El
vicepresidente, Alvaro García Linera, criticó con
dureza a los huelguistas, a los que acusó de chantaje,
y felicitó a los ciudadanos por haber acudido a sus puestos
de trabajo pese a las dificultades.
García
Linera consideró la reacción de la población
como "una victoria de un país que apuesta por el cambio",
al tiempo que reiteró la postura del Gobierno de rechazar
el reclamo de los chóferes.
"Los
impuestos no se negocian", advirtió el vicepresidente,
aunque aclaró que el Ejecutivo de La Paz está dispuesto
a "tratar otros temas en beneficio de la institución
y del sector", como la construcción y mejora de la
infraestructura vial.
El
Gobierno de Morales exige a los dueños de los autobuses
que emitan facturas y paguen los impuestos al valor agregado,
a las transacciones y a los beneficios, y de esta forma evitar
que continúen amparados en un régimen en el que
pagan ínfimas sumas, pese a tener inversiones notables.
Según
el Ministerio de Hacienda, 177 propietarios tienen registrados
oficialmente 248 autobuses y pagan entre todos la cantidad de
1.843 dólares anuales en el "régimen integrado".
Sin
embargo, las compañías de transporte operan en todo
el país con 1.167 flotas que, si ingresaran al "régimen
general", tributarían anualmente 2,3 millones de dólares.
Pese
a que los dirigentes de la Confederación de Transportistas
de Bolivia calificaron de exitoso el paro, la suspensión
del servicio de transporte de pasajeros no fue total y no impidió
que la ciudadanía desarrollara sus actividades cotidianas,
aunque con dificultades.
La
huelga tuvo mayor seguimiento en las ciudades de La Paz, El Alto,
Oruro, Cochabamba, Potosí, Sucre y Tarija, donde los chóferes
bloquearon con sus vehículos las avenidas y los puntos
de salida hacia las carreteras interprovinciales, además
de cerrar las terminales de autobuses.
En
estas poblaciones, los transportistas no afiliados a los sindicatos
dieron un servicio de emergencia que resultó insuficiente
para los ciudadanos.
Por
esta razón, se vieron imágenes poco comunes, con
miles de personas caminando por las calles y jóvenes que
aprovecharon la ocasión para jugar a fútbol sobre
el asfalto.
Los
que pudieron contratar automóviles para desplazarse corrieron
el riesgo de encontrarse con algún piquete de huelga que
les cerrase el paso.
En
esos casos, se produjeron algunas escenas denigrantes que caracterizan
estas medidas de fuerza en Bolivia, como cuando los huelguistas
obligan a bajar de sus automóviles a los conductores que
no acatan el paro y los azotan públicamente con palos y
"chicotes", unos látigos usados para arrear el
ganado en Los Andes.
El
máximo dirigente de los chóferes, José Luis
Cardozo, pidió al mandatario boliviano, formado en el sindicalismo,
"no olvidarse de que él ha asumido (la presidencia)
gracias a las fuerzas sociales".
Además,
advirtió de que la medida de fuerza puede repetirse en
los próximos días si las autoridades no los reciben
para atender sus reclamos.
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Cardozo
negó que hubiera pedido cargos en la Administración,
como han denunciado algunos funcionarios gubernamentales,
e insinuó que el mandatario pretende subir la recaudación
estatal para financiar la campaña oficialista a la
próxima Asamblea Constituyente, que se elegirá
en las urnas el próximo 2 de julio. |
Los
más afectados por la huelga fueron los ciudadanos que intentaron
realizar viajes interprovinciales, muchos de los cuales permanecen
en las terminales de autobuses a la espera de que se levante la
protesta.
Sin
embargo, los transportistas han anunciado que continuarán
el viernes la suspensión de esos desplazamientos. EFE