Hispanos se movilizan para ayudar a los evacuados en Dallas
   

05 de septiembre de 2005

Dallas (Texas) - A pesar de la desorganización por parte de algunas instituciones encargadas de distribuir a los voluntarios a los albergues de Dallas, muchos latinos han sentido la necesidad de contribuir de alguna forma por cuenta propia.


Dona Torres, de 17 años, lleva tres días yendo al coliseo Reunión Arena en esta ciudad para buscar la manera más práctica de colaborar con los afectados.

Desde el viernes, los efectivos de la Cruz Roja en primera instancia no aceptaron su participación porque ser menor de edad.

Luego le dijeron que regrese dentro de algunos días para tomar un curso obligatorio de cuatro horas que la acredite como voluntaria de esa organización.

"Pero eso es imposible, esta gente no puede esperar tanto tiempo y mi idea es actuar de inmediato. ¿A quién le importa la edad y los cursos de capacitación a estas alturas si tu deseo es ayudar?", cuestionó Torres.

Su tesón y persuasión la llevaron, junto a otros cientos de voluntarios que como ella habían sido "descartados" momentáneamente, a coordinar diferentes labores para que los afectados puedan beneficiarse.

Con la ayuda de la Policía, los automóviles y camiones con donaciones se trasladan hasta la parte posterior del Reunión Arena y allí, Torres y cientos de voluntarios realizan en cadena los esfuerzos físicos para distribuir víveres y ropa a un lado y los productos de higiene personal y de primera necesidad a otro.

"Esto es un ejército de seres humanos, sin distinción de ningún tipo y con la única mentalidad de ayudar y tratar de sacar adelante a esta gente que tanto ha sufrido. Su dolor no sólo es físico, es mental y psicológico", advirtió Luz Garnica, mexicana de 46 años.

Ella llegó al local del Centro Cívico, otro de los albergues en el centro de Dallas, junto a sus dos hijos para ayudar en la distribución de los donativos, pero las organizaciones que reclutan voluntarios en las afueras le indicaron que llenara una solicitud por internet.

Con la frustración en el pecho, Garnica recorrió las inmediaciones y se topó con un grupo de voluntarios. En el transcurso del día, decidió que podía darle albergue en su propia casa a una familia de cinco.

"Lo hago porque puedo y porque es mi deber. Hoy por ti y mañana por mí", expuso Garnica.

Lizbeth Ramírez, de 17 años, fue otra que admitió que le fue difícil encarar a estas organizaciones porque le pedían como requisito ser mayor de edad.

"Hasta que encontré este grupo y puedo realizar mi labor, por eso vine y mañana regreso y también pasado mañana después de clases", indicó Ramírez, quien se acercó al Reunion Arena con un grupo de compañeros del colegio.
Así como Ramírez, hay muchos hispanos que también ayudan pero de una forma aún más particular.

Griselda de la Vega, de 31 años, es intérprete de sordos en una escuela primaria en Fort Worth (Texas) y gracias a ese conocimiento, es la única que puede comunicarse con los sordomudos que necesitan auxilio.

Asimismo, Maribel Peña, de 29 años, dijo que la ayuda no sólo es material, es también espiritual.

"La gente evacuada necesita ropa y comida, es cierto, pero también de comprensión. Muchos sólo se limitan a llorar porque perdieron a un ser querido o porque quizás saben que será difícil empezar una nueva vida lejos de su tierra, de sus familiares", dijo.
"También hay que darles ánimo y hablarles para convertir esa tristeza que llevan clavada en el rostro en una simple sonrisa de esperanza", agregó Peña.

En Dallas, las autoridades declararon que los albergues han llegado a su máxima capacidad. El gobernador de Texas, Rick Perry, indicó que en ese estado se han albergado unas 120.000 personas y que otras 100.000 se encuentran hospedados entre familiares, amigos y hoteles. EFE


 
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