En
el evento participaron representantes de instituciones públicas
y privadas que tienen relación con el trabajo infantil.
Rigoberto Astorga, representante regional de la Organización
Internacional del Trabajo (OIT), dijo que el trabajo infantil doméstico
es uno de los más extendidos y a la vez uno en los que menos
se conocen los peligros y riesgos a los que se expone la población
infantil.
Añadió que hay tres categorías de trabajo infantil
que deben eliminarse: el realizado por niños cuya edad es
inferior a la mínima fijada en la legislación nacional,
las incuestionables formas peores de trabajo infantil definidas
internacionalmente y el trabajo que sea perjudicial para el bienestar
del niño, el peligroso.
El experto resaltó que en muchos casos las condiciones de
trabajo de los niños es de 16 horas diarias, por un salario
que es muy bajo o inexistente, a lo que se suma el aislamiento y
la pérdida de contacto con sus familias.
De los más de 350.000 niños que sacrifican sus estudios
por el trabajo, 20.000 de ellos lo hacen en el trabajo infantil
doméstico.
Este año, el Programa Internacional para la Erradicación
del Trabajo Infantil, de la Organización Internacional del
Trabajo (OIT-IPEC) ha hecho un llamamiento para que en Honduras
se reflexione sobre este problema en sus diversas manifestaciones.
Además se han hecho propuestas globales de soluciones a sus
causas y efectos.
Según datos de OIT-IPEC, en 2002 se registraron en Honduras
367.405 niños y niñas trabajadores en la Población
Económicamente Activa (PEA), lo que representa el 15,86 por
ciento del grupo poblacional con edades entre cinco y 17 años.
A eso se suma el número de niños y sobre todo niñas,
que no están en la PEA, pero que realizan labores domésticas
en sus propios hogares, en tal grado que interfiere con su educación.
De los niños y niñas trabajadores en la PEA, el 73,6
por ciento son varones, el 69,2 residen en el área rural,
el 56,2 trabaja en la agricultura y el 24,4 por ciento en el comercio.
La inmensa mayoría, el 61,2 por ciento, se ocupa en trabajo
familiar no remunerado, mientras que el 27,60 en trabajo contratado.
Eso indica que se trata claramente de un fenómeno de la economía
informal vinculado a la supervivencia de los más pobres,
según la OIT
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