"Los
que entran en este país ilegalmente violan la ley",
dijo Bush en su discurso radiofónico semanal, en el que apuntó
que el fenómeno está relacionado con la existencia
de traficantes y otros grupos delictivos que aumentan la criminalidad
en EEUU.
"Ante
ese serio desafío, la responsabilidad de nuestro gobierno
es clara. Vamos a proteger nuestras fronteras", aseguró
el inquilino de la Casa Blanca.
Sus
declaraciones se suman a las pronunciadas el lunes en Arizona, donde
el presidente estadounidense dio a conocer los detalles de su plan
para atajar la inmigración ilegal, un debate que gana intensidad
en todo el país y que según los expertos será
clave en las elecciones legislativas del 2006.
"Las
legislativas sirven para poner a prueba los temas claves de las
elecciones presidenciales", según Jennifer Duffy, analista
del centro independiente Cook Political Report, quien cree que la
inmigración centrará los comicios de noviembre del
2006.
Un
sondeo reciente del Centro Pew de Investigación demuestra
que el tema está muy presente entre el electorado.
El
51 por ciento de los encuestados aseguró que reducir la inmigración
ilegal debería de ser una de las "principales prioridades"
de los gobernantes, por encima del 42 por ciento que respondió
lo mismo en 1997.
Sólo
el 39 por ciento de los republicanos encuestados respaldaron la
gestión migratoria de Bush.
Con
su nuevo plan, que tendrá que recibir todavía el visto
bueno del Congreso, Bush deja claro a las bases de su partido que
está dispuesto a atajar una situación que muchos republicanos
consideran problemática.
El
consenso de los analistas apunta que en hay entre ocho y 11 millones
de indocumentados en EEUU.
Para
impedir que el número siga creciendo, y tener un mayor control
sobre los ya afincados en el país, Bush propone cuatro grandes
líneas de actuación.
La
primera implica la deportación, "sin excepciones",
de todos los indocumentados capturados en las fronteras.
En
el caso de México, EEUU dice querer implementar un nuevo
programa que implicaría la deportación de las personas
arrestadas a sus ciudades de origen, en lugar de dejarlas en la
frontera, lo que "haría más difícil"
otro nuevo intento.
El
segundo pilar de la reforma buscaría cambios en la actual
legislación, entre ellos alterar la disposición que
obliga a EEUU a liberar a aquellos indocumentados que sus países
de origen se nieguen a aceptarlos de vuelta en un periodo determinado
de tiempo.
La
tercera medida busca redoblar la presencia policial en las fronteras
y la construcción de barreras físicas que desalienten
la entrada de ilegales.
A
esa se suma una última y polémica cuarta propuesta:
la de crear un programa de trabajadores temporales al que supuestamente
se apuntarían los indocumentados residentes en EEUU y que
implicaría el regreso definitivo de estos a sus países
tras unos seis años.
Muchos
observadores señalan que resulta difícil creer que
los millones de indocumentados vayan a apuntarse a un programa que
eventualmente conduciría a su deportación.
Se
espera que la Cámara de Representantes realice una votación
este mes sobre un proyecto de ley para reforzar la seguridad fronteriza
y disminuir la inmigración ilegal.
Además,
el Senado podría someter a votación durante los próximos
meses varias legislaciones migratorias.
Las
propuestas han alimentado la tensión entre republicanos y
demócratas y podrían restar apoyo a Bush entre los
votantes latinos, la comunidad de mayor crecimiento demográfico
en EEUU.
El
presidente del Partido Demócrata, Howard Dean, fue uno de
los primeros en salir a la palestra para criticar el plan de Bush
al acusar esta semana al presidente de permitir que "el ala
extremista contraria a la inmigración del Partido Republicano
domine el debate sobre la reforma migratoria". EFE
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