Las últimas cifras proporcionadas por la vicesecretaría
del Ministerio de Interior establecen en 965 la espeluznante cifra
de muertos y en más de 815 la de los heridos, algunos de
ellos todavía en estado de extrema gravedad.
"Las
víctimas están repartidas por seis hospitales, que
están abarrotados, y es muy difícil fijar una cifra.
Además algunos de los heridos se encuentran muy graves",
explicó a EFE el portavoz del Ministerio de Interior.
La
tragedia se desató poco después de que tres proyectiles
de mortero cayeran sobre una muchedumbre que peregrinaba a la mezquita
del Imán Musa al Kadem, tercer santuario más sagrado
para los chiíes de Irak.
Siete
personas murieron y cerca de 40 resultaron heridas en el atentado,
cuya autoría asumió una célula vinculada al
grupo de Al Qaeda para la Guerra Santa en Irak.
Poco
después, corrió el rumor de que había un suicida
entre los peregrinos que cruzaban el puente sobre el río
Tigris que comunica el oeste con el norte de la capital.
La
noticia desató el pánico entre los fieles, que comenzaron
a correr en todas las direcciones.
Parte
de la turbamulta quedó atrapada junto a una de las vallas,
que cedió y provocó que cientos de personas cayeran
al vacío y el río Tigris se poblara de cadáveres
y heridos que gritaban con desespero auxilio.
Con
las primeras luces del alba de hoy, muchos de esos cadáveres
han comenzado a abandonar los atestados hospitales iraquíes
y a ser trasladados por sus familiares a los camposantos.
Familias
enteras recorren desde ayer los centros hospitalarios en busca de
sus allegados.
Muchos
de los cuerpos sin vida están tendidos en el suelos, únicamente
cubiertos con sábanas blancas, que los familiares levantan
en medio del dolor y la incertidumbre de que pertenezca a su pariente
desaparecido.
"Lo
hemos hallado en un hospital. Ahora vamos a enterrarlo en el cementerio",
dijo a EFE Ali al Samedi, cuyo hijo fue uno de las decenas de niños
que cayeron al río.
Según
fuentes médicas, la mayor parte de las víctimas son
niños, mujeres y ancianos que en un ambiente festivo cruzaban
el puente cuando el rumor desató la tragedia.
"Muchos
perdieron la vida, asfixiados por los empujones y los pisotones
de los que intentaban huir", explicó a EFE un oficial
de la Policía del barrio de Al Kadamiya.
Poco
después de la tragedia, el ministro iraquí de Interior,
el chií Bayan al Yabr, apuntó la responsabilidad de
la estampida hacia los insurgentes, a los que acusó de propalar
el rumor.
En
una rueda de prensa con su colega de Defensa, el suní Saadun
al Dulaimi, subrayó que las fuerzas de Seguridad iraquíes
impidieron "numerosos" intentos de atentado contra los
peregrinos antes de que se produjera la avalancha.
Sin
embargo, Al Dulaimi contradijo su versión y destacó
que el accidente no está relacionado con el conflicto comunal
que ensangrenta el país desde que en marzo de 2003 comenzara
la invasión y posterior ocupación anglo-estadounidense.
Las
Fuerzas de Seguridad habían redoblado su dispositivo de vigilancia
durante los días de la peregrinación ante el temor
de que se produjeran atentados.
En
marzo del pasado año, durante el día de Ashura, una
de las fiestas mayores de la comunidad chií, alrededor de
70 personas perdieron la vida en un atentado suicida contra la mezquita
de Musa Al Kadem.
La
tragedia del puente de Al Kadamiya ha relegado a un segundo plano
el conflicto político que suníes y chiíes mantienen
por el borrador de la nueva Constitución.
Los
suníes, que se oponen a que los chiíes -sus tradicionales
rivales- tengan un Estado federal en el sur- han anunciado una movilización
en contra del referido texto, que deberá ser sometido a referéndum
el próximo 15 de octubre. EFE
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