La italiana que mantiene
vivo el apellido Gandhi
   
22 de marzo de 2006

Nueva Delhi - Sonia Gandhi, la carismática presidenta del Partido del Congreso de la India, ha sido durante los últimos quince años depositaria de la herencia adscrita al apellido Gandhi, desde el asesinato de su marido, Rajiv, en 1991.

Dos años después de llevar al Partido del Congreso a la victoria y renunciar a ser primera ministra, hoy volvió a dimitir, esta vez como parlamentaria y presidenta del Consejo Asesor Nacional, tras las críticas recibidas por compatibilizar ambos puestos.

Sonia Gandhi.


La matriarca y heredera política de los Gandhi nació en diciembre de 1946 en Turín (Italia), en el seno de una familia trabajadora.

El aparente desinterés por la política de su marido Rajiv, al que conoció durante sus estudios en Cambridge, parecía que la mantendría alejada del trágico destino que aparentemente conlleva el apellido Gandhi.

Sin embargo, tras la muerte en accidente de aviación de Sanjay, hermano de Rajiv -a la sazón mano derecha de la madre de ambos, Indira-, Sonia se vio arrastrada a la arena pública como mujer de Rajiv.

Desde el asesinato de su marido, que siguió al de Indira Gandhi en 1984 a manos de sus guardias sijs, Sonia ha asumido el matriarcado de una dinastía que actúa en el imaginario colectivo indio como una familia real que accede periódicamente al Gobierno del país a través de elecciones.

En 1983 Sonia, a pesar de ser italiana de origen, abrazó la nacionalidad india con todas las consecuencias y tras la muerte de su marido, en 1991, se retiró de la vida pública para cuidar de sus hijos Pryanka y Rahul.

Pero en 1998 una crisis política obligó al Partido del Congreso indio a acudir a ella para liderar la formación con el apellido Gandhi como bandera.

A pesar de que siempre ha declarado no tener ningún interés personal en la política, Sonia Gandhi se ha visto obligada a asumir su actual papel.

Tras perder aquellas elecciones y las celebradas sólo un año después ante el partido ultranacionalista BJP, Sonia Gandhi provocó un terremoto político en 2004 cuando, contra pronóstico, ganó las elecciones blandiendo toda la fuerza simbólica de su apellido adoptado y un discurso cercano a la población pobre de la India.

El nacionalismo indio nunca ha dejado de agitar el hecho de que ella es extranjera a pesar de los esfuerzos de Sonia, que siempre habla en público en hindi, idioma que domina.

Empujada por estas acusaciones, Sonia delegó el cargo de primer ministro en Manmohan Singh, un sij que había sido ministro de Finanzas en anteriores gobiernos.

Desde entonces, Gandhi se ha hecho cargo de todas las bregas políticas y del a veces difícil equilibrio que mantiene su formación con sus compañeros de coalición, partidos de izquierda en su mayoría.

Sonia ha dejado a Singh el timón de un país con 1.100 millones de habitantes y la vocación de convertirse en una superpotencia durante el siglo XXI, para que se encargue de conducir a la India por los mares de la globalización, pero su poder es muy grande.

El continuo asedio del proverbial nacionalismo indio, que hace chanza de su fuerte acento italiano al hablar el idioma local, ha encontrado en una ley de incompatibilidad de cargos públicos la excusa para acosarla.

Fiel a su posición de que no tiene intereses personales en la política, Sonia ha protagonizado su segunda renuncia, al cesar de sus cargos de diputada y presidenta del Consejo Asesor Nacional, y tratar de hacer verosímil, además de cierta, su intención de no alejarse de la corrección moral.

No obstante, Sonia ya ha anunciado que volverá a presentarse a las elecciones desde el feudo tradicional de los Gandhi, Rae Bareli, en el estado norteño de Uttar Pradesh.

Ella centra la atención de todos los ojos como representante de la familia Gandhi, pero ha comenzado ya los movimientos necesarios para colocar a su hijo Rahul en una buena posición de salida de la que seguramente será la siguiente carrera política de un Gandhi en la India. EFE

 
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