Estados
Unidos, indiscutible potencia "unipolar" del capitalismo dominante,
no es una excepción en la materia. Su abrumante superioridad tecnológica-científica-militar
está (como estuvo el poder militar de otros imperios) al servicio
de la expansión económica-planetaria de sus bancos y trasnacionales.
El concepto
de "capitalismo transnacional" significa en la era informática,
la presencia de un "capitalismo sin fronteras" asentado en
dos pilares fundamentales: la especulación financiera informatizada
(con asiento territorial en Wall Street) y la tecnología militar-industrial
de última generación (cuya expresión máxima
de desarrollo se concentra en el Complejo Militar Industrial de EEUU).
El modelo,
impulsado en la década del 90 por el llamado Consenso de Washington,
respondía a un nuevo proyecto estratégico de desarrollo
y acumulación expansiva del capitalismo financiero transnacional,
en la era de las comunicaciones digitales.
La combinación
interactiva de las redes informáticas, el sistema satelital y
las telecomunicaciones, posibilitaron la era de los mercados informatizados
y sin fronteras.
Así
nació la era de la globalización financiera. La industria
del dinero especulativo en alta escala. El dinero como productor de
dinero. Circulando sin barreras. El dinero como un producto en sí
mismo. El dinero informático. Reproduciéndose a velocidades
increíbles a través de los continentes.
De esta
manera se consumó el proceso de acumulación y concentración
capitalista más asombroso de toda la historia. La llamada burbuja
financiera o "exuberancia irracional". Con base territorial
y operativa en Wall Street.
Como prueba
más fehaciente: el índice Dow Jones tardó 100 años
en alcanzar los 5000 puntos. Y en solo 3 años superó la
barrera de los 10.000 puntos, en la década del 90.
En Wall
Street, el templo supremo del dinero sin fronteras, se cotizan anualmente
títulos, bonos y acciones por 12 billones de dólares.
Casi el equivalente a 2 veces el PBI anual de 180 países en vías
de desarrollo.
Es dinero
volátil. Reproduciéndose y concentrándose a escala
planetaria. Pero con un punto de regreso y refugio preciso: la Reserva
Federal norteamericana. El capitalismo no tiene fronteras. Pero el dólar,
su moneda patrón, solo atiende en EE.UU.
La combinación
del superpoder militar de Estados Unidos con el superpoder económico-financiero
de Wall Street, dió como resultante el imperio único,
cuyo radio de influencia y dominio abarca a 121 países en los
cuales Estados Unidos tiene presencia directa o influencia militar en
estos momentos.
Siempre
existió una relación concreta entre las guerras de EEUU,
el petróleo, la venta de armas, y la expansión del poder
capitalista global concentrado en Wall Street y en las metrópolis
financieras europeas.
Puede decirse,
contradiciendo la opinión de algunos analistas, que no existe
un capitalismo petrolero-armamentista por un lado, o un capitalismo
bancario-financiero por el otro.
Ambos
son la cara de una misma moneda. En las guerras como en la "pax"
del imperio, las petroleras, el complejo militar-industrial y la catedral
financiera de Wall Street funcionan desigual y combinadamente encuadrados
en un mismo objetivo: la búsqueda de expansión y acumulación
de la ganancia capitalista a escala planetaria.
El complejo
entramado de "vasos comunicantes" entre el capitalismo financiero,
tecnológico, industrial, de servicios, informático y comunicacional
revela un grado increíble de concentración, diversificación,
e intereses comunes de las megacorporaciones transnacionales que se
dividen el planeta como un gran mercado.
Tanto las
"cuatro grandes" contratistas del complejo militar-industria
(Lockheed Martin, Boeing, Raytheon, General Dynamics), como las "cuatro
hermanas" (Exxon-Mobil, Chevron-Texaco, Royal Dutch Shell y BP)
que monopolizan la extracción y comercialización del petróleo
a escala mundial, cotizan sus acciones y se capitalizan en la bolsa
de Wall Street.
Y como
ya sucedió en Yugoslavia, en Afganistán, y ahora está
sucediendo en Irak, detrás de los aviones, los tanques, y las
"bombas inteligentes" siempre llega un ejército de
lobbistas, consultores y representantes de los bancos y grupos de inversión
de Wall Street dispuestos a "invertir" en la reconstrucción
de las infraestructuras e instalaciones destruidas por los bombardeos.
Detrás
de cada cada guerra, están los fabricantes de armas que extraen
su ganancia capitalista del billón de dólares anuales
destinados a los presupuesto militares. Están las petroleras
y gasíferas que explotan y regulan los mercados multimillonarios
del petróleo y la energía. Están los megabancos
y megagrupos de inversión de Wall Street (Citigroup, Goldaman
Sachs y J.P.Morgan-Chase) que embolsan fabulosas sumas "financiando"
las "recontrucciones" de los países arrasados por los
misiles y las bombas inteligentes.
