Dos
escuelas fueron incendiadas en la localidad de Grigny, al sur de
la capital francesa y al menos una quincena de coches quedaron calcinados
en otras localidades del mismo departamento de Essone a primera
hora de la noche, informó la Prefectura (delegación
del Gobierno).
Para evitar ataques como los que
se produjeron en las noches anteriores, la compañía
de transportes metropolitanos de París RATP decidió
suspender la práctica totalidad de líneas nocturnas
que pasan por los departamentos de Saint-Saint-Denis (el 90 por
ciento) y de Val de Marne (75 por ciento).
El ministro del Interior, Nicolas
Sarkozy, se reunió por la tarde con los responsables de las
fuerzas del orden para reforzar el dispositivo de seguridad, después
de haber insistido en que el Gobierno era unánime en la prioridad
de la "firmeza" frente a los delincuentes.
Un helicóptero dotado con
medios de visión nocturna volvió a volar por el cielo
del departamento de Seine-Saint-Denis, donde se produjo el estallido
de violencia, y donde se han producido los disturbios más
graves.
Durante el día, miles de
personas participaron en manifestaciones organizadas en algunos
de los barrios más castigados por la ola de violencia para
manifestar el hartazgo por esos actos y exigir una vuelta a la calma.
En la noche del viernes al sábado,
unos 900 vehículos resultaron destruidos por el fuego a causa
de los altercados en los que fueron detenidas más de 250
personas.
En
total son más de 2.200 los vehículos incendiados y
más de 500 los detenidos desde el inicio de los disturbios
por la muerte de dos adolescentes, electrocutados en un transformador
eléctrico donde se habían escondido, aparentemente
porque se creían perseguidos por la policía.
EFE |