Dona
Torres, de 17 años, lleva tres días yendo al coliseo
Reunión Arena en esta ciudad para buscar la manera más
práctica de colaborar con los afectados.
Desde
el viernes, los efectivos de la Cruz Roja en primera instancia no
aceptaron su participación porque ser menor de edad.
Luego
le dijeron que regrese dentro de algunos días para tomar
un curso obligatorio de cuatro horas que la acredite como voluntaria
de esa organización.
"Pero
eso es imposible, esta gente no puede esperar tanto tiempo y mi
idea es actuar de inmediato. ¿A quién le importa la
edad y los cursos de capacitación a estas alturas si tu deseo
es ayudar?", cuestionó Torres.
Su
tesón y persuasión la llevaron, junto a otros cientos
de voluntarios que como ella habían sido "descartados"
momentáneamente, a coordinar diferentes labores para que
los afectados puedan beneficiarse.
Con
la ayuda de la Policía, los automóviles y camiones
con donaciones se trasladan hasta la parte posterior del Reunión
Arena y allí, Torres y cientos de voluntarios realizan en
cadena los esfuerzos físicos para distribuir víveres
y ropa a un lado y los productos de higiene personal y de primera
necesidad a otro.
"Esto
es un ejército de seres humanos, sin distinción de
ningún tipo y con la única mentalidad de ayudar y
tratar de sacar adelante a esta gente que tanto ha sufrido. Su dolor
no sólo es físico, es mental y psicológico",
advirtió Luz Garnica, mexicana de 46 años.
Ella
llegó al local del Centro Cívico, otro de los albergues
en el centro de Dallas, junto a sus dos hijos para ayudar en la
distribución de los donativos, pero las organizaciones que
reclutan voluntarios en las afueras le indicaron que llenara una
solicitud por internet.
Con
la frustración en el pecho, Garnica recorrió las inmediaciones
y se topó con un grupo de voluntarios. En el transcurso del
día, decidió que podía darle albergue en su
propia casa a una familia de cinco.
"Lo
hago porque puedo y porque es mi deber. Hoy por ti y mañana
por mí", expuso Garnica.
Lizbeth
Ramírez, de 17 años, fue otra que admitió que
le fue difícil encarar a estas organizaciones porque le pedían
como requisito ser mayor de edad.
"Hasta
que encontré este grupo y puedo realizar mi labor, por eso
vine y mañana regreso y también pasado mañana
después de clases", indicó Ramírez, quien
se acercó al Reunion Arena con un grupo de compañeros
del colegio.
Así como Ramírez, hay muchos hispanos que también
ayudan pero de una forma aún más particular.
Griselda
de la Vega, de 31 años, es intérprete de sordos en
una escuela primaria en Fort Worth (Texas) y gracias a ese conocimiento,
es la única que puede comunicarse con los sordomudos que
necesitan auxilio.
Asimismo,
Maribel Peña, de 29 años, dijo que la ayuda no sólo
es material, es también espiritual.
"La
gente evacuada necesita ropa y comida, es cierto, pero también
de comprensión. Muchos sólo se limitan a llorar porque
perdieron a un ser querido o porque quizás saben que será
difícil empezar una nueva vida lejos de su tierra, de sus
familiares", dijo.
"También hay que darles ánimo y hablarles para
convertir esa tristeza que llevan clavada en el rostro en una simple
sonrisa de esperanza", agregó Peña.
En
Dallas, las autoridades declararon que los albergues han llegado
a su máxima capacidad. El gobernador de Texas, Rick Perry,
indicó que en ese estado se han albergado unas 120.000 personas
y que otras 100.000 se encuentran hospedados entre familiares, amigos
y hoteles. EFE
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