Y también
las poderosas trasnacionales industriales como Ford o General Motors,
o los megaconsorcios de la electrónica y de la informática
como IBM o Microsoft, las líderes de la llamada "nueva economía"
y de la tecnología de última generación, que suscriben
contratos por miles de millones de dólares con el departamento
de Defensa de los Estados Unidos.
Todo este
complejo entramado de intereses capitalistas están entrelazados
entre sí por medio de fusiones, de accionistas y de estructuras
societarias anónimas, o por el simple hecho de compartir los
mismos directivos y accionistas.
Conforman
las redes del capitalismo globalizado, cuyas filiales y casas matrices
pueden estar en Europa, Asia, o en cualquier continente, pero sus redes
operativas centrales tienen su terminal en Wall Street o en el Complejo
militar-industrial de EE.UU.
Sus directivos
y gerentes son a su vez funcionarios del Estado, de la Justicia o del
Poder Judicial de la potencia hegemónica, y cuya función
en el cargo es la de hacer lobby en favor de los intereses de la red
de transnacionales que representan.
La ocupación
militar de Irak no es obra exclusiva de un grupo de halcones militaristas
mesiánicos en cabezados por W Bush. Ellos apenas representan
la parte gerencial-militar de un complejo entramado de intereses económicos
y financieros cuyos planes de conquista y expansión nunca se
detienen.
Las administraciones
de turno de Washington sólo representan su cara más brutal
y visible por medio de las cual se desvian las reales motivaciones de
explotación económica que conllevan las guerras por conquistas
territoriales del imperio americano.
Detrás
de la invasión y ocupación militar de Irak, están
los bancos, petroleras, gasíferas, fabricantes de armas, medios
de comunicación, tecnología aeroespacial, informática,
laboratorios, biotecnología, industria, construcción,
electrificadoras, y todo lo que existe en el mundo del capitalismo globalizado
y sin fronteras.
Es precisamente
la historia que no cuentan los "analistas" y corresponsales
de las cadenas internacionales de noticias que relatan la guerra y la
ocupación militar como si fuera un partido de fútbol entre
"buenos" y "malos".
Y con estructuras
mediáticas financiadas por avisos comerciales de las mismas multinacionales
que se benefician económicamente con las masacres cíclicas
de la maquinaria bélica norteamericana.
El
poder "locomotora" del Imperio
Es ingenuo
reducir el accionar del imperio angloamericano (potencia regente del
capitalismo a escala mundial) a una aventura de halcones-guerreristas-petroleros
nucleados en el gabinete de Bush.
Decir que
las guerras imperialistas son particularmente "petroleras",
o "armamentistas", o "financieras", es reducir la
comprensión del fenómeno capitalista como totalidad interactiva.
El capitalismo
trasnacional funciona como un proyecto totalizado.
No solamente
conquista militarmente y explota recursos naturales y mano de obra de
los países dominados. También somete financieramente,
maneja y legitima gobiernos títeres funcionales a sus intereses,
direcciona y modela conductas sociales mediante la prensa y los periodistas
cómplices, y nivela necesidades de consumo iguales a para todo
el planeta.
Los Cheney,
los Rice, o los Rumsfeld, o el propio W. Bush son simples ejecutores
de estrategias militaristas de Estado, cuyos objetivos reales se asientan
en las frías matemáticas capitalistas de los altos ejecutivos
de las transnacionales y los bancos de inversión de Nueva York
o de las metrópolis europeas.
Militarmente
EEUU se comporta como lo que es: la potencia regente unipolar, el Estado
imperial del capitalismo planetario, el gendarme armado del mundo explotador,
cuyo poder científico- económico- tecnológico-
militar supera al de todas las potencias juntas de Europa o de Asia.
La abrumante
supremacía militar y tecnológica de EE.UU. es tan funcional
y necesaria al capitalismo explotador, como la policía es necesaria
para proteger de sus víctimas al usurero.
Es imposible
pensar la explotación del hombre por el hombre realizada por
el capitalismo, sin el poder militar-tecnológico-imperial detrás.
Estadísticamente,
en el desarrollo histórico de todos los procesos imperialistas
de la humanidad, primero estuvo la conquista militar- territorial, luego
la conquista y el sometimiento económico, luego la colonización
cultural, y hoy, en la era de la informática y las comunicaciones
digitales, la colonización mediática, que cierra el círculo
de dominación en la cabeza del sometido.
Estados
Unidos es el dueño de la moneda patrón del mundo: el dólar
(el 80% de las transacciones internacionales se efectúan en esa
moneda). Es el propietario de la Reserva Federal, del Complejo militar-industrial
más poderoso del planeta, del poder tecnológico-informático
mundial situado en Silicon Valley, y del templo financiero de Wall Street
(la meca del capitalismo mundial).
