Paul Wolfowitz:
Soy un demócrata realista,
no un neoconservador
   
22 de diciembre de 2005 

Sao Paulo (Brasil) - Paul Wolfowitz, el presidente del Banco Mundial (BM), se considera un "demócrata realista" que trata de hacer "lo correcto", que ahora es luchar contra la pobreza y hace unos años, defender la invasión de Irak.

En una entrevista realizada poco antes de viajar de regreso a Washington tras seis días de gira por Brasil, Wolfowitz aseguró que no es un "neocon".

Lo que caracteriza al neoconservadurismo, según los estudiosos, es el concepto de "revolución democrática", cuyo objetivo sería eliminar sistemas tiránicos, de ser necesario por la fuerza.

Paul Wolfowitz.


Jacob Hacker, profesor de la Universidad de Yale (EEUU), dijo que "los 'neocon' diseñaron los principios de la guerra contra el terrorismo lanzada por el presidente estadounidense, George W. Bush, y fueron los artífices de la guerra en Irak".

Pero para Wolfowitz, ex número dos del Pentágono y uno de los principales arquitectos de la invasión iraquí, la etiqueta "carece de sentido".

"Esa idea de que soy el sumo sacerdote" de los "neocon" es algo "gracioso", dijo.

En lugar de eso, el ejecutivo de 62 años que encaneció durante los últimos años en el Pentágono, se ve a sí mismo como un demócrata con los pies en la tierra.

"Creo que esa noción de que hay una dicotomía entre el idealismo, que respalda la democracia, y el realismo, que sostiene que los regímenes represivos son inevitables, es totalmente irreal", señaló Wolfowitz, tras una de esas largas pausas que caracterizan las conversaciones con él y que llegan a resultar desconcertantes.

"Llevó a creer que la Unión Soviética existiría eternamente (...) y a pensar que no se podía hacer nada para solucionar el conflicto étnico en los Balcanes", destacó.

La guerra en Irak entraría dentro de ese afán por hacer "lo correcto", algo que heredó de su padre, el matemático ya fallecido Jacob Wolfowitz, hijo de un emigrante polaco de origen judío.

"Mi padre estuvo muy agradecido toda su vida a las oportunidades que le ofreció EEUU y, también, simplemente, por estar vivo, porque sabía lo que le hubiera ocurrido si se hubiera quedado en Polonia", indicó durante la entrevista, que tuvo lugar en el coche que lo trasladaba a una favela de Sao Paulo, último acto de su maratoniano viaje por Brasil.

"Mi padre tenía mucho patriotismo de inmigrante (...) y si amas EEUU tienes que amar la democracia", concluyó.

Wolfowitz no quiere ni oír hablar de que se cometieron errores en Irak e insiste en que es crucial ganar la guerra.

"Le diré dónde se cometieron errores", señaló con ese tono rotundo que adopta cuando el tema de Irak entra en escena. "Se cometieron errores en Ruanda hace once años", cuando EEUU se quedó de brazos cruzados mientras cientos de miles de personas eran asesinadas.

Sus pronósticos fallidos de que los iraquíes recibirían a EEUU con los brazos abiertos no parecen haber tenido nada que ver con su salida del Departamento de Defensa.
"No me fui del Pentágono, vine al Banco Mundial", aseguró el hombre que desde junio dirige las riendas del BM.

Además, "ser el número uno es mucho más divertido que ser el número dos", afirmó para a continuación preguntar a su principal asesor, Kevin Kellems: "¿Puedo decir eso, no, Kevin?".

Wolfowitz, un intelectual que disfruta leyendo a William Shakespeare, Albert Camus y al premio Nobel egipcio Naguib Mahfouz, asegura creer en la "misión" del Banco: la lucha contra la pobreza.

El ejecutivo tratará durante los próximos años de reducir la lista de objetivos a seguir, que se ampliaron durante los 10 años de James Wolfensohn al frente de la entidad.

Africa y los llamados países de "ingresos medios", como Brasil, serán las prioridades regionales.

"Una tercera prioridad (...) es el papel que podemos desempeñar en lo que la gente llama bienes públicos globales, como el diseñar un marco para las energías que respetan el medio ambiente" o la gestión de recursos en campañas mundiales como la de la gripe aviar.

Esa prioridad podría convertirse, con el tiempo, en el principal objetivo del Banco, siempre y cuando la pobreza "sea un problema cada vez menor", una guerra "correcta" que Wolfowitz está dispuesto a ganar. EFE

 
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