El
sucesor del actual presidente de Honduras, Ricardo Maduro, saldrá
entre Porfirio Lobo, del Partido Nacional, y Manuel Zelaya, del
Liberal.
Ambas
fuerzas políticas tienen más de un siglo de historia,
son conservadoras y responsables en gran medida de lo que ahora
vive el país, según la oposición minoritaria.
Los
otros tres partidos que participarán en la contienda son
Unificación Democrática (UD, de izquierda), Innovación
y Unidad-Social Demócrata y Democracia Cristiana, cuyos
candidatos son Juan Almendares, Carlos Sosa Coello y Juan Ramón
Martínez.
Estos
tres partidos no alcanzan juntos ni el 5 por ciento de la población,
que podrá ejercer el voto en las séptimas elecciones
consecutivas desde que el país retornó a la democracia
en 1980.
La
Ley Electoral establece que la campaña comienza tres meses
antes de las elecciones.
De
los comicios generales celebrados hasta hoy, cuatro los ganó
el Partido Liberal (1981, 1985, 1993 y 1997), contra dos del Partido
Nacional (1989 y 2001).
Las
encuestas
Las
últimas encuestas sobre la preferencia de los votantes,
difundidas esta semana, dan un virtual empate entre Lobo y Zelaya.
Ambos
candidatos se han enfrascado en los últimos meses en una
batalla verbal que ha llegado hasta las ofensas personales, mientras
los hondureños siguen sin conocer sus propuestas reales
de gobierno.
Al
respecto, el Comisionado de los Derechos Humanos, Ramón
Custodio, indicó en la víspera que Lobo y Zelaya
'están dedicados a insultarse y faltarse al respeto'.
'No
parecen seres adultos normales, todo el mundo debe tratarse con
respeto; si yo quiero que me respeten, debo respetar a los demás.
El ejemplo que están dando los dos partidos mayoritarios
de este país, en este momento, es poco democrático,
poco ejemplar', agregó.
Custodio
considera que Lobo y Zelaya 'son un mal ejemplo para los niños
de Honduras, para los jóvenes y el resto de la ciudadanía'.
Lobo,
quien además es presidente del Parlamento hondureño,
ha centrado su campaña en 'trabajo y seguridad', representada
por un puño cerrado con el que asegura que aplastará
a los delincuentes.
El
candidato oficialista también aboga por la aplicación
en Honduras de la pena de muerte para casos específicos
como la violación de niños y mujeres que además
sean asesinados.
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Zelaya,
quien fue ministro del Fondo Hondureño de Inversión
Social (FHIS) durante el Gobierno liberal de Carlos Flores
(1998-2002), se inclina por la cadena perpetua, en vigor
desde 1998. |
También
promete reducir la pobreza, el precio de los combustibles y un
gobierno que combatirá la corrupción, flagelo que
ha salpicado a la administración de Ricardo Maduro.
Maduro,
quien asumió en enero de 2002, cesará en enero de
2006, dejando un país con algunos indicadores favorables,
aunque no pudo reducir la pobreza que afecta a la mayoría
de los hondureños.
Según
diversas fuentes, el 80 por ciento de los siete millones de habitantes
que tiene Honduras viven entre la pobreza y la miseria.
El
Tribunal Supremo Electoral (TSE) prevé que el padrón
electoral será de unos 4,3 millones de hondureños,
de los que se espera que ejerzan el sufragio un poco más
del 60 por ciento.
En
las elecciones de 2001 la abstención fue del 33 por ciento,
lo que algunos analistas atribuyen a que muchos hondureños
están cansados de las promesas incumplidas de los partidos
tradicionales.
Honduras
retornó a la democracia en 1980, tras casi dos décadas
de regímenes militares, que fueron salpicados por múltiples
denuncias de corrupción y violaciones de los derechos humanos.
La
Asamblea Nacional Constituyente instalada en 1980 redactó
la actual Carta Magna de los hondureños y convocó
a elecciones generales en 1981, que ganó el liberal Roberto
Suazo Córdova.