Se
trata de las "Cartas de Seguridad Nacional" ("National
Security Letters", NSL), autorizadas dentro de la ley antiterrorista
promulgada tras los atentados de 2001 y que permiten a la policía
federal (FBI) recabar toda clase de información personal
de los estadounidenses sin permiso de los tribunales.
Los
excesos del FBI en el uso de esos documentos han sido criticados
por grupos defensores de los derechos civiles, que temen que, bajo
el paraguas de la lucha global de EEUU contra el terrorismo, nadie
escape a la mirada, o vigilancia absoluta del "Gran Hermano"
profetizado por el escritor George Orwell.
El
asunto cobra importancia nacional ya que el Congreso de EEUU debe
aprobar un proyecto de ley que renueva la denominada "Ley Patriota",
que amplió el uso de las NSL e incluye, además, 16
polémicas cláusulas que vencen a fines de este año.
En
132 páginas, la "Ley Patriota" amplió las
facultades del Gobierno para vigilar, detener o deportar a sospechosos
de terrorismo, y amplió a cualquier ciudadano las NSL, una
figura administrativa de los años 70 que el FBI utilizó
inicialmente para acceder a los expedientes privados de presuntos
agentes extranjeros.
Ahora,
mediante la sección 505 de esa ley, el FBI puede recurrir
a esas cartas para vigilar las comunicaciones, los historiales médicos
y financieros, así como otros datos privados de todo estadounidense
y visitante en el país.
Estos
documentos permiten que los agentes del FBI puedan acceder, sin
el conocimiento o consentimiento de los afectados, a información
como cuentas bancarias, sitios visitados en Internet, correspondencia
electrónica o libros prestados de una biblioteca, entre otros.
Todos
estos archivos son depositados en varios bancos de datos del Gobierno,
que puede compartirlos con otras entidades a su antojo, informó
hoy el diario "The Washington Post", al detallar varios
casos del exceso policial.
Citando
fuentes gubernamentales, el rotativo indicó que el FBI ahora
emite cada año más de 30.000 "Cartas de Seguridad
Nacional", que no requieren el visto bueno de fiscal, juez
o jurado.
El
Gobierno logró derrotar un proyecto de ley y una demanda
judicial que exigía una rendición de cuentas sobre
el uso de esas cartas "y no ha ofrecido ejemplo alguno sobre
cómo el uso de éstas ha contribuido a frenar algún
complot terrorista", aseguró el diario.
Antes, el FBI debía ofrecer razones específicas para
justificar su acceso a datos confidenciales -por ejemplo, que se
trata de un presunto espía o terrorista-, pero ahora sólo
debe certificar que los archivos son "relevantes" para
la lucha contra el terrorismo.
Si
en teoría las NSL ayudan a capturar terroristas, en la práctica,
estas prácticas permiten que el FBI investigue a cualquier
persona que por azar se haya cruzado con un sospechoso.
Grupos
como la Unión de Libertades Civiles de EEUU (ACLU) han advertido
que el uso de las NSL es "antidemocrático", viola
la privacidad de las personas y puede afectar a gente inocente.
"El
secretismo en torno a esta ley ha impedido que el público
y hasta el Congreso se enteren de cómo el FBI está
utilizando sus nuevos poderes", se quejó esta semana
Ann Beeson, una abogada de la ACLU.
Las
quejas también vienen del sector privado, ya que muchas empresas
y asociaciones han dicho que las exigencias del Gobierno para obtener
cada vez más un mayor volumen de información de los
ciudadanos les suponen una carga.
El
Departamento de Justicia -que ha ofrecido al Congreso poca información
sobre el uso y alcance de las NSL- y algunos legisladores republicanos
han defendido la vigilancia clandestina del FBI, con el argumento
de que "el que no las debe, no las teme". EFE
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