"Podemos
tener una política de inmigración importante, racional,
basada en la ley y que refleje nuestro profundo deseo de ser una
nación compasiva y amable", afirmó Bush desde
la Casa Blanca, donde hoy mantuvo una reunión con representantes
de grupos civiles y económicos sobre la reforma migratoria.
EEUU
es una nación de inmigrantes, según el presidente,
quien instó a todas las partes interesadas a que el debate
sobre la reforma migratoria se aborde de forma seria y cívica.
"Debe
hacerse de forma que no enfrente a unos con otros", subrayó.
Tras
reiterar que uno de los objetivos en este ámbito es garantizar
la seguridad en las fronteras, Bush precisó que el programa
de trabajadores huéspedes que defiende su gobierno contribuirá
a lograr esa meta.
En
su opinión, un programa de este tipo animaría a
la gente a registrarse con el objetivo de saber su paradero y
si hace un trabajo que los estadounidenses no harían.
Si
es así, agregó, "son bienvenidos aquí
durante el tiempo que hagan ese trabajo".
Las
declaraciones de Bush sobre la reforma migratoria se producen
en medio de un acalorado debate en el Congreso sobre cómo
frenar la inmigración ilegal y cómo responder a
la presencia de los aproximadamente doce millones de inmigrantes
indocumentados en EEUU.
El
tema migratorio figura entre los asuntos que discutirán
la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, y el canciller mexicano,
Luis Ernesto Derbez, durante la reunión de la Comisión
binacional EEUU-México.
El
próximo lunes, el Comité Judicial del Senado tiene
previsto votar una medida que, en principio, ofrecería
una vía hacia la legalización para millones de inmigrantes
clandestinos y sentaría las bases para un programa de trabajadores
huéspedes.
Descontento
con esa posibilidad, el líder de la mayoría republicana
del Senado, Bill Frist, ha presentado su propia alternativa, con
medidas punitivas contra la inmigración ilegal y más
vigilancia en la frontera. EFE