El precio
del barril de crudo de Texas, el de referencia en Estados Unidos,
batió récord en cada sesión y el viernes cruzó
la barrera de 67 dólares por barril, si bien cerró
a 66,86 dólares.
Los
contratos con su entrega prevista para noviembre, diciembre y enero,
alcanzaron incluso los 68 dólares, lo que refleja también
la fuerte presión al alza que soportan los precios.
Algunos
oráculos del sector petrolero como Boone Pickens, admirado
por lo acertado de sus predicciones sobre la evolución de
los precios, pronosticó esta semana que el barril de crudo
alcanzará los 75 dólares el próximo año.
Ese
nivel parece incluso más cercano si continua la actual escalada,
que ha encarecido el barril de crudo en casi siete dólares
en lo que llevamos de agosto.
Si ampliamos la perspectiva hasta comienzos de 2005, el valor del
petróleo de Texas ha subido 24,73 dólares, lo que
supone un 59 por ciento.
La
larga lista de factores que influyen en la subida incluye tensiones
geopolíticas; la amenaza de huracanes en el golfo de México;
fallos imprevistos en refinerías de EEUU y la escasa capacidad
de los miembros de la Organización de Países Exportadores
de Petróleo (OPEP) de incrementar su producción.
A
ello se une el voraz consumo de gasolina y de diesel en el mercado
estadounidense, animado por el boyante avance de su economía.
La
demanda de gasolina se ha situado en una media de 9,5 millones de
barriles diarios durante las tres últimas semanas de julio
y la primera de agosto, lo que representa un incremento del 1,4
por ciento respecto al mismo periodo del año anterior.
En
el caso de los productos destilados, que incluyen el gasóleo
de calefacción y el diesel, la demanda alcanzó una
media de cuatro millones de barriles diarios, un 4,4 por ciento
más que hace un año.
Los
expertos prevén que los datos de las próximas semanas
indiquen que la demanda sigue fuerte pues la temporada estival en
EEUU no concluye hasta el 5 de septiembre, y no descartan que se
mantenga incluso después por encima de la de 2004.
Con
ese escenario de fondo, se aceleró el nerviosismo en el NYMEX
el miércoles, al constatar los operadores que las reservas
de gasolina descendían por sexta semana consecutiva, en 2,1
millones de barriles, incluso después de aumentar la producción
las refinerías.
"Eso significa que, a pesar de los precios de récord
de la gasolina, la demanda sigue creciendo", resaltó
Phil Flynn, experto de la firma Alaron Trading, en una nota a inversores.
El
coste del barril de crudo representa un 54 por ciento del precio
de venta al público de un galón de gasolina (3,78
litros) y un 51 por ciento del valor de un galón de diesel,
según la Agencia de Información de Energía
(EIA).
Por
ello, nadie se sorprendió de que los precios de estos combustibles
concluyeran la semana también en máximos históricos
en el mercado estadounidense.
El
galón de gasolina alcanzaba el viernes un precio medio de
venta de 2,41 dólares a nivel nacional y el diesel se adquiría
a 2,49 dólares, según el sondeo diario que realiza
la asociación automovilista AAA entre 60.000 estaciones de
servicio.
"Se
prevé que los precios suban incluso más en el corto
plazo", señaló la EIA en su informe semanal.
"Cuándo
y dónde aterrizarán, sigue siendo una incógnita",
se precisa en el comunicado.
Los expertos de la agencia analítica del Departamento de
Energía estiman que es muy probable que el "aterrizaje"
sea en todo caso por encima de 2 dólares/galón y que
así se mantengan incluso hasta finales de 2006.
Los
fuertes huracanes que se esperan en el Atlántico durante
los próximos meses podrían elevar aún más
la órbita del crudo y de la gasolina si, como ocurrió
el pasado año, alteran la producción en el golfo de
México e interrumpen la llegada de importaciones. EFE
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