Al cierre
de la temporada, una tormenta está azotando las islas Canarias
y otra está surgiendo en el medio del Atlántico.
Con éstas, son 26 las tormentas
tropicales que han recibido un nombre este año, rompiendo
el récord anterior de 21.
Tan numerosos han sido los ciclones
que, luego de que se agotaran todas las letras permitidas del alfabeto
romano, los meteorólogos se vieron obligados a recurrir a
letras griegas: la última tormenta se llama Epsilon.
El huracán Katrina, que azotó
el sur de Estados Unidos a finales de agosto, fue el desastre natural
más costoso en la historia de ese país.
Wilma, hace apenas un mes, fue brevemente
el huracán más intenso del Atlántico desde
que se tienen estadísticas.
El número de tormentas que
llegaron a ser huracanes fueron 13, una más que el récord
anterior.
También hubo tres huracanes
de categoría cinco en una sola temporada: otra marca.
¿Calentamiento
global?
Se
especula que el incremento de la actividad de los huracanes está
relacionado con el calentamiento global: dos artículos científicos
este año han vinculado su intensidad al cambio climático.
Sin embargo, los especialistas de
la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica
insisten en que todo se debe a factores convencionales: la temperatura
de las superficies marinas subió dos o tres grados, lo que
alimentó la furia de los huracanes, y los vientos favorables
de gran altitud los impulsaron.
Pero eso no es consuelo a corto
plazo: ellos advierten que si el ciclo de huracanes continúa
como han predicho, durante muchos años veremos altos niveles
de actividad de huracanes y muchos de ellos tocarán tierra
provocando un gran número de muertes.
Roland
Pease
BBC, Especialista en Ciencia
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