Histórico, ex comunistas alcanzan la Presidencia en Italia
   
10 de mayo de 2006

Roma - Por primera vez en la historia de Italia un dirigente directo del viejo partido comunista PCI alcanzó hoy la Presidencia de la República, el senador vitalicio Giorgio Napolitano, de 81 años, que se convierte en el undécimo Jefe del Estado y sucesor de Carlo Azeglio Ciampi.

Napolitano fue elegido en la cuarta votación, con los únicos sufragios de la coalición de centro izquierda "La Unión", a los que se unieron tres más, pero que fueron más que suficientes para lograr la mayoría simple necesaria y llevarle al más alto cargo de la nación.

Giorgio Napolitano.


Hasta el último momento "La Unión", que lidera Romano Prodi, intentó que los conservadores de Silvio Berlusconi unieran sus votos para lograr que Napolitano obtuviese un gran consenso, como el que tiene Ciampi.

Al negar su apoyo, los conservadores alegaron que ellos presentaron un "abanico" de candidatos "de consenso" que fueron rechazados por La Unión, que sólo ha pretendido "imponer" al suyo y ocupar así todos los altos cargo de la nación (el centro izquierda tiene también la presidencia de la Cámara de Diputados y la del Senado).

El "no" a Napolitano ha abierto, sin embargo, una crisis en la coalición berlusconiana, ya que el aliado democristiano UDC no compartió la consigna y algunos de sus parlamentarios anunciaron que votarían hoy al ex comunista.

La Liga Norte, que advirtió que un eventual voto a Napolitano supone la ruptura de la coalición, votó, además, por su presidente, Umberto Bossi.

Ello es una prueba más de la división que reina en los conservadores, que a duras penas aceptan haber perdido el Gobierno y se ven ahora sin fuerza para colocar a un político afín en el Quirinal, sede de la Presidencia de la República.

En ese ambiente, Napolitano logró 543 votos (La Unión contaba con 540 electores), mientras que los votos en blanco, pedidos por los conservadores, sólo fueron 347.

Los votos en blanco evidenciaron que el centro derecha, que contaba con 460 electores, no fue capaz de mantener la unidad.

La elección fue acogida con un aplauso que se prolongó casi dos minutos, mientras desde algunos escaños del centro derecha se escucharon pitidos.

Romano Prodi aseguró que Napolitano será el presidente de todos los italianos, mientras Berlusconi abogó para que desarrolle un estricto papel "constitucional", sea imparcial y no beneficie a la izquierda.

Los representantes de la Liga Norte aseguraron que no reconocen a Napolitano como presidente.

Para acelerar la transmisión del mando presidencial Ciampi, cuyo mandato de siete años concluye oficialmente el día 18, ya ha anunciado que dimitirá el lunes próximo, tres días antes.

Según un comunicado de la Cámara de Diputados, el juramento de Napolitano tendrá lugar el mismo lunes a las 17.00 hora local (16.00 GMT).

Hay prisa y sobre todo la tiene Prodi, que espera que el nuevo presidente le encargue formar gobierno la próxima semana y tenerlo listo antes del 20-21 de mayo.

Mientras tanto, hoy se repitió el ritual de la elección presidencial: Napolitano esperó en su despacho del Senado los resultados y después se desplazaron hasta el mismo los presidentes de la Cámara y del Senado, Fausto Bertinotti y Franco Marini para informarle que había sido elegido.

La negativa de los conservadores a apoyar a Napolitano ha sido considerada como un "error" tanto por la izquierda como por la prensa, que ven en la misma la intención de Berlusconi de mantener un enfrentamiento total y permanente con La Unión, ya que él se considera el vencedor "moral" de las elecciones de abril (perdió por menos de 25.000 votos).

Pero también demuestra que en el centro derecha se han impuesto los "halcones", representados por la derechista Liga Norte, según los observadores.

Luca Ricolfi señaló hoy en el diario La Stampa que La Unión no tenía interés en un segundo mandato de Ciampi, como deseaban los berlusconianos, porque tras entregar el Senado a los democristianos y la Cámara a los comunistas ortodoxos, Prodi tenía que ofrecer por fuerza otra poltrona a los Democráticos de Izquierda (DS), el grupo más importante.

La única que quedaba libre era la jefatura del Estado. De ahí, dice el comentarista, que se mantuviera firme en que fuera un DS, como lo es Napolitano, el candidato.
La Unión pensó en un principio en Massimo D'Alema, presidente de los DS, pero tuvo que renunciar porque no toda la coalición estaba dispuesta a votarle y mucho menos los conservadores, que le veían "demasiado político". El anciano Napolitano si reúne los requisitos. EFE

 
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