Estas
organizaciones de todas las latitudes, minorías, tendencias
y colores, sostienen que sin la legalización de los inmigrantes
que se encuentran en esta condición, el éxito de
la reforma sería poco probable.
Según los cálculos de entidades
oficiales y privadas de EEUU, en este país viven unos once
millones de extranjeros que no tienen una autorización
legal de permanencia.
Aunque las posibilidades de una amnistía
han sido totalmente descartadas tanto por el presidente George
W. Bush, como por los líderes del Congreso, en las comunidades
de inmigrantes se espera que los legisladores encuentren los caminos
adecuados para que estas personas no sigan viviendo en las sombras.
La mayor federación sindical de EEUU, la
AFL-CIO, una de las entidades que piden "una reforma migratoria
global y justa", reiteró su interés y apoyo
a una amnistía que dé paso a la obtención
de la residencia (green card) por parte de los indocumentados.
La central sindical opina que una verdadera reforma
debe incluir procedimientos para la concesión de la residencia
a estos millones de extranjeros, en lugar de aprobar programas
de trabajadores temporales, como pretende la Casa Blanca.
Por otro lado, una alianza de hispanos a favor
de una reforma migratoria humanitaria, reiteró hoy su llamamiento
a todos los inmigrantes a que envíen mensajes al Congreso,
en respaldo de las propuestas que buscan una solución migratoria
real.
Otras organizaciones están cabildeando
en este sentido ante las dos cámaras del Congreso.
Como parte del cabildeo, esta semana dirigentes
de la Unidad Hondureña encabezados por su presidente, José
Lagos, llevaron a cabo en Washington gestiones migratorias ante
la Casa Blanca, líderes legislativos y otros altos cargos,
entre ellos el nuevo director de los Servicios de Ciudadanía
e Inmigración, Emilio González.
Lagos dijo a EFE que las reuniones fueron "muy
productivas" y que la Unidad Hondureña sigue en pie
de lucha por una reforma generosa.
Considera que este proceso debe legalizar de una
vez por todas a los cerca de 350.000 hondureños, nicaragüenses
y salvadoreños amparados bajo el Estatuto de Protección
Temporal (TPS).
Entre los dirigentes de la comunidad de inmigrantes
existe una profunda preocupación por la postura intransigente
de algunos legisladores republicanos, que defienden proyectos
de ley controvertidos, y que son tenidos como negativos para los
extranjeros.
Varios de estos proyectos presentados ante el
Senado y la Cámara de Representantes contemplan una reducción
en las cuotas de visas para profesionales de terceros países;
más limitaciones al derecho de asilo y la supresión
de la lotería de visas y del TPS.
Angela Kelley, subdirectora del Foro Nacional
de Inmigración, un grupo pro inmigrante, declaró
que el desafío está en que el Congreso pueda combinar
efectivamente la seguridad fronteriza con el flujo legal futuro
de trabajadores, la unidad familiar y un sendero realista para
la residencia de los indocumentados.
Kelley remarcó que "no es realista
ni deseable" llevar a cabo redadas para deportar a los más
de once millones de inmigrantes indocumentados.
Afirmó que cualquier plan que rechace
la residencia, naturalización, asimilación y una
completa participación de los indocumentados en la sociedad
de EEUU "está destinado a fallar en los niveles político
y práctico".
Ante el inicio del debate migratorio en el Comité
Judicial del Senado, el jueves, líderes religiosos, sindicales,
comunitarios y de negocios del área de Washington, emitieron
su condena a la iniciativas de inmigración que, en su opinión,
son hostiles.
El líder de los demócratas en el
Senado, Harry Reid, dejó claro, en un comunicado, "que
la inmigración legal es crucial para nuestra vitalidad
económica porque ayuda a llenar los huecos de mano de obra
que puedan obstaculizar el crecimiento de un negocio".
Reid señaló que a menos que EEUU atienda la diferencia
que existe entre sus leyes de inmigración y la realidad,
"la inmigración ilegal no va a detenerse y la situación
en la frontera seguirá siendo caótica".
EFE