La Organización
de Estados Americanos (OEA) intenta establecer algún mecanismo
internacional para combatirlas, puesto que se han convertido en
un verdadero asunto de seguridad nacional para los países
centroamericanos, donde operan con particular violencia.
Se
calcula que entre 40.000 y 250.000 pandilleros, o "mareros",
como son más conocidos, están activos en Centroamérica,
integrados en su mayoría a dos pandillas principales y rivales:
la Mara Salvatrucha y la Mara 18.
El
pasado 23 de diciembre supuestos miembros de la Salvatrucha masacraron
a 27 pasajeros en un autobús en Honduras, país que,
como otros vecinos, ha puesto en vigor duras medidas de represión
para combatir a los pandilleros, convirtiendo incluso en delito
a los tatuajes que los identifican con sus grupos.
Un
mecanismo regional de seguridad cortaría las redes de apoyo
de estas pandillas y perseguiría a los "mareros"
a través de la región, pues se sabe que cruzan de
un país a otro, donde las ramas locales de sus grupos les
dan apoyo en su huida de las autoridades.
El
problema no es ajeno a Estados Unidos, señalado como el lugar
de origen de las "maras", donde jóvenes marginados
socialmente formaron pandillas y luego las "importaron"
a Centroamérica, a medida que eran expulsados de aquel país
por diversos delitos.
Más
de 100 personas pertenecientes a estos grupos han sido detenidas
desde enero pasado en diversas ciudades estadounidenses, como parte
de un operativo de las autoridades federales norteamericanas para
controlarlos.
El tema ya motivó una cumbre centroamericana en abril pasado
entre los presidentes de Honduras, Guatemala, Nicaragua y El Salvador,
y queda otra pendiente a finales de este mes con México,
polo de influencia sobre la región.
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