El pontífice
alemán de 78 años, conocido como un guardián
ferviente de la fe, asumió formalmente su papado el domingo.
Aún no queda claro si intenta producir cambios importantes
o servir, en cambio, como una figura de transición después
del largo pontificado de 26 años de Juan Pablo II.
Aquellos
que conocen al ex cardenal Joseph Ratzinger sostienen que no tomará
sus decisiones pensando en complacer a las masas.
"Nunca
ha buscado popularidad", declaró a la televisión
estatal italiana el arzobispo Diarmuid Martin, que pasó
años en el Vaticano antes de ser transferido a Dublin,
Irlanda.
"Esto
lo deja con libertad para buscar las verdades tal como él
las ve", sostuvo.
Como
titular de la poderosa Congregación para la Doctrina de
la Fe durante más de dos décadas, el nuevo Papa
desempeñó un papel importante en la política
del Vaticano bajo el papado de Juan Pablo.
Algunas
claves sobre su propio pontificado deberían esclarecerse
en los próximos meses, cuando se tomen decisiones que Juan
Pablo II dejó pendientes tras el deterioro de su salud:
A
diferencia de otros Papas que llegaron desde afuera, Benedicto
conoce muy bien el funcionamiento del Vaticano porque ha pasado
allí más de dos décadas y no necesita a nadie
que lo guíe para interiorizarse sobre cómo trabaja
la burocracia. De manera expeditiva reconfirmó a todos
los funcionarios de alto rango, con quienes ha trabajado de cerca
a lo largo de los años.
Aunque
puede carecer del carisma que tenía su antecesor, Benedicto
parece sentirse cómodo saludando y bendiciendo a las multitudes
que se forman rápidamente cuando aparece afuera de las
paredes del Vaticano.
En
una audiencia con el Colegio de Cardenales del viernes, fue especialmente
amable con los más ancianos y se levantó rápidamente
de su silla para abrazarlos. Otros se arrodillaron y besaron su
mano.
En
su primer discurso del miércoles, Benedicto sugirió
que su papado será una continuidad del de Juan Pablo II.
Se comprometió a tener un "diálogo abierto
y sincero" con otras religiones, y a tratar de revertir la
declinante asistencia a la iglesia y a las filas del sacerdocio
en occidente.
Parece
también interesado en mantener los esfuerzos de acercamiento
con las Iglesias ortodoxas, que rompieron con la Iglesia romana
debido a diferencias por la autoridad papal y a disputas sobre
la liturgia.
El lunes, Benedicto planea visitar la basílica romana construida
sobre la tumba de San Pablo, que ayudó a llevar la cristiandad
a regiones de ambas partes de la actual división católica-ortodoxa.