Los
miembros del Comité Judicial del Senado estudiarán
en las próximas tres semanas un proyecto de ley del republicano
Arlen Specter que hoy, tanto demócratas como republicanos,
se encargaron de despedazar.
Una
vez modificado por varias enmiendas, la meta es llevarlo a votación
en el pleno del Senado a más tardar el próximo 27
de marzo.
"Los
ánimos están más caldeados que nunca... pero
el Gobierno ha fracasado en su obligación" de proteger
las fronteras, sentenció Specter, presidente del Comité.
Entre los siete capítulos de su propuesta, Specter incluye
más vigilancia fronteriza, sanciones por contratar a indocumentados
y un programa de legalización temporal de inmigrantes.
En
el Congreso no hay duda de que la incapacidad del Gobierno para
frenar la inmigración ilegal es un problema grave, pero no
hay consenso sobre qué hacer con los once millones de inmigrantes
clandestinos que hay en el país.
La
idea de sacarlos de las sombras mediante la legalización
temporal o permanente tiene muchos adeptos. Pero también
la tiene su deportación y sancionar más a los empresarios
que los contraten.
Nadie
apoya una "amnistía" como la de 1986, que ahora
es una palabra prohibida en el Congreso.
Pero
también hay conciencia de las contribuciones de los inmigrantes
a la economía y de que no es factible una deportación
masiva, que según el Departamento de Seguridad Nacional costaría
40.000 millones de dólares.
El
senador Richard Durbin recordó que los indocumentados son
"esenciales para la economía" porque realizan las
"labores sucias y duras" que los demás desprecian,
en hoteles, en el campo o en las industrias procesadoras de carne,
entre otras.
"No
es sólo un problema de seguridad nacional, es un asunto humanitario",
subrayó.
El senador Sam Brownback señaló que la inmigración
ilegal en EEUU no se frenó con la última amnistía:
en 1986 había tres millones de indocumentados, en 1996, aun
con más vigilancia fronteriza, había siete millones,
y diez años después hay once millones.
EEUU
y México, en donde se origina la mayor parte de la inmigración
ilegal, son "como una pareja casada que no se puede divorciar.
Tenemos que hacerlo funcionar", señaló el senador
John Cornyn, que promueve otro proyecto migratorio.
En
2004, EEUU deportó a poco más de un millón
de extranjeros indocumentados, pero éstos siguen llegando.
El
dilema es grande. Por un lado, están los legisladores de
estados que dependen de la mano de obra barata y piden algún
tipo de regularización de estos trabajadores.
Por otro, los que opinan que EEUU primero tiene que corregir la
porosidad de sus fronteras.
Y
en el medio está el proyecto de los senadores John McCain
y Edward Kennedy, que incluye un programa de trabajadores huéspedes.
Kennedy
señaló que una eventual ley debe incluir más
controles fronterizos, un programa laboral que responda a las necesidades
económicas de EEUU y la unificación familiar.
La lección de los atentados de 2001 es que "algunos
entrarán al país con intenciones mortíferas",
pero EEUU tiene que actuar ya, advirtió.
Algunos
analistas vaticinan que lo que salga del Congreso, este año
o el próximo, incluirá concesiones a los reformistas
y a los que exigen más restricciones. La solución
se complica en los detalles.
La
búsqueda de respuestas ha galvanizado a grupos cívicos,
sindicatos, empresarios y hasta la Iglesia católica, que
han sumado fuerzas en contra de iniciativas como la que aprobó
la Cámara de Representantes en diciembre y que aún
debe refrendar el Senado.
Esa
medida del legislador republicano James Sensenbrenner pide la construcción
de un muro en la frontera sur, criminaliza a los indocumentados
y castiga a quienes los ayuden.
Una
coalición de grupos pro-inmigrantes ha convocado a unas 20.000
personas a una marcha frente al Congreso el próximo martes,
con la esperanza de que esa medida no prospere. EFE
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