Es el dueño
real del FMI, de la ONU, de la OTAN y de todas las instituciones multilaterales
de crédito. Su PBI anual es igual al de las nueve primeras potencias
capitalistas juntas, y equivale a la producción anual de más
de 180 países del área subdesarrollada del mundo.
Matemáticamente,
su poder representa entre el 50 y el 60% de todo lo que hay en el planeta,
y es el propietario del arsenal nuclear y militar más grande
del planeta (capaz de destruir decenas de veces la Tierra).
Y por si
eso no bastara, es el dueño de Hollywood y de las cadenas televisivas
y radiales más poderosas del planeta.
El desarrollo
expansivo del capital transnacional (industrial, tecnológico
o financiero) está atado al rol y al poder militar-guerrerista
del Estado imperial norteamericano.
La expansión
en el exterior de las corporaciones multinacionales se apoya en el arsenal
nuclear y en la maquinaria militar de la potencia regente.
El Estado
imperial locomotora, y los Estados "vagones" de sus socios
menores europeos, regulan los mercados, y protegen sus intereses en
el mundo dependiente protegidos por la maquinaria militar-guerrerista
de los halcones estadounidenses.
La fórmula
de la locomotora imperial y de sus socios (inestables) capitalistas
de Europa se resume en un axioma: libre mercado y destrucción
de los estados nacionales en el mundo dependiente, estado nacional y
proteccionismo estratégico hacia adentro de sus fronteras.
Nucleados
formalmente dentro de la OTAN, el gran Estado locomotora militar- imperial
de USA y sus países socios, protegen las estrategias conquistadoras
de sus transnacionales extendidas por toda la geografía dependiente
de Asia, Africa y América latina.
Un informe
del Financial Times de mayo de 2002, analiza que casi un 48% de las
mayores compañías y bancos en el mundo son de los EE.UU.
y un 30% son de la Unión Europea, sólo 10% son japoneses.
En síntesis,
casi 90% de las mayores corporaciones que dominan la industria, la banca,
y los negocios son estadounidenses, europeas o japonesas. Africa y América
Latina no figuran en la lista.
Cinco de
los 10 principales bancos, seis de las 10 principales compañías
farmacéuticas y/o biotecnológicas, cuatro de las 10 principales
compañías de telecomunicaciones, siete de las principales
compañías de tecnologías de la información,
cuatro de las principales compañías de petróleo
y gas, nueve de las 10 principales compañías de software,
cuatro de las 10 principales compañías de seguros y nueve
de las 10 principales compañías de comercio minorista,
son estadounidenses.
La concentración
de poder económico de los EE.UU. es aún más evidente
en el círculo de las mayores compañías, donde los
Estados Unidos tienen una abrumadora presencia y dominio.
Entre las
10 principales transnacionales del mundo: 90% son propiedad estadounidense;
de las principales 25, 72% son propiedad estadounidense; de las principales
50, 70% son estadounidenses y de las principales 100, 57% son propiedad
estadounidense.
Los flujos
de los sectores financiero, farmacéutico, de software y de seguros
están formados por las diez principales compañías
estadounidenses y europeas.
Los mercados
mundiales están divididos entre las principales 238 compañías
y bancos de los EE.UU. y las 153 de la Unión Europea, y el 80%
de las principales corporaciones de petróleo y de gas son propiedades
estadounidenses o europeas.
La concentración
del poder económico mundial en las corporaciones y bancos norteamericanos,
y en menor medida, en los de la Unión Europea, revela claramente
la condición de "socios principales" de los países
europeos en las estrategias económico-militares de EE.UU. por
todo el planeta.
Claves económicas de la conquista de Irak
Ninguna
administración de Washington inicia una guerra, sin el aval o
el consentimiento del poder real del capitalismo norteamericano con
asiento en Nueva York.
La maquinaria
política y administrativa del Estado imperial norteamericano
está en función de las necesidades expansivas de sus bancos
y trasnacionales. Los propios funcionarios, integrantes del Gabinete
o legisladores son empleados o altos directivos del poder económico.
Como ya
se dijo más arriba, el capitalismo petrolero o armamentista del
Pentágono, es parte integral y funcional del capitalismo financiero
con sede en Wall Street y en las metrópolis europeas.
Bush y
sus halcones militaristas, como lo fueron Clinton y su troupe bancaria,
son operadores circunstanciales de las necesidades estratégicas
de un capitalismo que, más allá de sus competencias internas
entre "halcones" y "moderados", funciona en una
interacción económica - militar totalizada.
Clinton,
Rubin, y el Consenso de Washington lanzaron la "burbuja financiera"
de libre mercado y capitalismo sin fronteras, pero también lanzaron
la invasión militar a Yugoslavia con el objetivo de expandir
el capitalismo hacia los ex países comunistas de Europa del Este.
