Algunos analistas interpretan este crimen como un claro desafío
al gobierno y particularmente al nuevo ministro de Seguridad, Álvaro
Romero, por su política de diálogo con las pandillas
juveniles.
El joven de unos 23 años de edad, identificado como Carlos
Alfredo Baisa, fue estrangulado con un cordón y luego ejecutado
con saña de varios disparos de arma de 45 milímetros.
Encima del cadáver los homicidas dejaron una cartulina de
regular tamaño con el mensaje antes citado.
El cuerpo fue encontrado por las autoridades policiales cerca de
la aldea de Mateo, en las afueras de la ciudad a inmediaciones de
la represa Los Laureles.
Al momento del reconocimiento legal, los técnicos forenses
descubrieron varios tatuajes de la mara 18, una de las más
violentas del país y con un largo historial de matanzas y
crímenes atroces.
El cuerpo del joven pandillero mostraba signos de haber sido torturado
e incluso sus ejecutores lo arrastraron varios metros y después
los ejecutaron de un certero tiro en la cabeza.
El 23 de diciembre de 2004, un grupo de pandilleros pertenecientes
a esta asociación ilícita ametrallaron un bus de la
ruta urbana en la comunidad de Chamelecón al norte del país,
dejando un saldo de 27 muertos.
Recién el fin de semana un grupo de supuestos mareros de
esta pandilla fueron ejecutados en la zona norte del país,
lo que para las autoridades policiales puede tratarse de un ajuste
de cuentas y una guerra por territorio o mercado de la droga con
sus adversarios de la Mara Salvatrucha o MS.
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