Tras
un detallado chequeo, se le hizo a la paciente una radiografía
que demostró la existencia de un cuerpo ajeno en el vientre
y se decidió operarla.
En
la intervención quirúrgica, los médicos se
quedaron estupefactos al encontrar unas pinzas quirúrgicas
de 15 centímetros de largo.
Resultó
que en 1979 durante una estancia en la antigua Unión Soviética,
la mujer fue operada de urgencia de una crisis aguda de peritonitis
y, por lo visto, en aquella intervención las pinzas fueron
olvidadas en su vientre.
Según
los médicos que sacaron el instrumento, es todo un milagro
que durante 26 años la mujer no tuviera mayores problemas,
sino únicamente dolores esporádicos.
Esto
podría explicarse con el hecho de que las pinzas quirúrgicas
son un instrumento liso y aséptico, pero así y todo,
no deja de sorprender que un objeto metálico de esta forma
y tamaño estuviera durante tanto tiempo en el organismo de
una persona sin provocar complicaciones, comentan los cirujanos
búlgaros. EFE
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