"Hemos hecho un llamado al presidente Bush en
el que apoyamos y abogamos porque se extienda el TPS para nuestros
hermanos centroamericanos", dijo el congresista de origen cubano
Lincoln Díaz-Balart en una rueda de prensa.
Ante los crecientes rumores sobre
un posible golpe mortal a las aspiraciones de miles de refugiados
centroamericanos, Díaz-Balart pidió tranquilidad y
recordó que "siempre ha habido un fuerte debate en la
burocracia".
La Administración de Bush
debe dar a conocer en mayo próximo si prorroga o no el TPS
a casi 100.000 hondureños y 6.000 nicaragüenses, y en
julio emitirá su decisión en el caso de unos 220.000
salvadoreños.
De concederse, sería la sexta
prórroga que disfrutan hondureños y nicaragüenses.
El TPS fue concedido a ambos países
como consecuencia de la devastación causada por el huracán
"Mitch" a finales de 1998, y les permite vivir y trabajar
legalmente en EEUU.
Por su parte, los salvadoreños
aguardan a una cuarta prórroga después que la Casa
Blanca concediera un período inicial de 18 meses, por los
terremotos de enero y febrero de 2001 en El Salvador.
El congresista republicano Mario
Díaz-Balart, hermano de Lincoln, quiso zanjar dudas al afirmar
que no es positivo "basarse en rumores" (entorno a la
no renovación del TPS) y dejó claro a EFE que "el
presidente Bush ha sido extremadamente generoso extendiendo el TPS
por varios años".
Destacó que los miles de
trabajadores centroamericanos acogidos al TPS "se merecen la
extensión del programa", al tiempo que señaló
que se trata de países "que están entre los mejores
aliados de Estados Unidos, con un sinnúmero de problemas
internos".
Asimismo, propugnó la concesión
del TPS "para nuestros vecinos los haitianos, ya que las condiciones
allí son similares a las de los países centroamericanos
con TPS".
En una carta enviada hoy al presidente
de Estados Unidos y al secretario del Departamento de Seguridad
Nacional (DHS, por su sigla en inglés), Michael Chertoff,
los congresistas recuerdan que deportar a los refugiados podría
"poner en peligro sus vidas".
En la carta, a la que se sumó
la congresista también de origen cubano Ileana Ros-Lehtinen,
se advierte de que la terminación de ese programa vulneraría
el principio "nonrefoulement".
De acuerdo con esta normativa, "una
persona indocumentada no es devuelta a un país donde su vida
o libertad serían amenazadas".
Para José Lagos, presidente
de Unidad Hondureña, una de las principales organizaciones
en defensa de los refugiados centroamericanos, "el impacto
de la deportación sería catastrófico para más
de 300.000 refugiados y la economía de sus países".
"Veríamos la separación
de miles de familias y el regreso a unos países que todavía
se encuentran caminando con muletas", dijo Lagos.
El gobierno de Estados Unidos otorga
el TPS a los ciudadanos de países afectados por conflictos
bélicos o por desastres naturales como es el caso de esos
tres países centroamericanos. EFE
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