Judith Miller: heroína para algunos y villana para otros
   

18 de octubre de 2005

Washington - Judith Miller, la periodista de EEUU que fue a la cárcel por no revelar sus fuentes, recibió hoy un premio por su "heroica" defensa de la libertad de prensa, aunque muchos en la profesión ven en ella cualidades de "villana".


La reportera del diario "The New York Times" recogió el galardón en Las Vegas, donde la Sociedad de Periodistas Profesionales (SPJ), que agrupa a unos 10.000 trabajadores de los medios, celebra su convención anual.

Al igual que en la redacción del "Times", Miller también suscitó hoy pasiones encontradas en el hotel Aladdin de Las Vegas, que extremó las medidas de seguridad ante los rumores de protestas, aunque al final no se registraron incidentes.

"Algunos de nuestros miembros critican el premio", dijo a EFE Irwin Gratz, presidente de la SPJ, quien reconoció que "este no es un caso perfecto sobre fuentes confidenciales".

A pesar de todo, el consejo ejecutivo de la SPJ considera a Miller merecedora de un premio que reconoce la labor de aquellos que han contribuido a impulsar la libertad de expresión.

La reportera, de 57 años, pasó 85 días entre rejas por negarse a testificar sobre el caso "Valerie Plame", espía de la CIA hasta que, en julio de 2003, su nombre apareció publicado en la prensa.

La filtración habría sido fruto de una "vendetta" con la que la Casa Blanca buscaba desacreditar a Joseph Wilson, el esposo de Plame, quien acusó a EEUU de utilizar información falsa para justificar la invasión de Irak.

Uno de los principales sospechosos de la filtración es Lewis "Scooter" Libby, jefe de Gabinete del vicepresidente Dick Cheney y fuente de Miller.

La periodista -que nunca llegó a publicar su artículo- fue excarcelada el mes pasado tras recibir permiso telefónico y por escrito de su fuente para hablar sobre sus conversaciones, por lo que accedió a testificar.

Miller está convencida, según confesó en un discurso reciente en la redacción del "Times", que su proeza impulsará la aprobación de una ley que permita mantener la confidencialidad de las fuentes, proyecto que se encuentra empantanado en el Congreso.

Pero su discurso se topó con una fría acogida en la redacción del periódico, algo que según dijo a EFE Geneva Overholser, ex miembro del consejo editorial del "The New York Times" es más que entendible.

"Judith Miller es una periodista muy problemática", apuntó Overholser, quien considera que la informadora entabla una relación demasiado estrecha con sus fuentes.

Durante el invierno del año 2001 y todo 2002, Miller publicó una serie de apabullantes historias sobre la voluntad y capacidad del entonces presidente iraquí, Sadam Husein, para fabricar armas de destrucción masiva.

Miller reconoció haberse equivocado "totalmente", aunque indicó que el resto de periodistas y analistas también lo habían hecho.

"Es verdad que admitió su error, pero nunca dijo sentir profundamente las terribles consecuencias de sus artículos", apunta Overholser.

La reportera llegó al "Times" en Washington en 1977 como parte de una nueva camada de jóvenes y ambiciosos periodistas, con la que el periódico quería reforzar sus filas después de que el diario "The Washington Post" se adelantase al destapar el escándalo Watergate que costó la presidencia a Richard Nixon en 1974.

Sus jefes la recuerdan como apasionada por sus historias, celosa de sus fuentes y un poco obsesiva.

A su llegada al "Times", sus editores le encomendaron la labor de cubrir la Comisión del Mercado de Valores (SEC). Sus intereses no iban por ahí.

Miller conocía bien Oriente Medio tras haber viajado y trabajado algunos años en la región.

Nina Totenberg, una periodista de la Radio Pública Nacional, recuerda como a mediados de la década de 1970 el rey Huseín de Jordania se dirigió a ella al grito de "¡Juuuuddddy!" en medio de una fiesta.

El "Times" decidió aprovechar esa experiencia y la nombró jefa de la delegación de El Cairo en 1983. Miller amplió su conocimiento de la zona y se especializó en armas de destrucción masiva, lo que le valió un Premio Pulizter.

Su rutilante carrera sufrió un golpe mortal tras la cobertura que precedió a la guerra de Irak que comenzó en marzo de 2003.

Desde entonces su nombre ha prácticamente desaparecido de las páginas del diario, aunque Miller espera volver a la redacción y seguir haciendo lo que siempre ha hecho: "escribir sobre las amenazas contra nuestro país". EFE

 
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