Roberts,
de 50 años, se convirtió hoy en el presidente del
Supremo más joven de los últimos dos siglos. Dado
que el puesto es vitalicio, dispondrá de décadas para
imprimir su sello al máximo tribunal del país.
El
juez no pasó por grandes apuros para recibir el visto bueno
del Senado.
Contaba
con el respaldo del influyente Colegio de Abogados, del Partido
Republicano y de varios demócratas que, si bien expresaron
sus dudas sobre la ideología conservadora del juez, decidieron
que no tenían suficientes argumentos para tumbar su candidatura.
A
lo largo de su audiencia de confirmación, Roberts se mostró
hermético en sus respuestas. Haría un buen jugador
de póquer. O un buen portavoz presidencial. Respondió
siempre, cada vez en tono educado, sin perder la compostura, pero
sin decir nunca nada. Al menos, nada que pudiera usarse en su contra.
Hasta
tal punto no quiso comprometerse ante el Comité Judicial
del Senado que, a la pregunta de una demócrata de si estaba
de acuerdo con que la vida era lo opuesto a la muerte, dudó
antes de contestar. Y su 'sí' fue cualificado.
En
la votación de hoy, sólo 22 demócratas, los
más liberales, votaron en su contra en el pleno del Senado.
Argumentaban dudas sobre la posición de Roberts en torno
a los derechos de las minorías y al aborto, pero el suyo
fue, más que nada, el derecho al pataleo.
Que
el juez iba a salir confirmado era algo cantado. Los demócratas
tienen ya la vista puesta en la segunda vacante en el Supremo, la
que ellos consideran que puede romper el equilibrio en el tribunal.
Su
trayectoria
Roberts nació en Buffalo (Nueva York) y se graduó
como abogado en una de las instituciones más prestigiosas
de EEUU, la Universidad de Harvard.
Tras
su licenciatura trabajó como asistente para el juez Henry
J.Friendly en un tribunal de apelaciones y más tarde lo hizo
para el que fuera presidente del Supremo, el fallecido William Rehnquist.
Roberts
entró a formar parte del bufete de abogados Hogan and Hartson
en 1986 y después pasó a ser asesor legal del presidente
George Bush, padre del actual mandatario.
El
magistrado fue nombrado en 1992 para el tribunal federal de apelaciones
-donde desempeñaba su cargo hasta que Bush se fijó
en él-, pero su designación para este puesto quedó
diluida con la llegada de Bill Clinton a la presidencia.
Entonces
decidió regresar a Hogan and Hartson, donde permaneció
hasta que en 2003 el actual inquilino de la Casa Blanca lo designó
como juez del tribunal federal de apelaciones.
Como
tal fue uno de los magistrados que dictaminó que los tribunales
militares en la base de Guantánamo podían seguir adelante.
A
los conservadores les gusta el historial de Roberts en lo que concierne
al aborto, a las relaciones Iglesia-Estado y al medio ambiente.
Pero tampoco le consideran un derechista a marchamartillo y algunos
tienen dudas de que vaya a ser lo suficientemente conservador como
presidente del Supremo.
Durante
su etapa como asesor de Bush padre, defendió la postura de
la Casa Blanca de que la decisión de legalizar el aborto
debería ser derogada.
Entre
otras cosas, argumentó con éxito ante los tribunales
que las clínicas sufragadas con fondos federales no podían
hablar a sus pacientes sobre el aborto.
El
magistrado ha defendido 39 casos ante el Supremo en representación
de sus clientes cuando trabajaba como abogado.
Está
casado y tiene dos hijos adoptados, Josie, de cinco años,
y Jack, de cuatro.
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