Al mismo
tiempo que autoridades del Gobierno reiteraron que las denuncias
no afectan al Ejecutivo, en el Congreso pareció quedarse
más solo el diputado Roberto Jefferson, presidente del Partido
Laborista, que la víspera acusó al PT de sobornar
legisladores.
Fuentes
oficiales volvieron hoy a definir el escándalo, que según
analistas ha abierto la más grave crisis política
desde que Lula asumió la presidencia, en enero de 2003, como
un "asunto entre partidos y parlamentarios" del que el
Gobierno se siente ajeno, pese a que afecta al PT, que llevó
al poder al otrora líder obrero.
El
titular de la Contraloría General, Valdir Pires, insistió
hoy en que no hay ninguna denuncia contra el Gobierno, sino contra
un partido y contra legisladores, lo que ha sido la tónica
entre los ministros de Lula desde que el lunes estalló el
escándalo.
Pires
también reiteró la posición oficial de que
la corrupción se ha vuelto un asunto de primer orden en Brasil,
pero por la lucha frontal que el Gobierno ha emprendido contra ese
flagelo.
Aseguró
a un canal de televisión que en los dos años y medio
que Lula lleva en el poder se han hecho 7.500 auditorías
en organismos públicos, han ido a prisión por corruptelas
900 personas y han sido recuperados unos 120 millones de dólares
enviados al exterior.
Jefferson,
que encendió la mecha del escándalo con sus denuncias,
anunció que sólo hablará cuando sea convocado
por el Congreso para explicar el verdadero alcance de sus acusaciones.
En
el Parlamento, donde la oposición inicialmente cargó
contra el PT y contra el Gobierno, hoy las aguas amanecieron más
calmas y la orden del día era "la defensa de las instituciones".
"Parece
que se ha comprendido que esas denuncias afectan a todo el mundo,
porque si es verdad que el PT pagó, eso significa que hay
parlamentarios que aceptaron, y destapar eso no le convendría
a nadie", dijo a EFE una fuente política.
Caja
de Pandora
El
temor a que se abra una verdadera caja de los truenos y los rayos
caigan donde menos se espera parece haber aplacado hasta a los más
exaltados opositores, y la tendencia, incluso en el laborismo, era
hoy aislar a Jefferson junto con sus acusaciones.
La
gravedad de una denuncia de esa magnitud sin aportar prueba alguna
la puso de manifiesto el ultraconservador presidente de la Cámara
de Diputados, Severino Cavalcanti, quien declaró que si lo
dicho por Jefferson es verdad, deberían ser destituidos "todos
los legisladores que resulten implicados".
El
Partido Laborista anunció hoy que le pedirá a Jefferson
que se aparte de la presidencia de esa formación y le advirtió
de que si se niega puede llegar a ser destituido.
El
jefe de la bancada laborista, Fernando Bezerra, declaró a
periodistas que el diputado "es responsable de sus propios
actos y no podía ni debía hablar como presidente de
un partido", que además integra la base parlamentaria
del Gobierno.
En
lo que sí ahora hay coincidencia, y hasta respaldo del PT
es en que el escándalo debe ser investigado por el Parlamento,
pero con más interés en determinar la responsabilidad
del propio Jefferson en unas corruptelas denunciadas en la empresa
estatal de Correos.
Desde
la oposición, el llamado a la calma vino hasta del ex jefe
de Estado Fernando Henrique Cardoso, quien declaró que "no
se puede ceder a tentaciones desestabilizadoras ni se debe echar
más leña al fuego en esta hora".
No
obstante, eso no significa que los ecos de las denuncias estén
apagándose, pues hasta el Supremo Tribunal Federal insinuó
que puede iniciar su propia investigación.
"Estoy
perplejo. Es una situación muy delicada y todo esto debe
ser aclarado por el bien de todas las instituciones", declaró
el magistrado Marco Aurelio de Mello.
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