Jacob
Hacker, profesor de la Universidad de Yale (EEUU), dijo que "los
'neocon' diseñaron los principios de la guerra contra el
terrorismo lanzada por el presidente estadounidense, George W. Bush,
y fueron los artífices de la guerra en Irak".
Pero
para Wolfowitz, ex número dos del Pentágono y uno
de los principales arquitectos de la invasión iraquí,
la etiqueta "carece de sentido".
"Esa
idea de que soy el sumo sacerdote" de los "neocon"
es algo "gracioso", dijo.
En
lugar de eso, el ejecutivo de 62 años que encaneció
durante los últimos años en el Pentágono, se
ve a sí mismo como un demócrata con los pies en la
tierra.
"Creo
que esa noción de que hay una dicotomía entre el idealismo,
que respalda la democracia, y el realismo, que sostiene que los
regímenes represivos son inevitables, es totalmente irreal",
señaló Wolfowitz, tras una de esas largas pausas que
caracterizan las conversaciones con él y que llegan a resultar
desconcertantes.
"Llevó
a creer que la Unión Soviética existiría eternamente
(...) y a pensar que no se podía hacer nada para solucionar
el conflicto étnico en los Balcanes", destacó.
La
guerra en Irak entraría dentro de ese afán por hacer
"lo correcto", algo que heredó de su padre, el
matemático ya fallecido Jacob Wolfowitz, hijo de un emigrante
polaco de origen judío.
"Mi
padre estuvo muy agradecido toda su vida a las oportunidades que
le ofreció EEUU y, también, simplemente, por estar
vivo, porque sabía lo que le hubiera ocurrido si se hubiera
quedado en Polonia", indicó durante la entrevista, que
tuvo lugar en el coche que lo trasladaba a una favela de Sao Paulo,
último acto de su maratoniano viaje por Brasil.
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"Mi
padre tenía mucho patriotismo de inmigrante (...)
y si amas EEUU tienes que amar la democracia", concluyó.
Wolfowitz
no quiere ni oír hablar de que se cometieron errores
en Irak e insiste en que es crucial ganar la guerra.
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"Le
diré dónde se cometieron errores", señaló
con ese tono rotundo que adopta cuando el tema de Irak entra en
escena. "Se cometieron errores en Ruanda hace once años",
cuando EEUU se quedó de brazos cruzados mientras cientos
de miles de personas eran asesinadas.
Sus
pronósticos fallidos de que los iraquíes recibirían
a EEUU con los brazos abiertos no parecen haber tenido nada que
ver con su salida del Departamento de Defensa.
"No me fui del Pentágono, vine al Banco Mundial",
aseguró el hombre que desde junio dirige las riendas del
BM.
Además,
"ser el número uno es mucho más divertido que
ser el número dos", afirmó para a continuación
preguntar a su principal asesor, Kevin Kellems: "¿Puedo
decir eso, no, Kevin?".
Wolfowitz,
un intelectual que disfruta leyendo a William Shakespeare, Albert
Camus y al premio Nobel egipcio Naguib Mahfouz, asegura creer en
la "misión" del Banco: la lucha contra la pobreza.
El
ejecutivo tratará durante los próximos años
de reducir la lista de objetivos a seguir, que se ampliaron
durante los 10 años de James Wolfensohn al frente de
la entidad.
Africa y los llamados países de "ingresos medios",
como Brasil, serán las prioridades regionales. |
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"Una
tercera prioridad (...) es el papel que podemos desempeñar
en lo que la gente llama bienes públicos globales, como el
diseñar un marco para las energías que respetan el
medio ambiente" o la gestión de recursos en campañas
mundiales como la de la gripe aviar.
Esa
prioridad podría convertirse, con el tiempo, en el principal
objetivo del Banco, siempre y cuando la pobreza "sea un problema
cada vez menor", una guerra "correcta" que Wolfowitz
está dispuesto a ganar. EFE
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