Con
los pies destrozados de tanto caminar y la frustración
de no haber podido llegar a Estados Unidos, Damaris se lamenta
de ser tan pobre, pero no de ser madre soltera ni de haber dejado
a sus cuatro hijos con la ilusión de volverla a ver.
“La pobreza me obligó a salir de Honduras y venirme
a México. Yo vivo muy pobre, y salí para buscar
mejores condiciones de vida para mis hijos”, menciona.
Al igual que otras siete centroamericanas y una ahitiana, quienes
fueron aseguradas hace unos días por agentes del INM en
esta frontera, esta mujer abandonó todo en Honduras, en
la búsqueda de un mejor futuro para sus hijos, algo que
jamás podrá ofrecerles en su país.
“Tengo cuatro hijos y desde hace un mes que no los veo,
porque decidí irme a Estados Unidos a Trabajar”,
recuerda la mujer cuyo rostro refleja la determinación
de un nuevo intento por llegar a su destino.
El
inicio del éxodo
La
historia de Damaris inició hace treinta días, cuando
ingresó como indocumentada a México, por la frontera
de Talismán, en Chiapas, en donde tuvo que pasar la ‘aduana’
de la policía local, al ser despojada de parte del dinero
que traía consigo, a cambio de permitirle continuar con
su incierta aventura.
Desde entonces, la corrupción de algunos policías
y la incertidumbre de haber iniciado esta aventura en la que muchos
terminan muertos, sembró el temor en ella, pero aún
así decidió no ceder y continuar con su trayecto
rumbo a la ciudad de México.
“Desde Chiapas caminé mucho sola, porque tenía
miedo de los asaltantes A veces tomaba el tren y así la
pasé durante ocho días”, relata la mujer cuyo
color de piel la delataba a cada momento ante las autoridades
mexicanas.
De comer, solo unas tortillas duras que de manera generosa le
daban algunos de los pasajeros del tren en el que viajó
hasta la ciudad de México, lo que minó su resistencia
pero no su voluntad de seguir adelante.
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“A
veces, cuando tenía que bajar del tren, pedía
caridad a la gente, pero solo un pedazo de pan comía
a diario, cuando la gente se compadecía de mi situación”,
menciona la mujer, entrevistada en la Estación Migratoria
de esta ciudad, en donde junto con otros 73 extranjeros
asegurados, esperaba la deportación. |
Recuerda
que al igual que en Tapachula, en Celaya, Guanajuato, fue detenida
cuando caminaba por las vías del tren por policías
uniformados que la despojaron de su dinero, a cambio de permitirle
continuar su trayecto.
“A veces en el tren nos maltratan mucho, pero cuando nos
bajan del tren, ya nos están esperando los policías,
y nos piden dinero, y si no les damos nos suben a la patrulla.
A mi me subieron y me dieron la vuelta por Celaya, y me quitaron
la cartera donde tenía 300 pesos. Dijeron: Quítale
250 pesos y déjale solo 50 para el viaje”, relata
con amargo recuerdo.
Con el típico olor de un migrante que no se asea, Damaris
relata que varias veces estuvo a punto de ser abusada sexualmente,
pero que la mugre pegada a su piel y el fuerte olor a sudor, le
salvaron tal vez la vida.
“No abusaron de mi porque como uno camina mucho, apestamos
a sudor y estamos mugrosos. A veces ni se nos mira la piel de
tanta mugre que tenemos, y eso de repente nos salva la vida a
muchas. Pero creo que si la miran a una arregladita...”,
no terminó la frase porque el llanto se lo impidió.
No
hay trabajo, dice universitaria
Así salió Damaris de su natal Honduras, con la ilusión
de llegar a Estados Unidos, pero fue el destino hizo que fuera
detenida el 25 de marzo, dentro de un autobús de pasajeros
en la garita del kilómetro 26, antes de llegar a Nuevo
Laredo.
En el mismo autobús viajaba Lesly Karina, una joven universitaria
nicaragüense de 20 años de edad, quien pese a haber
estudiado la carrera de Relaciones Internacionales, nunca pudo
trabajar debido a la falta de ‘contactos’, por lo
que también decidió abandonar su país para
intentar internarse en Estados Unidos.
“La crisis económica me obligó a salir de
Nicaragüa, pero al entrar a México, luego luego nos
piden dinero. Todos los policías son iguales”, dice
la joven, quien salió con algunas monedas, las que le fueron
arrebatadas por los policías locales de Tapachula, Arriaga,
La Venta y El Jìcaro, ya en México..
A diferencia de Damaris, Karina solo tardó diez días
en su viaje a esta frontera, tiempo suficiente para darse cuenta
de la enorme corrupción que existe entre los policías
mexicanos, pero aún así nunca renunció a
su afán de llegar a la frontera con Estados Unidos, penúltimo
escalón de su viaje.
“Soy universitaria y se hablar inglés, porque estudié
la carrera de Relaciones Internacionales. Pero de nada me sirve
eso ahora porque no hay trabajo en mi país”, reflexiona
con enorme amargura, tal vez porque cuando solicitó una
visa al consulado norteamericano, también se la negaron.
Sin
embargo, al llegar a la garita del kilómetro 26, cuando
el autobús en el que viajaba, fue detenido por agentes
del INM para la revisión de documentos, dijo que los agentes
en forma selectiva, decían quienes bajaban y quienes continuaban
el viaje.
“Cuando entraron al camión, dijeron: Tú, tú
y tú, se bajan, pero no hicieron lo mismo con los hombres
que tampoco tenían documentos, a los que dejaron ir”,
menciona.
Las
estadísticas
De
acuerdo a datos del centro de estudios Fronterizos y de Promoción
de los Derechos Humanos (Cefprodhac), con sede en Reynosa, el
año pasado perdieron la vida en las aguas del río
Bravo en la frontera de Tamaulipas, 80 migrantes, de los que cuatro
fueron mujeres. De ellos 31 perdieron la vida en Nuevo Laredo.
Asimismo,
relata ese centro de estudios, que durante el dos mil cuatro,
la cantidad de migrantes muertos en el Bravo, fue de 86,
cuatro de ellos eran mujeres, de los que 25 se ahogaron
en Nuevo Laredo. |
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Otros
datos indican que cada día son deportados de estados Unidos
por esta frontera, entre 100 y 150 mexicanos, algunos de ellos
piden apoyo a la casa del Migrante, lugar que solo tienen capacidad
para atender a cien personas.
Asimismo, de enero a la marzo, el instituto Nacional de Migración
aseguró en esta ciudad durante operativos especiales, a
740 extranjeros que deambulaban por las calles o estaban en hoteles.
El año pasado la cantidad de migrantes que solicitaron
apoyo a la casa del Migrante, fue de 11 mil 407, mientras que
en el presente año lo solicitaron dos mil 400, lo que indica
que de seguir esta tendencia, al final del este año pudieran
haber pasado por ese lugar más de 10 mil personas, entre
mexicanos y extranjeros.
Tomado de Enlineadirecta.info