HONDURAS, ELECCIONES:
Entre el pesimismo comprobado y el optimismo esperado
Eduardo Bähr *
   
  • Cada uno tiende su retrato al otro, y el otro se mira en el cristal. Gèraldy
27 de noviembre de 2005
A tan pocos días de las elecciones generales en este “país de cómplices” (1), la situación está cada vez más oscurecida por las desesperadas encuestas que los partidos políticos tradicionales, el Nacional y el Liberal, pagan con los recursos de la población. Los encuestadores dan como triunfador, con exagerada ventaja porcentual, por supuesto, a su proveedor de dinero rápido. Al mismo tiempo que sobra una propaganda bastante
estúpida se ha recrudecido el insultofácil y las denuncias sobre corrupción, veladas por la generalización que hace imposible dirimir y mucho menos castigar a los que están tejiendo siempre la red. Pese a lo anterior, hay asideros desde los cuales el observador atento puede proponer resultados previsibles, más menos que más.

 

Primero está la suposición de que, siendo la inseguridad un fenómeno social que va cada vez más en aumento y amenaza a la totalidad de la población, la tesis de “mano dura” tiene la solución y por ello puede darse una respuesta favorable por parte de los electores. De esta tesis hay que decir que está cocida con la política mediática del terror; la de hacerle creer constantemente a la población que está en un callejón sin salida, amenazada de muerte por una minoría (menos de uno por ciento de la población) de antisociales que ha hecho estallar su resentimiento de varias generaciones para matar sin discriminación y que solamente un gobierno autoritario va a permitir que “las ventanas y las puertas estén siempre abiertas”; aunque tal utopía signifique un retroceso de medio siglo, en la calle que va hacia el culto de la personalidad y a la más cruda expresión del “encierro, destierro, entierro”. Aparentemente, el asesor de ese partido cómplice, Mark Klugman, ha copiado la fórmula que cedió el voto de la reelección al presidente norteamericano Bush con la ayuda de la derecha religiosa y los ultra conservadores.

Se asume que el hambre y la corrupción siempre han estado aquí por la voluntad de Dios y pueden seguir durante otro par de siglos con la ayuda e indiferencia de los cómplices; mas la inseguridad es novedosa y con apenas una década ya amenaza también a las clases poderosas. En ese mismo lado está la suposición de que el “poder ciudadano”, de los liberales, no signifique otra cosa que el gobierno cómplice de las mismas clases y familias privilegiadas de siempre, con los mismos métodos y la misma clientela política; pero que accedería al poder porque ya nadie quiere saber nada del partido que gobierna, del cual ha sido cómplice durante cuatro años el presidente del Congreso, el actual candidato del guantelete medieval. Allí, se dice, es donde viene el voto de castigo, como se da en los países que tienen algo de cultura electoral.

No obstante, hay un hecho concreto que viene de las recientes elecciones primarias de esos mismos partidos: la abstención subió y aparecieron los indecisos en una maquinaria que casi nunca los ha tenido. ¿Será que desde dentro se aprecia más el olor acre de la podredumbre? Un fenómeno nuevo sería que el “voto de castigo” se diera desde los mismísimos “correligionarios” contra sus propios candidatos.

(1) Dicho por un escritor extranjero, de visita en Honduras, al escritor Víctor Meza.

Los partidos pequeños aparecen también con camisa nueva: El Demócrata Cristiano, con un candidato que ya prestó sus “servicios” en la estructura del poder -fue ministro director del INA-; que se esfuerza con cierta timidez por separar la cáscara de la pulpa y, cada vez que puede, niega que desee seguir con la imagen de entreguismo y supina ambición personalista que caracteriza a su cómplice partido, como en la actualidad. El PINU, con un candidato que estuvo en el filo de la oportunidad de denunciar el gran tinglado en el que actúa Honduras como narcoestado -según la tesis de “la embajada”- y no lo hizo (cuando fue presidente de la Comisión de lucha contra el Narcotráfico); tiene, empero, el beneficio de la duda, aunque sea desde la cómplice y timorata opción socialdemócrata. Y Unificación Democrática, cuyos pleitos en una primarias a las que ni siquiera fueron, dejaron la impresión de que “gordos”, “flacos” y “tullidos” –como llamó la derecha a las corrientes de izquierda activas en los decenios de los sesenta, setenta y ochenta- todavía enarbolan las mismas banderas y se gastan gastados discursos seudo idealistas. Pero ese partido ha demostrado, con sus diputados en el Congreso Nacional, que no sólo tienen voz las aplanadoras de los partidos tradicionales (aunque éstos terminen teniendo todos los votos amañados) y han hecho méritos indiscutibles. Su candidato, un prestigioso médico investigador con más de cuarenta años de su vida en las luchas por los derechos humanos, la ecología y anti-transnacionales está muy seguro de marcar diferencias sorpresivas en la próxima contienda. El hecho de que este hombre haya decidido no recibir un centavo de la llamada “deuda política” y se mueva con sus propios recursos por sitios del país en los que aparentemente es muy apreciado y conocido así lo indica.

Pero todavía Honduras, en su totalidad, parece no tener salida en aspectos que ha venido arrastrando de manera ominosa:

1.-El clientelismo político. Que conforma una red y complicada trama de nepotismo y corrupción.

2.-La sumisión y vergüenza de poderes del Estado como el Judicial. Que han hecho posible no la creencia, sino la certeza, de que Honduras está gobernada por una nueva clase de corruptos con la que se duerme en el mullido colchón del narcotráfico internacional. (¿De dónde sale, dígasenos, tanto dinero para la campaña electoral?)

3.-La falta de cultura electoral. Que permite que adefesios como el llamado “voto en plancha” o “voto duro” –con sólo votar en la foto del candidato presidencial se vota por todos sus diputados- vuelvan cada vez más folclórico el baile de la democracia.

4.-La falta de planes de gobierno claros y precisos que tengan acciones de corto y mediano plazo en contra de la exasperante miseria, la más baja autoestima de la población, su impotencia y su desesperanza.

5.-La falta absoluta de programas que ataquen las causas de la violencia diaria, la inseguridad y la delincuencia común; sustituidas en la actualidad por sangrientas estrategias de exterminio de la juventud marginada.

6.-La impunidad de las maras de cuello blanco, a las que a menudo se ofrece cartas de libertad en serie por cargos de corrupción que han sido comprobados con fotografías y todo en los medios de comunicación.

7.-El tráfico de las influencias, por nexos familiares y de compadrazgo entre las altas esferas de los dos partidos tradicionales y sus cómplices y adláteres.

8.-Los todavía incipientes esfuerzos de organización y poder de la Sociedad Civil (todo lo que no es oficial), debilitados por su aparente fraccionamiento y su no muy lejana tendencia a ser portavoz de las consignas del Banco Mundial.

9.-La permanente situación de la prensa, en sumisión con los intereses de los dueños de medios y el surgimiento alarmante de un periodismo de orilla en la prensa escrita y de alcantarilla en los medios electrónicos. (2

10.-La actual dispersión de fuerzas y pensamiento progresistas, su indiferencia y acomodamiento a los avatares del oportunismo y, claro, la complicidad.

Nada está dicho, no obstante. Pueblos aparentemente estúpidos que se supone “tienen el gobierno que se merecen” han dado lecciones de dignidad y valentía, de manera rápida, sorpresiva y contundente en muchas partes del planeta. Mientras el universo observa.

(2) Calificativos del autor.
Noviembre, 2005.
*Escritor.

eldaguerro@gmail.com

 
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