando solo, pero debido más al protagonismo que ejerce su investidura, que al hecho de no contar con los apoyos que todo gobernante necesita para impulsar su mandato.

Pero ahora se ve a un Presidente que al parecer no tiene la brújula para conducir al país en lo que resta de su mandato, dos años y nueve meses, sin contar con un cohesionado equipo de gobierno, un partido a su lado, una bancada parlamentaria presta a aprobarle las iniciativas legislativas, además de los necesarios apoyos en los sectores laborales, empresariales y otros.

El fin de semana el mismo presidente Zelaya lanzó una proyección de lo solo que está o se siente cuando se comparó con la divina figura de Jesucristo, que como sabemos fue abandonado y crucificado solo, sin que sus seguidores y apóstoles intercedieran ante las autoridades religiosas judías y de ocupación de Roma.

“Hoy están queriendo crucificarme como cuando, en tiempos de Poncio Pilatos, el pueblo pidió que liberaran a Barrabás y crucificaran al Redentor del Mundo”, fue la frase que dijo Zelaya durante la inauguración de inicio de obras del centro regional de Teletón en Olancho.

El mandatario se quejó que ha colaborado con los taxistas, a quienes les ha ayudado con subsidios y becas para sus hijos, según reconoció.

También volvió a sacar a colación su favorita queja que los grupos económicos y políticos lo enfrentan por sus decisiones, aunque como es tradición no los identifica por sus nombres o rubros.
Se lamentó que en sus 15 meses de Presidencia sólo ha dicho y hecho las cosas como son, por ello se ha granjeado la animadversión de los poderosos.

Apoyo
El presidente deberá hacer esfuerzos adicionales para reorientar la conducción de la nave del gobierno, a fin que Honduras no sufra por la parálisis pública o lo que es peor la descoordinación entre todos los funcionarios.

Una revisión ligera de su gabinete se observa que los mismos no reman en la misma dirección y que falta una figura o institución que coordine el aparato del Estado, tanto en el gobierno central como en las instituciones descentralizadas.

El equipo agrícola se encuentra enfrentado entre sí, ya que el titular de Banadesa, José Segovia, polemiza a diario con su par de Banhprovi, Julio Quintanilla, y el titular de la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG), Héctor Hernández, critica a ambos.

En el Gabinete Económico tampoco existe la cercanía que se requiere, aunque justo es decirlo que no hay enfrentamientos abiertos entre sus tres principales figuras.

El ministro de la Presidencia y coordinador del Gabinete Económico, Yani Rosenthal, no transmite a la comunidad empresarial y agentes económicos el optimismo de que el país avanza y más bien limita sus apariciones a tal grado que en Casa Presidencial el asesor jurídico Enrique Flores Lanza tiene mayor presencia mediática y protagonismo.

Gabriela Núñez y Rebeca Santos no han logrado convencer al Fondo Monetario Internacional (FMI) que las crisis financieras de la ENEE y Hondutel no representan una amenaza grave a la economía nacional a corto plazo, como tampoco han ejercido la influencia del caso ante el presidente Zelaya de la urgencia de contener el gasto público y reorientar el existente a mejorar la actividad productiva.

El FMI ha lanzado una serie de advertencias al gobierno en cuanto al manejo de la economía y parece que los ahorros producto de la disciplina fiscal del ex presidente Ricardo Maduro se están agotando.

ERP, un Mitch II
La preocupación en diversos sectores, empresariales y de estudios como el Fosdeh, es que no se están aprovechando adecuadamente los recursos de la condonación de la deuda externa y el temor es que los mismos utilizados en la Estrategia de la Reducción de la Pobreza (ERP) se conviertan en un MitchII.

Los recursos que la comunidad internacional se comprometió a otorgar a Honduras para reconstruir tras los desastres provocados por el huracán Mitch en 1998 fueron de más de 2,000 millones de dólares.

Los mismos comenzaron a fluir luego del Compromiso de Estocolmo, por la capital sueca donde se realizó la conferencia internacional de donantes en 1999, y el objetivo es que emergiera una nueva Honduras, donde no solo se reconstruyera, sino que se transformara.
Pero las divisas estadounidenses, europeas y asiáticas comenzaron a fluir, aunque al final Honduras no logró despegar y más bien se acogió y concretó el perdón de deudas bajo la Iniciativa de Países Pobres Altamente Endeudados.

Al final, las condonaciones de deuda superan los 3,000 millones de dólares, tras los logros del ex presidente Maduro ante el Club de París, FMI, Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que en el mandato del presidente Zelaya aprobó finalmente el perdón de la deuda.

Pero de la alegría por la condonación de la deuda y la utilización de los recursos dejados de pagar para financiar la ERP , viene la preocupación y el peligro que sea otra oportunidad perdida y lo que es peor utilizado para malgastar o desviar los recursos.

Un "Mitch II" se llamaría al uso de los recursos de la ERP , pero que los mismos no sirvan para realmente lograr reducir la pobreza y que los fondos sirvan para aliviarle la carga a los pobres.

Un informe de la Cooperación Sueca destaca que no se han utilizado adecuadamente.

Mientras el organismo especializado del Foro Social de la Deuda Externa (Fosdeh) divulgó recientemente que sólo el gobierno central gasta diariamente 95.3 millones de lempiras, sin que hasta el momento haya evidencia alguna que la pobreza se ha reducido o que la población tenga acceso a más educación, salud o seguridad.

Por ello se llama a evitar un "Mitch II" y a que el presidente Zelaya de un golpe de timón a su gestión.