Las
sangrientas disputas que han protagonizado las temidas pandillas
"Salvatrucha" y "18", y que han dejado 36
muertos y más de 80 heridos, se ha convertido en un problema
de "seguridad nacional" para las autoridades guatemaltecas.
Desde
el pasado viernes las fuerzas de seguridad se encuentra en "alerta
máxima" para evitar que los pandilleros cobren venganza
en las calles por los enfrentamientos ocurridos el lunes de forma
simultánea en ocho cárceles del país entre
maras rivales.
El
ministro guatemalteco de Gobernación, Carlos Vielman, dijo
a periodistas que los operativos de vigilancia y prevención
que se realizan en 14 áreas de la capital consideradas
como "zonas rojas", incluyen la participación
de agentes encubiertos para controlar la situación, debido
a que "el problema de las maras se ha convertido en un asunto
de seguridad nacional".
Vielman
anunció también que han solicitado el apoyo de las
autoridades de El Salvador y Honduras, debido a que temen que
los pandilleros de la "Mara Salvatrucha" de esos países
puedan llegar a Guatemala para ayudar a sus pares guatemaltecos,
en la encarnizada lucha que mantienen con su riva "Mara 18".
Aunque
estas pandillas siempre han mantenido rivalidades y disputas por
el control de territorios, fue hasta el pasado lunes cuando las
autoridades advirtieron que estas organizaciones constituyen "una
bomba de tiempo".
Ese
día, la "Mara Salvatrucha" rompió un "pacto
de no agresión" que mantenían con sus rivales
de la "Mara 18" mientras permanecieran en prisión,
y al unísono, con granadas de fragmentación, pistolas
y cuchillos, atacaron a sus enemigos en ocho cárceles del
país.
El
saldo de los disturbios fue de 36 pandilleros muertos y más
de 80 heridos.
Aún
se desconoce con precisión cómo fue que los pandilleros
obtuvieron las armas dentro de la cárcel, aunque se sospecha
de que los mismos guardias penitenciarios habrían permitido
el ingreso de éstas; tampoco se sabe cuáles fueron
los objetivos que motivaron a los "Salvatuchas" a romper
el pacto y atacar a sus rivales.
Pero
el problema de las pandillas juveniles no se circunscribe sólo
a los enfrentamientos entre maras rivales, sino a los constantes
delitos que sus integrantes cometen a diario en contra de la sociedad.
Además
de tráfico y consumo de drogas, asaltos, asesinatos, y
violaciones sexuales, los pandilleros son acusados de exigir a
chóferes del transporte público, comerciantes y
parroquianos, un "impuesto de guerra" a cambio de no
hacerles daño.
Aunque
no existen estadísticas oficiales precisas, extraoficialmente
se asegura que en lo que va de este año más de 500
personas han sido asesinadas por los pandilleros en diferentes
puntos del país, por negarse a pagarles las sumas que exigen
a diario.
La Cámara de Comercio Guatemalteco-Americana exigió
ayer, viernes, al director de la Policía Nacional Civil
(PNC) Erwin Sperenssen, mayor protección para sus integrantes
ante el constante acoso de las maras.
"Las
maras han crecido de tal forma que han penetrado en el seno de
las empresas. Esto ha hecho que los negocios deban invertir más
recursos en seguridad", dijo a periodistas Carolina Castellanos,
directora ejecutiva de esa organización empresarial.
Decenas
de vecinos de los barrios populares de las periferias de la capital
guatemalteca, en donde se concentra la mayor parte de los pandilleros,
han tenido que abandonar sus residencias y dejarlas abandonadas
debido al chantaje de que son víctimas.
El
académico y ex canciller guatemalteco Edgar Gutiérrez,
en una columna de opinión publicada esta semana en un diario
local, señaló que "el progresivo control de
territorio asociado a extorsiones a comerciantes (...) y las frecuentes
explosiones de violencia criminal, han convertido a las maras
en un asunto de seguridad nacional y trasnacional".
Las
estadísticas de la policía dan cuenta de la existencia
de 402 "clikas" o células de las maras Salvatrucha
y 18 en toda Guatemala, con unos 13.500 integrantes, sin embargo,
las organizaciones no gubernamentales que trabajan en la rehabilitación
de los pandilleros cifran sus miembros en 160.000 jóvenes
de entre 12 y 30 años.EFE