La
reforma agraria, el desarrollo y la potenciación de las
comunidades rurales son considerados por la ONU pasos indispensables
para reducir la pobreza en el mundo y alcanzar los objetivos que
fueron fijados por todos los países miembros para el año
2015.
Esas
metas serán el eje de una conferencia convocada por la
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura
y la Alimentación (FAO) que comenzará mañana
en Porto Alegre (Brasil).
Las estadísticas del Banco Mundial muestran
que de los 6.237 millones de personas que pueblan la tierra, 3.257
viven en zonas rurales.
Del total, 1.100 millones viven con menos de un
dólar diario y no pueden cubrir sus necesidades básicas,
y de ellos, 850 millones residen en zonas rurales y dependen de
la agricultura para sobrevivir.
Según la FAO, en la mayoría de los
países pobres la agricultura representa del 50 al 80 por
ciento del empleo.
La pobreza rural afecta incluso a países
considerados ricos y prósperos, como Estados Unidos y Canadá,
que, siendo parte del grupo de donantes que ayuda a los países
más pobres, tienen bolsas de pobreza.
Según cifras de las Naciones Unidas, el
40 por ciento de la población de América Latina
y el Caribe habita en áreas rurales y cerca del 64 por
ciento de habitantes en esas zonas vive por debajo del umbral
de pobreza.
Por su parte, estudios del Banco Mundial muestran
que cerca del 37 por ciento (unos 65 millones de personas) de
los pobres de América Latina y el Caribe viven en áreas
rurales.
En países como Bolivia, Guatemala, Honduras,
Nicaragua, Paraguay y Perú, la proporción llega
al 70 por ciento, mientras que en México el 35 por ciento
de la población del campo no gana lo suficiente para adquirir
la canasta básica de alimentos.
Los pueblos indígenas constituyen el mayor
grupo dentro de la población rural (aproximadamente un
tercio) en los países de la región y figuran entre
los más vulnerables al ser los que tienen menor acceso
a servicios básicos, como educación, cuidados de
salud y vivienda.
En Guatemala, donde representan más del
40 por ciento de la población total, tres de cada cuatro
indígenas son pobres.
Estudios de la FAO han mostrado que el gasto público
rural en Latinoamérica ha disminuido en los últimos
años y la región sólo gasta el 6 por ciento
de su presupuesto en el campo.
Brasil y México tienen un gran peso en
el gasto público, ya que representan el 70 por ciento del
total, mientras que en el otro extremo se sitúan, por una
inversión menor, Jamaica y Bolivia.
Los países que aumentaron su gasto público
rural entre 1985 y 2001 fueron Uruguay, Chile, Panamá,
Nicaragua, Honduras, Guatemala, Paraguay, Argentina, la República
Dominicana, Perú, Ecuador y Bolivia, pero hubo retrocesos
en México, Costa Rica, Brasil, Jamaica, Venezuela y Colombia.
Los análisis del Banco Mundial indican
que la contribución de la agricultura al Producto Interior
Bruto (PIB) de Latinoamérica y el Caribe es el doble de
lo que sugieren las cifras oficiales, que lo sitúan en
el 12 por ciento, y que, por tanto, su importancia real está
infravalorada.
El acceso y uso de la tierra constituye un problema
serio en toda la región, según el Fondo Internacional
de Desarrollo Agrícola (FIDA), una agencia especializada
de la ONU que se dedica a erradicar la pobreza mediante el desarrollo
rural.
Esta agencia subraya que la mayoría de
los productores agrícolas de la región laboran en
pequeños terrenos, normalmente situados en áreas
marginales de baja productividad, lo que contribuye al deterioro
de los recursos naturales.
El resultado es que las actividades no agrícolas
y las remesas de trabajadores que han emigrado a otras áreas
del país o al extranjero se han convertido en importante
fuente de ingresos para estos pobres del campo. EFE