Gritando
lemas como "sí se puede", la multitud de manifestantes,
acompañados por líderes religiosos, políticos
y comunitarios, marcharon desde Brooklyn a Manhattan para protestar
ante la sede de Inmigración por el proyecto de ley que
los cataloga de criminales.
Al
cruzar el puente de Brooklyn, la centenaria infraestructura se
tornó un gigantesco mosaico de colores por las banderas
de distintos países que portaban los participantes, mientras
los conductores les expresaban sus apoyo haciendo sonar las bocinas
de sus vehículos.
"Somos
trabajadores, no criminales", "Nadie es ilegal"
y "Para Dios no hay fronteras", rezaban algunas de la
pancartas que los inmigrantes, de todas las edades y procedencias,
enarbolaban junto con las banderas de sus países y la de
Estados Unidos.
La
marcha había sido convocada originalmente por unas 50 agrupaciones,
lideradas por la Organización de Ministros Hispanos, pero
se fueron uniendo otros grupos hasta lograr una histórica
protesta de inmigrantes comparable a las realizadas en los últimos
días en Los Angeles y Chicago por este mismo motivo.
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El
reverendo y senador estatal Rubén Díaz, que
coordinó la marcha, dijo a EFE que la asistencia
sobrepasó sus expectativas y que el mensaje que salió
de Nueva York "fue tan sólido" como el
de Los Angeles y Chicago. |
Su
hijo, el asambleísta estatal Rubén Díaz,
calculó en un momento dado la participación en unas
100.000 personas, pero una hora después todavía
seguían sumándose personas.
El
punto de destino, el edificio que alberga el Servicio de Inmigración
y otras agencias federales en Manhattan, estuvo fuertemente custodiado,
pero no se registraron incidentes.
Entre
los que participaron en la "Marcha de los Inmigrantes Indocumentados"
había inmigrantes de prácticamente todos los países
de América, entre ellos brasileños, ecuatorianos,
hondureños, chilenos, panameños y, cómo no,
numerosos mexicanos.
Sin
embargo, también había una nutrida representación
de la comunidad asiática, que ha logrado tener por primera
vez en la ciudad un concejal y un asambleísta, así
como manifestantes de lugares tan apartados como Pakistán.
Al
llegar a Manhathan, otros miles de inmigrantes recibieron con
aplausos a los participantes en la marcha y se unieron a ellos.
El
hondureño Santos Villatoro, de 35 años, dijo que
participó para decir a EEUU que "si se ha dedicado
a derrumbar muros en otros países, ¿por qué
lo quiere construir aquí, en la frontera con México?".
"No
somos criminales, somos trabajadores", afirmó Villatoro,
obrero de la construcción que emigró hace seis años
a EEUU, dejando en su país a sus cinco hijos, a los cuales
no ha vuelto a ver.
Villatoro
y su compatriota Lissette Palma, con dos hijos en Honduras, aseguraron
a EFE que de legalizar su situación, su primer paso será
viajar a su país para reunirse con su familia.
Para
el matrimonio mexicano de Miguel y Macrina, resolver su
situación legal les permitiría volver a su
país, que dejaron hace 16 años, y contar con
la oportunidad de que tres de sus hijos, que nacieron en
Puebla, puedan acudir a la universidad.
"Este
es el gigante dormido que han despertado los republicanos",
dijo en el mitin con el que concluyó la marcha la
congresista demócrata de origen puertorriqueño
Nydia Velázquez en su mensaje a los participantes,
que respondieron con vítores.
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El
alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, que se ha manifestado
a favor de una amnistía para los indocumentados, estuvo
representado por su comisionado de Asuntos de Inmigración,
el dominicano Guillermo Linares.
"Con
esta marcha se han levantado las voces de toda la comunidad inmigrante
en Nueva York para hacerse parte de este movimiento a nivel nacional,
reclamando que llegó el momento de que se reconozca la
contribución de los indocumentados", afirmó.
EFE