Bush y
sus halcones petroleros representan una extensión, por otras
vías, de ese capitalismo transnacional que hoy ejercita una política
expansiva de doble vía por todo el planeta.
Por un
lado articulan sus estrategias capitalistas con gobiernos títeres
y democracias formales con las que legitiman sus negocios; por el otro,
el Estado militar-imperial y la CIA desestabilizan gobiernos rebeldes
o invaden países al más puro estilo de los imperios militares
más descarnados, como lo están haciendo en Irak.
En los
90 la especulación financiera obró como la fuerza motriz
principal de la ganancia capitalista, sobre todo en Asia y Latinoamérica.
Hoy la
conquista militar se dirige a los centros estratégicos del petróleo
y la energía, vitales para la supervivencia de la sociedad de
consumo norteamericana y del occidente capitalista.
Estos nuevos
polos de expansión y desarrollo capitalista son claves para la
superación del declive de la " burbuja" especulativa
del capitalismo financiero de los 90.
Las "
cuatro hermanas" del petróleo, o las cuatro contratistas
mayores del Complejo Militar Industrial norteamericano, son hermanas
siamesas de los bancos y grupos de inversión sintetizados en
el Citigroup o el Morgan-Chase.
El poder
económico, la base del Estado militar-imperial norteamericano,
se concreta en cifras estadísticas, en números, en los
dos billones de dólares del presupuesto de los Estados Unidos.
Billones de dólares aspirados principalmente por la explotación
financiera y la monumental transferencia de recursos desde los países
dependientes.
Este proceso
fue potenciado por el desmantelamiento de los Estados nacionales y de
sus legislaciones protectoras, realizado por el modelo de "libre
mercado" con apertura irrestricta de sus economías, que
dejaron a los Estados dependientes (Argentina como el caso más
extremo) sin el manejo de sus recursos y en manos de la voracidad del
capital financiero.
Hoy la
dinámica capitalista, con economías, tanto centrales como
dependientes, en crisis y en recesión, orienta nuevamente su
reactivación hacia el petróleo y el desarrollo de la tecnología
y la industria armamentista.
Desde la
última Guerra Mundial, el gasto
militar ha sido el instrumento privilegiado de la reactivación
del Estado imperial y de sus asociados.
El Complejo
militar-industrial con sus megaproyectos financiados por el capitalismo
de Wall Street, fue el motor principal de la reactivación económica
estadounidense.
La recuperación
norteamericana de 1982-90 se sostuvo en un incremento del 50% de los
gastos bélicos, que a su vez determinaron un salto de la deuda
pública de EE.UU., del 27% del PBI en 1980 al 63% en 1993.
En ese
lapso, EE.UU. llegó a invertir el 66% de su presupuesto de investigación
en el área militar, contra el 19% de Alemania y el 9% de Japón.
Con la
invasión y la ocupación de Irak nuevamente la reactivación
económica del imperio apuesta a la economía bélica
y a un avance de sus trasnacionales industriales y financieras montadas
en la invasión militar.
En este
proyecto estratégico, la conquista de Irak no está pensada
solamente en función del petróleo y de las armas.
La posesión
del petróleo iraquí obrará como fuente de inversión
de un nuevo proceso de acumulación a través de la "reconstrucción"
y la "modernización" del país después
de la destrucción militar.
Infraestructura,
carreteras, electrificación, construcción , entre otras,
conforman los sustentos básicos de gigantescos proyectos de inversión
provenientes de los megagrupos y megabancos de Wall Street y de Europa.
Como dicen
algunos patricios del capitalismo neoyorquino en la intimidad :"vamos
a construir un nuevo Iraq con el petróleo iraquí"
Con Irán
y su petróleo perdieron a fines de los 70 a su principal bastión
de acumulación capitalista en la región. Veinte años
después, se apoderaron de Irak para desarrollar una nueva plataforma
económica de expansión y cerrar su control militar estratégico
sobre el Medio Oriente y el Golfo Pérsico.
Después,
si antes no les estalla el mundo en las manos, apuntarán a la
recaptura de Irán y su petróleo, y desde allí intentarán
reedificar un nuevo megaproyecto de acumulación capitalista similar
al pensado para Irak.
Con la
ocupación militar de Irak, Irán quedó geopolíticamente
aislado y militarmente rodeado por la maquinaria militar y las bases
de EEUU instaladas en su frontera.
La futura
invasión militar a Irán ya está escrita y planificada
por los estrategas del Pentágono, y figura como prioridad en
la agenda de Bush y sus halcones.
Pero esa
nueva escalada guerrerista-expansiva está sujeta a dos factores
principales: la evolución de la resistencia iraquí y la
relación con sus aliados "inestables" de la ONU, p
rincipalmente con Francia, China y Rusia.
Tomado
de iarnoticias.coml