Una
de las principales armas electorales son las "maras" (pandillas),
que según las autoridades son responsables de gran parte
de la violencia que sufren los hondureños, y que el Gobierno
de Ricardo Maduro no ha podido erradicar aunque prometió
hacerlo.
El candidato presidencial oficialista,
Porfirio Lobo, presidente del Parlamento hondureño, ha retomado
esa promesa y centra su campaña en el combate contra estas
bandas de delincuentes juveniles lo que simboliza con un puño
cerrado en señal de fuerza.
Lobo acusa a su rival liberal, Manuel
Zelaya, de apoyar a las pandillas y asegura que un triunfo del partido
opositor será también una victoria de la "Mara
Salvatrucha", una de las más violentas.
Zelaya rechaza las acusaciones de
Lobo, dice que él sí combatirá a las pandillas
y señala que la violencia ha aumentado porque fracasó
la política del "Gobierno Maduro-Lobo" contra ellas.
El candidato liberal también
pide a los hondureños "castigar" con su voto al
Gobierno de Maduro por su "mala" gestión.
Lobo basa sus acusaciones contra
Zelaya en que éste ha dicho que suavizaría una reforma
legal que en 2003 estableció, entre otras penas, 20 años
de cárcel contra jefes de pandillas únicamente por
ese cargo.
Dirigentes y activistas del Partido
Nacional realizaron el 15 de noviembre una marcha en Tegucigalpa
para criticar a Zelaya y a magistrados de la Corte Suprema de Justicia
que cuestionan las penas contra las maras porque supuestamente son
inconstitucionales.
Autoridades y organismos no gubernamentales
tienen grandes diferencias sobre el número de miembros de
las pandillas en Honduras.
Mientras sectores no gubernamentales
sitúan el número entre 40.000 y 60.000, Maduro dice
que podrían ser sólo unos 5.000.
Lobo también propugna la
pena de muerte contra los culpables de delitos atroces, aunque Honduras
la suprimió en 1957 y es signatario de convenios internacionales
que la prohíben.
La confrontación entre oficialistas
y liberales también tiene su lado ideológico, con
la acusación de Lobo contra Zelaya de estar vinculado al
ex presidente de Nicaragua (1985-1990) y líder sandinista,
Daniel Ortega, lo que el opositor hondureño rechaza.
Lobo
arguye que Zelaya y Ortega usan en sus campañas electorales
la frase "poder ciudadano", a la que da tinte izquierdista.
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Pero
la campaña para las próximas elecciones carece
de propuestas claras para resolver los problemas más
graves de Honduras.
Los
planteamientos y propuestas de los candidatos presidenciales
"no logran articularse en ejes como la democracia, el
desarrollo, género y políticas públicas",
dijo un informe del Centro de Investigación y Promoción
de los Derechos Humanos (CIPRODEH).
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Lamentó
que temas como "transparencia y corrupción, derechos
humanos, seguridad ciudadana, narcotráfico, libre comercio,
jóvenes, mujeres, migración y el agroforestal no sean
asumidos de manera integral y tratados en profundidad dentro del
discurso y mensaje electoral por los candidatos".
La campaña muestra "unos
niveles de confrontación que han venido en aumento",
añadió el CIPRODEH, un organismo privado que da seguimiento
al proceso electoral, e indicó que ambos partidos mayoritarios
cometen "incumplimientos" de la Ley Electoral.
Aunque la ley lo prohíbe,
los partidos Nacional y Liberal han publicado encuestas en las que
cada uno asegura llevar la ventaja, sin que el Tribunal Supremo
Electoral (TSE) haya sancionado a esos colectivos ni a los medios
que difundieron los sondeos.
Los aspirantes a diputados por primera
vez hacen campaña personal porque en estos comicios el votante
podrá elegir a candidatos de distinto partido o bien votar
por la lista de una sola fuerza política.
Los otros candidatos presidenciales
son Carlos Sosa Coello (Partido Innovación y Unidad- Social
Demócrata), Juan Ramón Martínez (Democracia
Cristiana) y Juan Almendares (Unificación Democrática,
izquierda). EFE
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