Por un lado, los partidarios de la inmigración acentúan
que son imprescindibles para el buen funcionamiento de la maquinaria
económica.
"La
economía de EEUU depende en gran medida de la mano de obra
inmigrante", dijo Paul Schlegel, director de política
pública de la American Farm Bureau Federation, una asociación
agrícola.
Esa
organización calcula que una reforma migratoria que sólo
incluya medidas de mano dura contra los inmigrantes, como la aprobada
en diciembre por la Cámara de Representantes de EEUU, haría
perder a su sector 9.000 millones de dólares al año.
Además
de la agricultura, un boicot que lograse un total "día
sin inmigrantes" prácticamente paralizaría
la construcción, la limpieza y la hostelería en
EEUU.
Por
otro lado, los que quieren restringir la inmigración y
se oponen a la legalización de los entre 11 y 12 millones
de trabajadores indocumentados, destacan el costo que ellos suponen
para el erario público.
Según
el Centro de Estudios Migratorios, los inmigrantes clandestinos
provocan un gasto anual para el Gobierno federal de 10.500 millones
de dólares al año, en concepto de servicios de salud,
principalmente.
Esa
cifra es mayor en el caso de los estados y municipios, según
John Wahala, uno de los investigadores del Centro, que dijo, sin
embargo, que no se conoce su monto total.
No hay una estimativa del impacto total de los inmigrantes para
la economía, dado que es un fenómeno con muchos
efectos contrapuestos.
Sin
embargo, la opinión general de los economistas independientes
es que EEUU se beneficia por la entrada de los inmigrantes, principalmente
latinoamericanos, tanto de los que vienen legalmente, como de
los que cruzan el Río Bravo o los desiertos de Arizona.
Harry
Holzer, profesor de la Universidad de Georgetown, destacó
que los inmigrantes ofrecen una mano de obra barata que reduce
el precio de los alimentos, la ropa y la vivienda en EEUU, lo
que beneficia a los consumidores, especialmente a los más
pobres, que dedican un porcentaje mayor de su renta a estos fines.
También
disminuyen el costo médico, que se ha disparado en los
últimos años de EEUU, pues los hospitales del país
están llenos de enfermeras y médicos extranjeros.
Los inmigrantes también trabajan en el cuidado de los ancianos,
otro segmento laboral que necesita empleados.
Holzer
mantiene que la carga en gastos públicos de salud que ellos
suponen es baja en el país como un todo, pero reconoce
que "no es insignificante en ciertos estados en la frontera",
donde la proporción de inmigrantes es mayor.
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Aún
así, cree que a largo plazo su impacto es positivo
para las arcas gubernamentales, porque los inmigrantes,
cuya edad media es menor que la población en general
de EEUU, contribuyen durante más años al sistema
de pensiones y a los programas públicos de salud
para los ancianos y los pobres. |
Una
alegación frecuente de los conservadores es que los inmigrantes
causan una caída de los salarios en EEUU y les quitan puestos
de trabajo a los estadounidenses.
No
obstante, este efecto parece ser pequeño. En el extremo
alto del cálculo, George Borjas y Lawrence Katz, dos economistas
de la Universidad de Harvard, estiman que desde 1980 al año
2000 la inmigración ha reducido los ingresos de los trabajadores
nacidos en EEUU en entre un 3 y un 4 por ciento.
David
Card, de la Universidad de California, mantiene que no hay pruebas
ni siquiera para aventurar esos números, de por sí
bajos.
A
juicio de Holzer, una restricción total a la entrada de
inmigrantes no llevaría necesariamente a una subida de
los salarios en los sectores de hostelería, agricultura
y manufacturas como la textil, donde existe un gran porcentaje
de mano de obra extranjera.
Según
este experto, la reacción de los agricultores sería
comprar más maquinaria, por ejemplo, y se abrirían
menos restaurantes, pues ya no serían tan rentables.
Además, ¿quién iba a preparar los tacos?
EFE