Bush
tiene previsto asistir mañana, domingo, a una serie de actos
de conmemoración al cumplirse el cuarto aniversario de aquellos
atentados, tras lo cual emprenderá su tercer viaje a Misisipi
y Luisiana, dos de los tres estados, junto a Alabama, devastados
por el huracán.
En su alocución radial, el presidente combinó ambos
desastres para asegurar que "en momentos como estos, nuestro
mejor recurso es el carácter compasivo de los estadounidenses,
porque ni siquiera la tormenta más destructora puede debilitar
el corazón y el alma de nuestro país".
"Estados Unidos superará esta prueba y nosotros seremos
más fuertes gracias a ello", prometió Bush, quien
esta semana ha hablado casi diariamente sobre el huracán
después de que se le acusara de haber reaccionado con lentitud
a uno de los peores desastres naturales en la historia del país.
Como respuesta a esas críticas, el responsable de la coordinación
de las tareas sobre el terreno, el director de la Agencia Federal
para la Gestión de Urgencias (FEMA), Michael Brown, ha sido
apartado del manejo de la operación sobre el terreno y ha
regresado a Washington.
El vicepresidente Dick Cheney tenía previsto reunirse hoy
con desplazados por el desastre en Houston (Texas).
Popularidad en picada
Los últimos sondeos hechos públicos indican que la
popularidad de Bush también ha sufrido un duro golpe por
su gestión de la crisis.
Una encuesta elaborada por el Instituto Ipsos y difundida hoy indicaba
que la aprobación presidencial está en el 39 por ciento,
mientras que dos tercios de los ciudadanos creen que el país
va por mal camino.
Pero Bush no aludió a las críticas y, en cambio, optó
por recordar el espíritu de unidad nacional que se vivió
tras los atentados del 11-S, una estrategia que ha utilizado cada
vez que se ha visto contra las cuerdas.
Aquellos ataques precipitaron los índices de popularidad
del presidente al 83 por ciento y dieron a Bush en EEUU la imagen
de un líder que se crece ante la adversidad y no duda en
tomar decisiones difíciles.
"Hoy, EEUU hace frente a otro desastre que ha causado muerte
y destrucción. Esta vez, la devastación no ha resultado
de la malicia de hombres malvados sino de la furia del agua y el
viento", explicó el presidente.
Cuatro años más tarde, "recordamos el miedo y
la incertidumbre y la confusión de aquella mañana
terrible. Pero, sobre todo, recordamos la determinación de
nuestro país de defender nuestra libertad, reconstruir una
ciudad herida y atender al prójimo que lo necesitara",
agregó.
En su respuesta radiada, los demócratas, representados por
el congresista de Misisipi Bennie Thompson, acusaron a Bush de haber
incumplido su promesa de preparar al país para una catástrofe
tras los atentados del 11-S.
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"Como
aquel día hace cuatro septiembres, nos volvemos a encontrar
preguntándonos: '¿cómo es posible que
haya pasado esto?' La respuesta es dolorosa, pero hay que
reconocerla: simplemente, no estábamos preparados",
afirmó el congresista. |
Mientras
tanto, en Nueva Orleans continúan las tareas de rescate de
los cuerpos atrapados por la inundación, aunque los funcionarios
ya han apuntado que la cifra total de víctimas mortales no
será tan alta como se había apuntado en un primer
momento.
El alcalde de la ciudad, Ray Nagin, había calculado que la
cifra de muertos podría rondar los 10.000, por lo que los
funcionarios de FEMA prepararon hasta 25.000 fundas para cadáveres
en el área.
Nagin ha ordenado la evacuación forzosa de la ciudad, pero
las autoridades policiales han indicado que, por el momento, la
prioridad es ahora localizar los cuerpos, una vez que han terminado
las operaciones de rescate de los supervivientes atrapados por las
aguas.
Sólo cuando se haya completado la operación de búsqueda
de cadáveres se procederá a la evacuación forzosa
de la ciudad de aquellos que se niegan a abandonarla.
Hasta el momento se han confirmado más de 300 muertes en
los tres estados afectados y más de un millón de personas
han quedado desplazadas. EFE
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