En un
discurso en la base aérea de Davis-Monthan, Bush afirmó
que "EEUU siempre ha sido un país compasivo que aprecia
al recién llegado y que se enorgullece de su herencia inmigrante.
También somos un país que se basa en el mandato de
la ley y quienes entran en el país ilegalmente violan la
ley".
"Los ciudadanos no deberían
tener que elegir entre una sociedad acogedora y una sociedad respetuosa
de la ley. Podemos tener las dos cosas al mismo tiempo", señaló
Bush.
Aunque la Casa Blanca había
promocionado el plan como una estrategia exhaustiva e innovadora
en el problema de la inmigración ilegal, el presidente no
proporcionó detalles nuevos sobre un programa que ya había
planteado en ocasiones anteriores.
"Vamos a endurecer el cumplimiento
de nuestras leyes de inmigración, vamos a asegurar la frontera
para impedir cruces ilegales y, junto con el Congreso, vamos a crear
un programa de trabajadores temporales que restará presión
a la frontera, sacará de las sombras a los trabajadores y
rechazará una amnistía", dijo Bush.
El plan tiene, explicó, tres
partes. La primera es "devolver de inmediato a cada inmigrante
ilegal que atrapemos en la frontera, sin excepciones".
Dentro de este programa, destacó,
EEUU ha puesto en marcha con las autoridades mexicanas un plan de
"repatriación interna" para devolver a su localidad
de origen a los cerca de 900.000 indocumentados de ese país
que se detienen cada año, que hace más difícil
que intenten volver a cruzar.
También va a dotar de más
camas a los centros de detención para los inmigrantes indocumentados
no mexicanos, muchos de los cuales quedan libres por falta de espacio.
La segunda parte del plan es endurecer
los controles fronterizos y las leyes sobre inmigración,
así como fortalecer la vigilancia -mediante un aumento del
personal y de los medios- para impedir que la gente cruce hacia
EEUU de manera ilegal.
Pero la propuesta de Bush también
prevé la creación de un programa de trabajadores temporales,
que podrían desempeñar sus tareas de manera legal
durante un tiempo determinado antes de tener que regresar a su país
de origen.
El plan, aseguró el presidente,
pretende "atender las exigencias de una economía que
crece y permitir a trabajadores honrados que lleven el pan a sus
familias respetando la ley".
Se calcula que cerca de once millones
de trabajadores indocumentados en EEUU podrían beneficiarse
de ese programa, que les permitiría permanecer en el país
durante un máximo de seis años.
La propuesta de Bush pretende contentar,
por un lado, a los conservadores que exigen "mano dura"
contra la inmigración ilegal, y por el otro, a los empresarios
que demandan una vía para que se cubran unos puestos de trabajo
que los estadounidenses no quieren.
También pretende apelar a
una comunidad hispana cada vez más numerosa y que puede tener
un voto decisivo en las elecciones del año próximo
en el Congreso, cuando se renovará toda la Cámara
de Representantes y un tercio del Senado.
Los conservadores alegan que el
plan de Bush representa una amnistía enmascarada que recompensa
a los inmigrantes indocumentados, mientras que legisladores como
el senador demócrata Harry Reid le han instado a "enfrentarse
al ala derechista de su partido" porque el endurecimiento de
las fronteras por sí solo no es suficiente para hacer frente
al problema.
En su discurso, Bush reconoció
que hay posiciones encontradas: "hay muchas opiniones sobre
esta propuesta, lo entiendo. Pero la gente tiene que reconocer que
no podremos hacer cumplir de manera efectiva nuestras leyes de inmigración
hasta que creemos un programa de trabajadores temporales".
La Cámara de Representantes
tiene previsto atajar la cuestión de la seguridad de las
fronteras pronto y dejar para después el programa de trabajadores,
mientras que el Senado estudiará una reforma más amplia
en febrero.
Cerca
de un millón de inmigrantes indocumentados tratan de cruzar
cada año la frontera con México para entrar en EEUU.
Centenares mueren durante el viaje. EFE
|