La Travesía de emigrantes hondureños a EEUU acaba
en un drama más
   

12 de enero de 2006

Nogales (México) - Los indocumentados de Centroamérica y Suramérica que van a EEUU se enfrentan a pruebas de vida o muerte en México, como lo atestiguaron hoy dos hondureños que quedaron con sus pies amputados tras caerse de un tren en marcha.


Es pos del "sueño americano", los inmigrantes deben sortear a los asaltantes de caminos, el maltrato de algunos agentes corruptos y los traficantes de personas ("polleros"), temperaturas extremas, el hambre, las serpientes y los alacranes del desierto.

Esas dificultades se suman a la pretensión de legisladores en Washington de construir más vallas y reforzar la vigilancia en la frontera sur para detener el paso de los indocumentados, como se observa en la localidad de Nogales, en el estado de Sonora, lindante con Arizona (EEUU).

Los hondureños Wilfredo Ortiz y Andrés Fuentes pretendían llegar "al norte", pero terminaron maltrechos y convalecientes en un albergue para inmigrantes de la ciudad de Mexicali, próxima a Nogales, tras caerse de un tren y perder un pie cada uno.

Ambos se conocieron esta semana en el albergue "Casa Betania", tras sufrir percances en trenes distintos, tal como ocurre casi a diario en México con los indocumentados de otros países latinoamericanos.

Ortiz, de 38 años y oriundo de la localidad hondureña de San Lorenzo (sur, cerca de la frontera con Nicaragua), dijo a EFE que se cayó del convoy cuando llegaba a Nogales, 35 días después de haber iniciado la travesía mexicana en el estado sureño de Chiapas, lindante con Guatemala.

Tras el accidente, fue recogido por funcionarios del Instituto Nacional de Migración de México (INM), socorrido por la Cruz Roja y llevado a "Casa Betania", donde admite su frustración por no haber podido llegar a EEUU para "trabajar duro y enviar dinero" a su mujer y sus cinco hijos, todos menores de edad.

"Es duro saber que debo regresar a Honduras derrotado y lisiado, pero debemos seguir luchando", dijo Ortiz en una sala de "Casa Betania" en la que había una imagen de la Virgen de Guadalupe y un letrero que llamaba a la esperanza: "Inmigrante, no estás solo".

Fuentes, un indígena de la etnia Lenca y originario de la región hondureña de Intibucá, en la frontera con El Salvador, estuvo en el umbral de la muerte el pasado 24 de diciembre, cuando se cayó del tren en el que llegaba a Mexicali, en el estado mexicano de Baja California, vecino de Sonora y de California (EEUU).

También padre de cinco hijos menores, Fuentes contó a EFE que en su recorrido de más de un mes desde Tapachula (Chiapas) sufrió "las pruebas más horribles" como pasajero clandestino, tal como ocurrió con otros hondureños, guatemaltecos, nicaragüenses, salvadoreños, brasileños, colombianos y ecuatorianos que viajaban con él.

"Ahora sólo deseamos regresar a Honduras, ojalá en avión, y que alguien nos ayude para comprar una prótesis", dijo Fuentes, en coincidencia con lo expresado por Ortiz.

Los dos indocumentados aseguraron que salieron en busca del "sueño americano" porque en Honduras, uno de los países más pobres de América Latina, "no hay empleo ni esperanzas".

"Creo que el (futuro) presidente hondureño (Manuel Zelaya) deberá hacer algo muy serio para que la gente no se vaya a México y EEUU y para que no siga muriendo por el camino", enfatizó Ortiz.

Los dirigentes de "Casa Betania" y de otros albergues de Sonora afirman que acogen temporalmente cada mes a más de 400 inmigrantes varados, el 25 por ciento de ellos procedente de Centroamérica y Suramérica y muchos heridos o al borde de la muerte.

"Muchos indocumentados, incluidos mujeres y niños, sufren demasiado al atravesar el desierto de Sonora y Arizona", dijo Tomás Reyes Hernández, directivo de "Casa Betania".

Los casos de inmigrantes enfermos en la frontera tienden a crecer en la medida en que más mexicanos llegan a la región en autobuses procedentes de Chiapas, Oaxaca, Puebla, Michoacán, Jalisco y otros estados.

Esos indocumentados están "saliendo por cientos" del interior de México hacia la frontera, tras el fin de las fiestas navideñas bajo la tradición de intentar viajar a EEUU en los meses de enero, febrero y marzo, a pesar del intenso frío, concluyó Reyes. EFE

 
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