Estas
moléculas serían el primer paso hacia una quimioterapia
eficaz contra la enfermedad a través de una vacuna genética
que destruya los agentes infecciosos, según informó
hoy el organismo público Andalucía Investiga, que
añadió que la quimioterapia existente resulta tóxica
y poco específica.
Los
investigadores españoles han detectado moléculas terapéuticas
que puedan utilizarse como inmunoterapia, es decir, como activadoras
del sistema inmune para que éste reaccione y controle la
enfermedad.
Los
científicos han detectado y caracterizado dos proteínas
específicas del parásito -la KMP 11 y la PFR 2- que
resultan muy eficaces en el tratamiento de la enfermedad en ratones.
Sin
embargo, para que surtan efecto, estas moléculas se deben
aplicar con otras adyuvantes, es decir, con otras que cooperen en
su tarea de contrarrestar al agente infeccioso.
Esas
sustancias se componen de un fragmento de proteínas existente
en el genoma de todos los organismos vivos y la combinación
de las dos proteínas produce células "T"
secretoras de específicas citoquinas, que reconocen al parásito
y lo destruyen.
Las
vacunas tradicionales no resultan efectivas a la hora de combatir
el agente patógeno, ya que éste, al ser polimórfico,
posee una gran capacidad de mutación, de ahí que sean
necesarias vacunas genéticas y proteínas recombinantes.
En
este tipo de terapias, se inocula el inmunológeno (proteína
que es capaz de inducir una respuesta inmunológica frente
a un patógeno) para contrarrestar la acción del parásito,
o simplemente el gen que la codifica.
La
enfermedad de Chagas tiene distintas fases y la primera se caracteriza
por síntomas fuertes y muy indeterminados, como dolores de
cabeza o fiebre, que dificultan su asociación con la infección
por el parásito.
A
continuación, se produce la denominada fase indeterminada,
que puede durar hasta 15 años, donde el parásito está
instalado en el organismo hasta llegar al estado crónico,
en el que se producen alteraciones graves, como la inflamación
de los músculos cardiacos o del colon y en el esófago.
A
veces, puede dañar al sistema nervioso y, asociado a enfermedades
inmunodepresoras como el SIDA, pueden llegar a afectar al cerebro.
Los
investigadores tratan ahora de identificar y caracterizar, para
cada una de los periodos de la enfermedad, marcadores inmunológicos
de progresión y de severidad del mal de Chagas. EFE
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