A los
jueces se le pidió decidir si tal alusión bíblica
eran un simple tributo a la historia de Estados Unidos o una medida
anticonstitucional que no respetaba la separación entre la
religión y el Estado.
Al
justificar la decisión, que se tomó con cinco votos
a favor y cuatro en contra, el magistrado David Souter citó
el "propósito predominantemente religioso" de tales
despliegues.
Sin
embargo, por la misma diferencia de votos, el máximo tribunal
decidió permitir la presencia de un monumento de granito
con los Diez Mandamientos frente a un edificio gubernamental en
Texas.
En este caso se determinó que el monumento era un legítimo
tributo a la historia legal y religiosa del país.
Debate
acalorado
El tema de los mandamientos había enfrentado en acalorado
debate a grupos de cristianos conservadores y grupos seculares.
Parte
de la polémica giró en torno a las interpretaciones
de la Primera Enmienda de la Constitución de EE.UU., aprobada
en 1791, que señala que el Congreso no puede legislar sobre
el tema de la religión.
La
Corte Suprema había evitado ocuparse de la situación
desde 1980, cuando decidió que mostrar copias de los Diez
Mandamientos en las aulas de las escuelas públicas era inconstitucional.
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