Ricardo
Maduro, Presidente de Honduras, se aflige por la plaga de caudillos mesiánicos
que ha surgido últimamente en Hispanoamérica, problema que
sin embargo nos persigue desde siempre. En esa lista se encuentran el
cocalero boliviano Evo Morales y el flamante nuevo presidente de Uruguay,
que invitó a Fidel Castro a su toma de posesión. Los mesiánicos
siempre asombran por su cinismo, su total desprecio de las realidades
del mundo actual, su capacidad para cambiar de postura cuando así
les conviene y su obsesión por aquello que nadie más logra
ver. Pero además siguen anclados en los sueños y las utopías
que se derrumbaron en 1989 con el Muro de Berlín.
Hay
un caso que marca la abismal diferencia entre alguien como el presidente
uruguayo y otro líder, Nelson Mandela, que a pesar a los pesares
no encegueció al llegar al poder. En su primer viaje al exterior
como presidente de Sudáfrica, Mandela fue a Cuba, sin duda convencido
de que iba a contemplar, en todo su esplendor, una sociedad “justa,
libre, progresista, próspera, tranquila.” Castro, sin duda,
cautiva a muchos en el tercer mundo por suponer ser la encarnación
del justiciero absoluto, el desfacedor de entuertos.
No
se sabe lo que pensaría Mandela, pero nunca más volvió
a Cuba y nunca habla de esa “revolución”. Mandela fue
capaz de descubrir la realidad de la isla, todo el retraso, la opresión,
el desbordado y cínico culto al dictador, los alcances de ese esquema
demencial. Es precisamente lo que no pueden ver ni Chávez ni Kirchner
ni Vásquez ni los sandinistas ni los comunistas salvadoreños.
Tienen frente a sus ojos realidades terribles pero las niegan e inclusive
las deforman para enarbolar esas sucias banderas.
En
el mundo imperfecto donde transcurren nuestras existencias se encuentra
de todo, desde democracias que bien funcionan ---la de España,
Suiza, Estados Unidos y Corea del Sur--- hasta totalitarismos que cruzan
el umbral de la locura: Corea del Norte y Cuba. A esto se agregan regímenes
autoritarios, países con dos gobiernos como Nicaragua, las “cherocracias”
y sistemas políticos controlados por mafias. Lo esencial, empero,
es lograr que las leyes se apliquen con una medida de solvencia y gocen
los ciudadanos de libertades básicas, como la libre expresión,
asociación y movimiento.
Sufriendo
oradores de cuarta
Volvamos al mesianismo. En Mar del Plata se esperan hoy marchas contra
Bush, en las que posiblemente estarían presentes Hugo Chávez,
el drogo Maradona y el cocalero boliviano Evo Morales. Esta clase de manifestaciones
es lo obligado de la extrema izquierda, aunque también las montan
grupos de derecha o gente harta del desorden.
La
“teoría y práctica de la marcha” es de seguro
obra de Lenín, aunque las hubo en los viejos tiempos; los comunistas
en El Salvador vienen manifestándose desde finales de los años
veinte, cuando prepararon la revuelta sangrienta del 32.
De
manera invariable, el grueso de los desfilantes lo constituyen universitarios
y sindicalistas, siempre con mujeres y niños a la cabeza, a los
que ahora se suman mareros, sus hijos adoptivos.
Es
en las marchas, en los balcones y en los parques donde surgen y se nutren
los mesiánicos, con grandes oradores como Haya de la Torre hasta
mesiánicos de cuarta clase al estilo de los difuntos Ungo y Napoleón
Duarte. Parteros con otros del desastre nacional.
Publicada
5 de noviembre 2005, El Diario de Hoy
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