Más de 50 muertos arroja la violencia en Sao Paulo

   
15 de mayo de 2006

Sao Paulo - Al menos 52 muertos, 50 heridos y 59 motines en cárceles ha provocado este fin de semana la más cruenta ofensiva criminal en el estado de Sao Paulo, informaron las autoridades, que también hoy son blanco de las críticas de expertos en seguridad y entidades sociales.


Más de un centenar de ataques a puestos, agentes y patrullas de la policía en diferentes partes de la capital y rebeliones de presos con centenares de rehenes en diversos municipios del estado más rico y poblado de Brasil arroja la ola de violencia, que estalló la noche del viernes y continuó el domingo.

La Secretaría de Seguridad Pública de Sao Paulo informó de que en entre los 52 muertos hay 35 agentes del orden, entre policías militares, civiles, agentes de la Guardia Civil Metropolitana y carcelarios, así como tres civiles y catorce presuntos pistoleros.

Entre los heridos hay 24 miembros de la Policía Militar, cinco de la Policía Civil, cinco de la Guardia Metropolitana, dos carceleros, ocho civiles y seis sospechosos de participar en los atentados.

De forma simultánea estallaron 59 rebeliones en cárceles de Sao Paulo, que acoge al 40 por ciento de los 140.000 presos brasileños.

Varios motines fueron sofocados en las últimas horas, pero se teme que al menos 273 personas permanezcan aún en poder de quienes mantienen la insubordinación.

En la cárcel de Ribeirao Preto, a 310 kilómetros de la capital, el levantamiento terminó con tres reclusos muertos. Ocho más perecieron y quince resultaron heridos en la de Sao Sebastián, en el litoral norte.

En la noche de hoy al menos tres autobuses fueron incendiados por desconocidos en diversos puntos de la ciudad.

La Secretaría de Seguridad Pública aseguró que los ataques de la mafia constituyen una represalia contra las autoridades por cambiar de prisiones a capos del "Primeiro Comando da Capital" (PCC).

El PCC, promotor de las principales insurrecciones en cárceles paulistas, coordinó 29 simultáneas el 18 de febrero de 2001, que dejaron treinta muertos, la mayoría miembros de bandas rivales.

El jueves fueron transferidos 765 reclusos de presidios del interior del estado a dos cárceles de máxima seguridad, una en Presidente Venceslau, a 620 kilómetros al oeste de Sao Paulo, y la otra en la zona norte de la capital.

La ola de violencia, que no cesa, y las confusas explicaciones oficiales provocaron hoy indignación entre expertos y líderes de entidades sociales y eclesiásticas, partidarios de penas más duras e instrumentos para entrenar y reforzar las fuerzas de seguridad.

El gobernador estatal, Cláudio Lembo, que hoy rechazó la oferta de ayuda del Ministerio de Justicia y dijo tener "la situación bajo control", manifestó el sábado que su despacho había calculado los riesgos derivados del traslado de los capos presos.

El comandante de la Policía Militar, coronel Elizeu Eclair Teixeira Borges, aseguró que sus hombres estaban en estado de alerta y que gracias a esta actitud "el número de muertes fue mucho menor".

Hoy el ex secretario nacional de Seguridad Pública del Ministerio de Justicia, José Vicente da Silva, afirmó que Sao Paulo carece de un servicio de inteligencia "inteligente".

"El servicio de inteligencia para ser inteligente debe anticipar estas cosas con un plazo razonable, para que sean tomadas las medidas necesarias, y eso no ha ocurrido", sostuvo.

Añadió que hay "excesiva libertad" en las prisiones brasileñas, amparada por beneficios como diálogos no vigilados de reclusos de alta peligrosidad con sus abogados, y hasta por las visitas íntimas.

El Episcopado brasileño expresó hoy su "vehemente repudio" por lo que consideró "brutales y terroríficos actos de violencia planeados y practicados por el crimen organizado".

A su turno el director de la Asociación de los Oficiales de la Policía Militar, mayor Sergio Olímpio Gomes, sostuvo que "los presos en Brasil mandan dentro y fuera de las penitenciarías".

El presidente de la Asociación de los Cabos y Soldados de la Policía Militar, Wilson Moraes, expresó que la Policía afronta en la actualidad tres problemas: "mal pagados, mal armados y mal equipados".

Puntualizó que los secretarios de Seguridad y de la Administración Penitenciaria, irónicamente, "no entienden nada de seguridad" y por ello no infunden respeto entre sus subordinados. EFE

 
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