Primero
está la suposición de que, siendo la inseguridad un
fenómeno social que va cada vez más en aumento y amenaza
a la totalidad de la población, la tesis de “mano dura”
tiene la solución y por ello puede darse una respuesta favorable
por parte de los electores. De esta tesis hay que decir que está
cocida con la política mediática del terror; la de
hacerle creer constantemente a la población que está
en un callejón sin salida, amenazada de muerte por una minoría
(menos de uno por ciento de la población) de antisociales
que ha hecho estallar su resentimiento de varias generaciones para
matar sin discriminación y que solamente un gobierno autoritario
va a permitir que “las ventanas y las puertas estén
siempre abiertas”; aunque tal utopía signifique un
retroceso de medio siglo, en la calle que va hacia el culto de la
personalidad y a la más cruda expresión del “encierro,
destierro, entierro”. Aparentemente, el asesor de ese partido
cómplice, Mark Klugman, ha copiado la fórmula que
cedió el voto de la reelección al presidente norteamericano
Bush con la ayuda de la derecha religiosa y los ultra conservadores.
Se
asume que el hambre y la corrupción siempre han estado aquí
por la voluntad de Dios y pueden seguir durante otro par de siglos
con la ayuda e indiferencia de los cómplices; mas la inseguridad
es novedosa y con apenas una década ya amenaza también
a las clases poderosas. En ese mismo lado está la suposición
de que el “poder ciudadano”, de los liberales, no signifique
otra cosa que el gobierno cómplice de las mismas clases y
familias privilegiadas de siempre, con los mismos métodos
y la misma clientela política; pero que accedería
al poder porque ya nadie quiere saber nada del partido que gobierna,
del cual ha sido cómplice durante cuatro años el presidente
del Congreso, el actual candidato del guantelete medieval. Allí,
se dice, es donde viene el voto de castigo, como se da en los países
que tienen algo de cultura electoral.
No
obstante, hay un hecho concreto que viene de las recientes elecciones
primarias de esos mismos partidos: la abstención subió
y aparecieron los indecisos en una maquinaria que casi nunca los
ha tenido. ¿Será que desde dentro se aprecia más
el olor acre de la podredumbre? Un fenómeno nuevo sería
que el “voto de castigo” se diera desde los mismísimos
“correligionarios” contra sus propios candidatos.
(1)
Dicho por un escritor extranjero, de visita en Honduras, al escritor
Víctor Meza.
Los
partidos pequeños aparecen también con camisa nueva:
El Demócrata Cristiano, con un candidato que ya prestó
sus “servicios” en la estructura del poder -fue ministro
director del INA-; que se esfuerza con cierta timidez por separar
la cáscara de la pulpa y, cada vez que puede, niega que desee
seguir con la imagen de entreguismo y supina ambición personalista
que caracteriza a su cómplice partido, como en la actualidad.
El PINU, con un candidato que estuvo en el filo de la oportunidad
de denunciar el gran tinglado en el que actúa Honduras como
narcoestado -según la tesis de “la embajada”-
y no lo hizo (cuando fue presidente de la Comisión de lucha
contra el Narcotráfico); tiene, empero, el beneficio de la
duda, aunque sea desde la cómplice y timorata opción
socialdemócrata. Y Unificación Democrática,
cuyos pleitos en una primarias a las que ni siquiera fueron, dejaron
la impresión de que “gordos”, “flacos”
y “tullidos” –como llamó la derecha a las
corrientes de izquierda activas en los decenios de los sesenta,
setenta y ochenta- todavía enarbolan las mismas banderas
y se gastan gastados discursos seudo idealistas. Pero ese partido
ha demostrado, con sus diputados en el Congreso Nacional, que no
sólo tienen voz las aplanadoras de los partidos tradicionales
(aunque éstos terminen teniendo todos los votos amañados)
y han hecho méritos indiscutibles. Su candidato, un prestigioso
médico investigador con más de cuarenta años
de su vida en las luchas por los derechos humanos, la ecología
y anti-transnacionales está muy seguro de marcar diferencias
sorpresivas en la próxima contienda. El hecho de que este
hombre haya decidido no recibir un centavo de la llamada “deuda
política” y se mueva con sus propios recursos por sitios
del país en los que aparentemente es muy apreciado y conocido
así lo indica.
Pero
todavía Honduras, en su totalidad, parece no tener salida
en aspectos que ha venido arrastrando de manera ominosa:
1.-El
clientelismo político. Que conforma una red y complicada
trama de nepotismo y corrupción.
2.-La
sumisión y vergüenza de poderes del Estado como el Judicial.
Que han hecho posible no la creencia, sino la certeza, de que Honduras
está gobernada por una nueva clase de corruptos con la que
se duerme en el mullido colchón del narcotráfico internacional.
(¿De dónde sale, dígasenos, tanto dinero para
la campaña electoral?)
3.-La
falta de cultura electoral. Que permite que adefesios como el llamado
“voto en plancha” o “voto duro” –con
sólo votar en la foto del candidato presidencial se vota
por todos sus diputados- vuelvan cada vez más folclórico
el baile de la democracia.
4.-La
falta de planes de gobierno claros y precisos que tengan acciones
de corto y mediano plazo en contra de la exasperante miseria, la
más baja autoestima de la población, su impotencia
y su desesperanza.
5.-La
falta absoluta de programas que ataquen las causas de la violencia
diaria, la inseguridad y la delincuencia común; sustituidas
en la actualidad por sangrientas estrategias de exterminio de la
juventud marginada.
6.-La
impunidad de las maras de cuello blanco, a las que a menudo se ofrece
cartas de libertad en serie por cargos de corrupción que
han sido comprobados con fotografías y todo en los medios
de comunicación.
7.-El
tráfico de las influencias, por nexos familiares y de compadrazgo
entre las altas esferas de los dos partidos tradicionales y sus
cómplices y adláteres.
8.-Los
todavía incipientes esfuerzos de organización y poder
de la Sociedad Civil (todo lo que no es oficial), debilitados por
su aparente fraccionamiento y su no muy lejana tendencia a ser portavoz
de las consignas del Banco Mundial.
9.-La
permanente situación de la prensa, en sumisión con
los intereses de los dueños de medios y el surgimiento alarmante
de un periodismo de orilla en la prensa escrita y de alcantarilla
en los medios electrónicos. (2
10.-La
actual dispersión de fuerzas y pensamiento progresistas,
su indiferencia y acomodamiento a los avatares del oportunismo y,
claro, la complicidad.
Nada
está dicho, no obstante. Pueblos aparentemente estúpidos
que se supone “tienen el gobierno que se merecen” han
dado lecciones de dignidad y valentía, de manera rápida,
sorpresiva y contundente en muchas partes del planeta. Mientras
el universo observa.
(2)
Calificativos del autor.
Noviembre, 2005.
*Escritor.
eldaguerro@gmail.com
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