Lou
Dobbs, el hombre al que el periódico "The New York
Times" describió hace un par de semanas como "una
figura central" en el cada vez más fragmentado debate
migratorio, se ha convertido en la voz de los que ven en los inmigrantes
ilegales una amenaza para la seguridad del país y para
su propia seguridad laboral.
Su
jornada de trabajo incluye algunos días hasta tres comparecencias
televisadas en distintos programas además del suyo y retransmisiones
desde fuera del país, como la que realizó desde
México el mes pasado para cubrir el encuentro entre el
presidente mexicano, Vicente Fox, y su homólogo estadounidense,
George W. Bush.
Los
"extranjeros ilegales" y las "fronteras fuera de
control" son una materia recurrente en su espacio nocturno,
que atrajo en 2005 a una media diaria de 600.000 espectadores,
un 28 por ciento más que en 2003, cuando el programa salió
al aire, según la firma Nielsen Media Research.
Su
mensaje se ha mantenido sin grandes cambios desde 2003.
En
sus más de dos años al frente de "Lou Dobbs
Tonight", el periodista de 60 años ha insistido una
y otra vez en que la inmigración ilegal es un peligro para
la clase media estadounidense y en que es necesario mejorar los
controles fronterizos.
Algunos,
como Lupita Colmenero, presidenta de la Asociación Nacional
de Publicaciones Hispanas, otorgan a Dobbs parte de razón,
al señalar que "después de los atentados de
2001, EEUU no puede permitirse el lujo de tener las fronteras
abiertas".
Aun
así, Colmenero culpa al conocido presentador de alimentar
el rechazo hacia el inmigrante con un mensaje "muy radical",
en el que figuran afirmaciones como la de que los indocumentados
traen "la lepra" a EEUU.
La
opinión de Colmenero coincide con la de "Los Angeles
Times", que acusó este mes a la CNN de tratar un asunto
de relevancia nacional como la inmigración de forma totalmente
"irresponsable".
Pero
el radicalismo que le critican algunos ha servido bien a Dobbs,
que atrae a una audiencia cada vez mayor.
El
periodismo de opinión "a la Dobbs", que Michael
Kinsley, ex editor del periódico "Los Angeles Times"
describió en un artículo reciente como "el
ocaso de la objetividad", llama la atención en una
cadena como CNN, que afirma que su misión es ofrecer información
que no esté teñida con puntos de vista personales.
Jonathan
Klein, presidente de CNN en EEUU, asegura que el de Dobbs es un
caso aislado y mantiene que la cadena no aumentará los
espacios en los que se mezclan información y opinión.
Dobbs
reconoce que sus críticas a los indocumentados han causado
consternación incluso entre algunos periodistas de CNN,
pero dice no creer en que el periodismo objetivo facilite a la
gente un mejor acceso a la "verdad".
Recientemente,
a la pregunta de "The New York Times" sobre si él
sabe cuál es la verdad, Dobbs respondió: "Tengo
la convicción de que lo sé. Tengo las pruebas de
que lo sé".
La
verdad, según explicó a EFE Dobbs, pasa por terminar
con la inmigración ilegal.
Dobbs tiene fuera de cámara un tono tranquilo, bien alejado
del que exhibe cada noche en la pequeña pantalla y que,
según algunos, es el que le ha valido para convertirse
en un formador de opinión en asuntos claves como la inmigración.
"Tiene
mucha audiencia y no está loco", dijo el senador Trent
Lott, republicano de Misisipi, considerado muy conservador y quien,
al igual que muchos de los espectadores de Dobbs, ven en el presentador
a una persona "muy reflexiva y alguien que tiene una opinión
muy fuerte" sobre la migración.
Reflexivo
o no, Dobbs ha sabido como nadie explotar a su favor una de las
materias más controvertidas en EEUU, así como el
creciente sentimiento nacionalista y proteccionista. EFE