“Para
cualquier admirador de Borges, vagar sobre Buenos Aires es chocar
con los productos de su imaginación”, escribe el
autor del artículo, Larry Rohter.
Jorge
Luis Borges murió en Ginebra el 14 de junio de 1986 y al
[as] acercarse la fecha del vigésimo aniversario de su
muerte, la prensa comienza a reflotar su imagen y su imaginación:
"El
taxi avanza por la Avenida Garay. Y vino una parada en un par
de bloques cerca de la plaza Constitución. La esquina me
parecía familiar, aunque sabía que nunca había
estado allí. Cuando leí el nombre de la Calle Tacuarí,
vino a mí su historia ‘El Aleph.’ Jorge Luis
Borges había elegido un sótano en uno de los edificios
anónimos en esta calle anónima como la localización
del "punto místico en el espacio que contiene el resto
de los puntos" en el universo".
Los
fantasmas
Para
Borges, Buenos Aires incubó el hábitat de sus fantasmas
literarios. “En mis sueños nunca salgo de Buenos
Aires” expresa Borges en uno de sus poemas que llevan el
nombre de la capital porteña.
"Su
lugar de nacimiento lo sedujo, y él amó especialmente
caminar sus calles sin objetivo, pero él también
se quejó de que no tenía "ningún fantasma"
y decidió que era su tarea, de poblarlo con los suyos".
Y
sigue el paseo en la más aguda de las imaginaciones:
"La
granja de Palermo de la familia de Borges todavía existe,
en Serrano 2135, pero no está abierta al público
y allí no hay nada marcado sobre el paso de Borges, excepto
una placa pequeña".
El
autor del artículo, Larry Rohter, recorre cada rincón
del Buenos Aires de Borges y logra a través de sus palabras
hacer sentir al lector el clima que le inspiró, ni siquiera
los olores escapan al recorrido por el pasado de un escritor universal:
"Pero
quizás el recordatorio más vivo de Borges no es
justo un personaje literario sino un habitante verdadero de carne
y hueso: Está en Paraguay 521, un estudio de fotógrafos
donde los residentes todavía van a hacer sus retratos para
pasaportes y documentos de identidad. Mire cuidadosamente la colección
de algunas fotografías, unas tres docenas en la ventana
delantera, y, el cuarto de la derecha en la fila superior, apareció
ante mis ojos Borges…".
Tomado de periodistadigital.com