La quiebra
supuso la desaparición del valor en bolsa de la empresa,
calculado en unos 68.000 millones de dólares, así
como de unos 800 millones de dólares de las pensiones de
sus más de 5.000 empleados.
"Este será uno de los
casos más importantes e interesantes jamás tratados",
anunció el lunes el juez Sim Lake, que presidirá el
juicio, tras la designación del jurado, el lunes.
"Era lo que estábamos esperando", manifestó
en Houston (Texas), un empleado de la empresa que perdió
todos sus aportaciones para la jubilación en la empresa.
En realidad, el interés principal
estará dirigido hacia Lay, un hombre que hasta el desmoronamiento
de Enron tenía una larga relación profesional y personal
con la familia Bush desde el decenio de 1980.
Miembro de los más altos
círculos sociales de Houston, en esos años Lay entabló
amistad con el primer presidente George Bush, para quien organizó
una recaudación de fondos destinados a reforzar la que sería
su campaña presidencial en 1988.
Una vez en la Casa Blanca, en 1990
Bush padre designó a Lay como presidente de una reunión
cumbre del G-8 celebrada en Houston.
Después, Lay pasó
a ser el presidente del comité organizador de la Convención
Nacional del Partido Republicano, en 1992.
Al fracasar las aspiraciones electorales
de Bush padre en los comicios de 1992 que llevaron a la Casa Blanca
al demócrata Bill Clinton, Lay contrató a algunos
de los principales miembros del gobierno saliente como consultores
de Enron.
Posteriormente, cuando el actual
presidente, George W. Bush, fue elegido gobernador de Texas en 1994,
Lay fue miembro de su consejo empresarial, el cual promovió
su agenda legislativa estatal.
Según el Centro de Integridad
Pública, para 1999, con Lay a la cabeza, Enron se había
convertido en uno de los principales contribuyentes de Bush con
un total de 550.000 dólares.
En el 2000, cuando Bush se lanzó
a la lucha por la presidencia de EEUU, Lay recibió el apodo
de "pionero" republicano por haber recolectado al menos
100.000 dólares en contribuciones para la campaña.
Esa relación entre Bush y
Lay no sólo fue política o profesional, también
tuvo un carácter personal.
En 1997, cuando Lay cumplió
55 años, Bush le envió un saludo que decía:
"una de las cosas tristes de los viejos amigos es que parecen
envejecer...como tú".
Pero cuando ocurrió el colapso
de Enron, Bush se desmarcó rápidamente de esa amistad
con Lay y aseguró que el alto ejecutivo nunca había
discutido con él los problemas de la empresa.
Añadió que, además,
Lay había sido un partidario de la gobernadora demócrata
de Texas, Ann Richards, su adversaria en las elecciones estatales.
Ese distanciamiento fue reiterado,
el lunes, por el portavoz de la Casa Blanca Trent Duffy.
"El presidente ha dicho de
forma reiterada que los altos ejecutivos empresariales son responsables
ante sus accionistas de respetar las normas y quienes no respetan
la confianza del público deben rendir cuentas", señaló
el portavoz.
La acusación federal contra
Lay y Skilling señala que ambos organizaron un entramado
financiero para ocular las deudas, mantener el crédito de
la empresa así como su capitalización en bolsa, que
conllevaba además el pago de elevados honorarios por esos
servicios.
Específicamente, Lay deberá
responder de siete cargos por fraude y conspiración por mantener
las operaciones fraudulentas tras la renuncia de Skilling, en el
2001.
Este último ha sido acusado por 31 cargos de fraude, conspiración,
engañar a los autoridades y mentir sobre la fortaleza financiera
de la empresa. Ambos se han declarado inocentes. EFE
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