Según
la policía iraquí, los ataques contra 27 mezquitas
suníes en Bagdad "fueron cometidos por gente enfurecida
por lo sucedido en Samarra", dando a entender que habían
sido perpetrados por fieles chiíes.
Los
ataques contra los suníes llegaron el después del
último atentado mortal contra los chiíes, ocurrido
el martes, cuando la explosión de un coche bomba en un restaurante
dentro de un mercado de un barrio de mayoría chií
en el sur de Bagdad dejó 22 muertos y 27 heridos.
Los
altercados llegaron después de que un atentado al amanecer
en el interior del santuario del imán Ali Al-Hadi, uno de
los doce imanes santos más importantes de la comunidad chií,
destruyese su cúpula de oro.
Pese
a que el ataque no dejó víctimas, causó la
inmediata reacción de la comunidad chií iraquí,
mayoritaria en el país, que salió a la calle para
condenar el atentado y mostrar su repulsa contra las tropas norteamericanas
y el gobierno iraquí, a los que acusaron de no proteger los
santuarios.
La
violencia se desató en el país pese a que los llamamientos
a la calma, que trataban de evitar el conflicto sectario, no tardaron
en llegar.
El
gran ayatolá Alí Al Sistani, máxima autoridad
religiosa del chiísmo iraquí, instó a que los
fieles a que se manifestaran de forma pacífica.
"Al
Sistani insta al pueblo iraquí y a los musulmanes en todo
el mundo a expresar de forma pacífica su protesta y a condenar
este crimen", dijeron fuentes de la oficina de Sistani.
El
primer ministro iraquí, el chií Ibrahim Al Yafari,
condenó el atentado que calificó de "acción
cobarde contra todos los musulmanes", e instó a los
iraquíes a que se mantengan unidos contra los "terroristas".
El
presidente iraquí, el kurdo Yalal Talabani, también
condenó el atentado, y lo calificó de "crimen
para incitar el odio sectario".
"El
crimen muestra las malévolas intenciones de sus responsables,
que intentan sembrar un conflicto sectario entre los iraquíes
para obstaculizar el camino de Irak hacia la democracia", dijo
un comunicado de la presidencia.
El
presidente iraquí insistió en que el momento elegido
para el ataque indica que uno de sus objetivos es interrumpir el
proceso político y obstaculizar las negociaciones destinadas
a formar un gobierno de unidad nacional, además de dificultar
los intentos para conseguir la estabilidad y llevar a cabo los proyectos
de construcción y desarrollo económico.
Por
su parte, la Asociación de Ulemas Musulmanes (AUM), máxima
representación religiosa suní en Irak, condenó
el ataque contra el santuario chií y lo describió
como "un acto criminal destinado a instigar la sedición
sectaria en estos momentos críticos".
El
Partido Islámico de Irak (PII), uno de los más importantes
de la comunidad árabe suní del país, condenó
el ataque y pidió una investigación, aunque denunció
el ataque contra sus templos.
"El
PII condena rotundamente esta criminal acción, por lo que
pide una amplia investigación por parte de sectores imparciales,
a fin de determinar quienes están detrás del ataque,
que forma parte de un plan para dañar al pueblo iraquí
provocando una destructiva discordia sectaria", subraya el
partido en un comunicado.
Asimismo,
el partido consideró que "el incendio de mezquitas y
sedes de la agrupación política suponen delitos históricos
que deben ser afrontados con responsabilidad por parte de todos
para poner fin a estas acciones y enfrentar a los criminales antes
de que el tiempo sea tarde".
Pero
los llamamientos a la calma no lograron evitar los ataques contra
los fieles y los templos suníes, lo que hace que el temor
a una guerra sectaria vuelva a sobrevolar Irak. EFE |