La
matriarca y heredera política de los Gandhi nació
en diciembre de 1946 en Turín (Italia), en el seno de una
familia trabajadora.
El aparente desinterés por la política de su marido
Rajiv, al que conoció durante sus estudios en Cambridge,
parecía que la mantendría alejada del trágico
destino que aparentemente conlleva el apellido Gandhi.
Sin embargo, tras la muerte en accidente de aviación de
Sanjay, hermano de Rajiv -a la sazón mano derecha de la
madre de ambos, Indira-, Sonia se vio arrastrada a la arena pública
como mujer de Rajiv.
Desde el asesinato de su marido, que siguió al de Indira
Gandhi en 1984 a manos de sus guardias sijs, Sonia ha asumido
el matriarcado de una dinastía que actúa en el imaginario
colectivo indio como una familia real que accede periódicamente
al Gobierno del país a través de elecciones.
En 1983 Sonia, a pesar de ser italiana de origen, abrazó
la nacionalidad india con todas las consecuencias y tras la muerte
de su marido, en 1991, se retiró de la vida pública
para cuidar de sus hijos Pryanka y Rahul.
Pero en 1998 una crisis política obligó al Partido
del Congreso indio a acudir a ella para liderar la formación
con el apellido Gandhi como bandera.
A pesar de que siempre ha declarado no tener ningún interés
personal en la política, Sonia Gandhi se ha visto obligada
a asumir su actual papel.
Tras perder aquellas elecciones y las celebradas sólo un
año después ante el partido ultranacionalista BJP,
Sonia Gandhi provocó un terremoto político en 2004
cuando, contra pronóstico, ganó las elecciones blandiendo
toda la fuerza simbólica de su apellido adoptado y un discurso
cercano a la población pobre de la India.
El nacionalismo indio nunca ha dejado de agitar el hecho de que
ella es extranjera a pesar de los esfuerzos de Sonia, que siempre
habla en público en hindi, idioma que domina.
Empujada por estas acusaciones, Sonia delegó el cargo de
primer ministro en Manmohan Singh, un sij que había sido
ministro de Finanzas en anteriores gobiernos.
Desde entonces, Gandhi se ha hecho cargo de todas las bregas políticas
y del a veces difícil equilibrio que mantiene su formación
con sus compañeros de coalición, partidos de izquierda
en su mayoría.
Sonia ha dejado a Singh el timón de un país con
1.100 millones de habitantes y la vocación de convertirse
en una superpotencia durante el siglo XXI, para que se encargue
de conducir a la India por los mares de la globalización,
pero su poder es muy grande.
El continuo asedio del proverbial nacionalismo indio, que hace
chanza de su fuerte acento italiano al hablar el idioma local,
ha encontrado en una ley de incompatibilidad de cargos públicos
la excusa para acosarla.
Fiel a su posición de que no tiene intereses personales
en la política, Sonia ha protagonizado su segunda renuncia,
al cesar de sus cargos de diputada y presidenta del Consejo Asesor
Nacional, y tratar de hacer verosímil, además de
cierta, su intención de no alejarse de la corrección
moral.
No obstante, Sonia ya ha anunciado que volverá a presentarse
a las elecciones desde el feudo tradicional de los Gandhi, Rae
Bareli, en el estado norteño de Uttar Pradesh.
Ella centra la atención de todos los ojos como representante
de la familia Gandhi, pero ha comenzado ya los movimientos necesarios
para colocar a su hijo Rahul en una buena posición de salida
de la que seguramente será la siguiente carrera política
de un Gandhi en la India. EFE