Esos
seres se preocupan por el "tener a toda costa, por el prestigio
falso", subrayó Rodríguez durante el Vía
Crucis del Viernes Santo en Tegucigalpa, en el que participaron
miles de católicos.
Rodríguez
abogó porque quienes gobiernan e imparten justicia no actúen
por intereses políticos y económicos para favorecer
a los poderosos, en perjuicio de los más débiles,
sino por el bienestar del pueblo hondureño que sufre entre
la pobreza y la injusticia.
Agregó
que el pecado hace caer al ser humano y le "oprime y endurece
el corazón".
El
pecado, recalcó, "nos vuelve pesimistas y duros, sentimos
hastío de la existencia, pero Dios no nos abandona, somos
nosotros quienes le hemos dado la espalda, como consecuencia,
vemos a diario noticias de asesinatos, robos, violaciones y suicidios".
"Para
que nuestro corazón de piedra se transforme en un corazón
de carne, tenemos que volver a Dios con sinceridad, y confiar
en su infinita misericordia, Dios es un padre bueno que espera
siempre el regreso de sus hijos", acotó.
El
prelado también dijo que en el mundo hace falta solidaridad
con los que sufren, y que hay quienes imponen a los demás
su codicia, su soberbia y su egoísmo.
El
sufrimiento de Jesús antes de morir, añadió,
"debe animarnos a levantarnos de todas la caídas,
a luchar para que todos tengamos vida en abundancia, sin rencores,
sin divisiones".
"Estamos
expuestos a caer una o dos veces, el asunto es no dejarnos derrotar
por el desánimo, la cobardía, el engaño,
la desilusión las amenazas, la pobreza, las injusticias
de cada día, la enfermedad. Nada puede apartarnos del amor
de Dios", subrayó.
El
Vía Crucis se celebró en lo que se conoce como el
casco histórico de Tegucigalpa, bajo un cielo despejado
y un clima agradable que hizo más placentera la participación
de feligreses católicos.
Rodríguez
insistió en que se debe luchar para acabar con tantas injusticias;
pasar del lamento a la compasión, de la compasión
a la solidaridad y del remordimiento a la construcción
de un mundo de hermandad en el que haya una verdadera justicia,
armonía, respeto y dignidad.
Reiteró
que se debe trabajar por los que más sufren en Honduras,
para cambiar la situación de dolor e injusticia.
En
sus oraciones, el cardenal también le pidió a Dios
que le dé a los mandatarios hondureños "sabiduría
para que trabajando con firmeza, no busquen su propio bienestar,
sino que se esfuercen en buscar solución a los problemas
que enfrentamos".
Además,
abogó por los inmigrantes que sufren en su intento por
llegar a EEUU, por los desaparecidos, por los que fallecen en
las cárceles, por todos los delincuentes y secuestradores,
por los pandilleros y por los que pertenecen al crimen organizado,
a quienes les pidió que no sigan cometiendo atrocidades.
EFE