Hasta
el último momento "La Unión", que lidera
Romano Prodi, intentó que los conservadores de Silvio Berlusconi
unieran sus votos para lograr que Napolitano obtuviese un gran
consenso, como el que tiene Ciampi.
Al
negar su apoyo, los conservadores alegaron que ellos presentaron
un "abanico" de candidatos "de consenso" que
fueron rechazados por La Unión, que sólo ha pretendido
"imponer" al suyo y ocupar así todos los altos
cargo de la nación (el centro izquierda tiene también
la presidencia de la Cámara de Diputados y la del Senado).
El
"no" a Napolitano ha abierto, sin embargo, una crisis
en la coalición berlusconiana, ya que el aliado democristiano
UDC no compartió la consigna y algunos de sus parlamentarios
anunciaron que votarían hoy al ex comunista.
La
Liga Norte, que advirtió que un eventual voto a Napolitano
supone la ruptura de la coalición, votó, además,
por su presidente, Umberto Bossi.
Ello
es una prueba más de la división que reina en los
conservadores, que a duras penas aceptan haber perdido el Gobierno
y se ven ahora sin fuerza para colocar a un político afín
en el Quirinal, sede de la Presidencia de la República.
En
ese ambiente, Napolitano logró 543 votos (La Unión
contaba con 540 electores), mientras que los votos en blanco,
pedidos por los conservadores, sólo fueron 347.
Los
votos en blanco evidenciaron que el centro derecha, que contaba
con 460 electores, no fue capaz de mantener la unidad.
La
elección fue acogida con un aplauso que se prolongó
casi dos minutos, mientras desde algunos escaños del centro
derecha se escucharon pitidos.
Romano
Prodi aseguró que Napolitano será el presidente
de todos los italianos, mientras Berlusconi abogó para
que desarrolle un estricto papel "constitucional", sea
imparcial y no beneficie a la izquierda.
Los
representantes de la Liga Norte aseguraron que no reconocen a
Napolitano como presidente.
Para
acelerar la transmisión del mando presidencial Ciampi,
cuyo mandato de siete años concluye oficialmente el día
18, ya ha anunciado que dimitirá el lunes próximo,
tres días antes.
Según
un comunicado de la Cámara de Diputados, el juramento de
Napolitano tendrá lugar el mismo lunes a las 17.00 hora
local (16.00 GMT).
Hay
prisa y sobre todo la tiene Prodi, que espera que el nuevo presidente
le encargue formar gobierno la próxima semana y tenerlo
listo antes del 20-21 de mayo.
Mientras
tanto, hoy se repitió el ritual de la elección presidencial:
Napolitano esperó en su despacho del Senado los resultados
y después se desplazaron hasta el mismo los presidentes
de la Cámara y del Senado, Fausto Bertinotti y Franco Marini
para informarle que había sido elegido.
La
negativa de los conservadores a apoyar a Napolitano ha sido considerada
como un "error" tanto por la izquierda como por la prensa,
que ven en la misma la intención de Berlusconi de mantener
un enfrentamiento total y permanente con La Unión, ya que
él se considera el vencedor "moral" de las elecciones
de abril (perdió por menos de 25.000 votos).
Pero
también demuestra que en el centro derecha se han impuesto
los "halcones", representados por la derechista Liga
Norte, según los observadores.
Luca
Ricolfi señaló hoy en el diario La Stampa que La
Unión no tenía interés en un segundo mandato
de Ciampi, como deseaban los berlusconianos, porque tras entregar
el Senado a los democristianos y la Cámara a los comunistas
ortodoxos, Prodi tenía que ofrecer por fuerza otra poltrona
a los Democráticos de Izquierda (DS), el grupo más
importante.
La
única que quedaba libre era la jefatura del Estado. De
ahí, dice el comentarista, que se mantuviera firme en que
fuera un DS, como lo es Napolitano, el candidato.
La Unión pensó en un principio en Massimo D'Alema,
presidente de los DS, pero tuvo que renunciar porque no toda la
coalición estaba dispuesta a votarle y mucho menos los
conservadores, que le veían "demasiado político".
El anciano Napolitano si reúne los requisitos. EFE