El
líder de coalición de centroizquierda, "la
Unión", Romano Prodi, ha puesto como condición
previa a cualquier cosa que el primer ministro admita "sin
dudas" su victoria en los comicios del pasado domingo y lunes.
Las
elecciones han dado el resultado de una país dividido,
pues ambas coaliciones quedaron muy empatadas, con "dos visiones
de Italia y de su futuro", lo que se traduce en "una
sustancial dificultad de gobernar el país de manera positiva
y productiva", según Berlusconi.
Aunque,
opina que "sería mejor" un gobierno y una mayoría
"sólidos", el primer ministro asegura que con
la victoria de la Unión, por una décima en el Congreso
y dos escaño en el senado, en realidad son "frágiles
e inciertos, tanto numérica como políticamente".
Por
ello, sería necesario "razonar juntos sobre soluciones
nuevas, dadas las nuevas circunstancia, para el gobierno de las
instituciones del país", escribe el aún primer
ministro.
"Un
acuerdo parcial, limitado en el tiempo para hacer frente a las
inmediatas citas institucionales, económicas e internacionales
del país, no pude ser excluido por principio", señala
Berlusconi, en referencia, por ejemplo, a la elección el
mes que viene, del próximo presidente de la República.
Si
la propuesta de Berlusconi no fuera acogida y "prevaleciese
un línea extremista", el primer ministro asegura que
su partido, "Forza Italia y sus aliados realizarán
una coherente y rigurosa batalla en defensa de los valores e intereses
que le han sido confiados por el 50 por ciento de los italianos".
El
secretario de Democráticos de Izquierda (el corazón
de la Unión), Piero Fassino, señaló hoy en
una entrevista con "la Repubblica", que se puede realizar
un debate sobre algunos temas y ver "si se pueden determinar
soluciones programáticas compartidas".
Pero,
de hacerse, sería "sin ninguna confusión sobre
quien gobierna: el centroizquierda, y quien está en la
oposición: el centroderecha", así como Berlsuconi
debe reconocer la victoria de la Unión y que no ha habido
"fraudes" en los comicios.
Al
día siguiente de las elecciones, Berlusconi propuso un
gobierno de coalición entre derecha e izquierda, rechazado
por Prodi, quien ayer señaló que es necesario "unir
Italia" y hay que hacerlo "con el diálogo, confrontándonos
con todos los que representan al país".
El
acuerdo propuesto por el primer ministro ha sido acogido con división
entre sus aliados de gobierno, reunidos en "la Casa de las
Libertades", que ya esta semana tomaron distancias de sus
denuncias de fraude.
Desde
la derechista Alianza Nacional, el ministro de Comunicaciones,
Maurizio Gasparri, consideró que si bien es "deseable
un amplio acuerdo" para la sucesión de Ciampi, no
cree "hoy a la posibilidad de amplios acuerdos, aunque sean
limitados en el tiempo".
Por
parte de la federalista Liga Norte, el ministro de Justicia, Roberto
Castelli, fue más duro al calificar de "desconcertante"
la iniciativa de Berlusconi y estimó que su partido defiende
la línea de que quien gana tiene derecho a gobernar.
Además,
criticó que Berlusconi no haya consultado a sus aliados
con lo que "destruirá" la Casa de la Libertad,
aunque el portavoz de Berlusconi, Paolo Bonaitu, aseguró
que el primer ministro sí se había puesto en contacto
con el líder de la Liga, Umberto Bossi. EFE