Clérigos afganos piden pena de muerte para converso al cristianismo
   
27 de marzo de 2006

Kabul - Centenares de clérigos afganos pidieron hoy la pena de muerte para Abdul Rahman, un musulmán convertido al cristianismo que sigue bajo custodia policial, después de que su caso fuese desestimado, por temor a ataques de radicales islámicos.

Abdul Rahman.

La decisión de desestimar el caso, anunciada ayer por el Tribunal Supremo afgano y basada en las dudas sobre la capacidad mental de Rahman, le ha convertido en "un hombre libre", según aseguró hoy a EFE el vicefiscal general de Afganistán, Mohammed Eshaq Aloko.

Aloko indicó que Rahman lleva más de un mes detenido sin sentencia, el máximo que permiten las leyes afganas, pero explicó que sigue bajo custodia policial por "su seguridad", debido a que se duda de su capacidad mental y se temen posibles represalias.

Aunque su caso ha despertado las simpatías del mundo occidental, en Afganistán, una República Islámica cuya Constitución se rige por la ley coránica Sharia, la mayoría de la población está a favor de que sea ejecutado, el castigo que prevé esa legislación.

Hoy, más de 500 personas, en su mayoría clérigos, se manifestaron en la ciudad de Mazar-e-Sharif (norte de Afganistán) contra la posible liberación de Abdul Rahman y para pedir su condena a la pena capital, dijeron a EFE fuentes policiales.

Convocada por los ulemas afganos, la marcha se desarrolló durante unas tres horas sin que se registrasen incidentes, aunque siempre bajo una fuerte protección policial para "evitar posibles tensiones", según esas fuentes.

Los manifestantes gritaron consignas contra los países occidentales, que en los últimos días presionaron fuertemente por la liberación del converso. Algunos habían llegado a sugerir que podrían retirar su ayuda económica a Afganistán si era ejecutado.

Entre otras, se gritaron frases como "Muerte a Estados Unidos", "Muerte a Bush" o "No aceptaremos presiones", mientras algunos de los clérigos reclamaban al Gobierno de Hamid Karzai que interviniese para asegurar la condena a la pena capital de Rahman.

El Gobierno afgano, que necesita imperiosamente la ayuda internacional, se ha visto presionado por sus principales aliados -EEUU, Canadá, la Unión Europea (UE), entre otros-, pero también por los islamistas más radicales, que piden una aplicación a ultranza de la ley coránica.

El presidente Karzai se interesó personalmente por el caso, según fuentes oficiales, y ahora espera que el impacto de la posible liberación de Rahman no sea excesivo.

Abdul Rahman, de 41 años, se convirtió al cristianismo cuando tenía 25 y fue acusado de apostasía por "rechazar el Islam", delito que en Afganistán se castiga con la ejecución.

Su caso fue desestimado ayer alegando dudas sobre su estado mental y su nacionalidad (vivió nueve años en Alemania) y ahora lo previsible es que sea enviado al extranjero.

Rahman está siendo sometido hoy a un chequeo médico para determinar si tiene problemas mentales, como han señalado el juez y el fiscal, además de su propia familia.

El vicefiscal general indicó a EFE que esos test podrían durar varios días y que existe la posibilidad de que Rahman sea enviado al extranjero, si los médicos determinan que no tienen medios para tratarlo en Afganistán.

Musulmanes radicales han prometido que lo matarán por su "ofensa al Islam", algo que ha sido azuzado por algunos ulemas de mezquitas de distintas partes del país.

El mulá Abdul Raous recordó hoy que la pena de muerte es el castigo que prevén las leyes islámicas, si bien admitió que la Sharia no puede aplicarse en casos de enfermos mentales.

"De momento, no sabemos si esto es sólo una salida que se ha buscado para lograr su liberación pero, si es así, entonces Afganistán debería reaccionar", apuntó el ulema.

Entre otros, habían intercedido por Rahman el presidente de EEUU, George W. Bush, y el papa Benedicto XVI, además de la Presidencia austríaca de la Unión Europea (UE) y representantes de los Gobiernos de Alemania, Italia, el Reino Unido y Canadá.

Abdul Rahman fue detenido en febrero pasado por "rechazar el Islam" a instancias de la policía, que encontró una Biblia en su casa después de que su familia lo denunciase a causa de una disputa por la custodia de sus dos hijas. EFE

 
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